Santiago de Cuba: ¿fuegos artificiales?

Por Carlos Melián Moreno  (Progreso Semanal)

El centro histórico de Santiago de Cuba
El centro histórico de Santiago de Cuba

HAVANA TIMES – La guerrilla teatral Golem ha mantenido en cartelera durante meses En menudos pedazos, una obra de teatro costumbrista que retrata no solo a la familia santiaguera, sino, digamos, que la cara más típicamente contradictoria de la familia cubana actual: un padre que come y desayuna Revolución, pero que no revoluciona, que no propicia avance, y esto, en consecuencia, asfixia a quienes viven bajo su techo.

Entran los actores -la madre, con un delantal que representa a la estrella solitaria-, dicen sus textos, pero tanto en la forma como en el contenido, la obra deja la falsa impresión de que ha envejecido, de que algo en Cuba pasó página a eso que representa.

El choque generacional continúa; el de la fe y la razón atea continúa; el de unas expectativas que fracasan contra la pared de la realidad y su consecuencia, la emigración, continúa. Pero habrá que preguntarse si con solo plantearlo, sin ir más allá, la puesta en escena porta en sí el germen que superará eso que señala. Esta reclama un cambio y evolución en el imaginario local que abra y rompa la inercia, pero el sedimento de lo que nos ofrece, la poca elaboración del producto, revelan lo contrario. Acaso el emprendimiento cualitativo que le falta subraya una verdad más profunda. Esta verdad refiere a si en Santiago está inoculado el germen del progreso, o si lo que vemos son solo fuegos artificiales.

Santiago de Cuba luego del paso del huracán Sandy.
Santiago de Cuba luego del paso del huracán Sandy.

El santiaguero común, el que hace colas, el que sube y baja lomas, el que apenas puede pagar el transporte urbano por los altos precios que impone el sector privado, posa sus esperanzas en la cortina de confianza que dejan tanto la aun inacabada normalización de relaciones Cuba-Estados Unidos, como las obras por el 500 aniversario. Pero, ¿qué pasará después de la fiesta?, ¿qué pasará cuando acabe el mandato de Obama y de Lázaro Expósito -Primer Secretario del PCC en la provincia-, un político de discursos cortos y trabajador como pocos?

La actual renovación que ostenta la ciudad comenzó antes del motivo “500 aniversario”, e incluso antes del paso del huracán Sandy, con la entrada como primer secretario del PCC Lázaro Expósito Canto. Este concluyó la millonaria inversión de Aguas Santiago y ensayó con éxito una fórmula similar a la que implementara en la vecina Granma: priorizar el sector de los servicios, principalmente el gastronómico, la imagen y saneamiento general de la provincia.

Una ola de entusiasmo comenzó a circular en las calles y el video viral titulado “Santiago al garete” donde un panadero era sorprendido durmiendo sobre su puesto de trabajo –que circuló por toda la Isla– pareció reforzar más la imagen de un dirigente que se levantaba de madrugada a ver cómo marchaba todo en la ciudad. Esa confianza, sedimentada tanto a nivel central como en las calles, ayudó a enfrentar la catástrofe del meteoro.

Santiago de Cuba.
Santiago de Cuba.

La renovada red de servicios gastronómicos y los mercados ideales, que crearon miles de plazas laborales, se mantienen con relativa estabilidad e incluso crecen, como si “la escobita” –todo un milagro– se hubiese mantenido nueva, o casi nueva, todo el tiempo. Se concluyó casi toda la millonaria renovación general de la red de abasto de agua potable. La relativa abundancia de agua que primó, trajo bienestar a las familias que ahora podrían lavar la ropa, asearse y tomar duchas sin la angustia de un beduino. La sequía vino luego, puso un punto y aparte, pues sin agua no hay tuberías que valgan.

No menos considerable es el histórico plan de edificación de viviendas que se ejecuta luego del paso de Sandy y que posiblemente llegue a las 5 mil en dos años. Estas se han levantado en los barrios más humildes, para las personas más humildes, y son íconos insoslayables de progreso social.

Pero en general, aparte de estas obras sociales, no han aparecido inversiones que posibiliten un  crecimiento económico sostenible para el futuro, salvo el anuncio de que próximamente el puerto Guillermón Moncada será redimensionado por una inversión de capital o crédito chino, permitiendo el ingreso de buques de calado superior.

Un destacado economista local nos comentó que esto puede significar, en principio, el desarrollo de la cadena puerto-transporte, además de otras inversiones industriales atraídas por la posibilidad de dar salida a los productos. En cuanto a si este sería un proyecto similar al de la zona de desarrollo del Mariel, dijo no tener información. Para él la inversión de capital estatal o foráneo no debería ser vista como la panacea del progreso, sino que este debe descansar en la creatividad, la eficiencia, y el despliegue del sector no estatal, que como sabemos, alcanza solo al sector terciario.

El salario medio mensual de la provincia -548 pesos- sigue siendo, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en su cierre del 2014, uno de los más bajos de todo el país, solo superado por Guantánamo. Y esta cifra resulta de otros indicadores, como el bajo valor agregado que genera el territorio, el coeficiente de interés económico, la poca fertilidad y explotación de los suelos, entre otros. Al preguntarle si el nuevo puerto traería un plan de desarrollo a largo plazo para la provincia, tanto el destacado economista como otros colegas suyos encuestados, refieren de forma vaga que sí, probablemente, y cita a Raúl Castro: “es que no todo debe decirse”.

Pero esta confianza no salpica a todos. Según otro economista, que recién concluyó un doctorado sobre desarrollo local, en las universidades se percibe una fuga de profesionales preparados hacia el extranjero y en menor medida hacia hoteles, cafeterías y otras ocupaciones que generan ingresos superiores. Nada que un cubano no sepa. “Hay confianza en el futuro, y eso es bueno”, dice otro estudioso del tema, “que se corresponda con la realidad, que tenga un basamento económico, eso es otra cosa”.

A grandes rasgos, el interés que el Estado presta hoy a Santiago de Cuba puede obedecer a una estrategia de restaurar determinados centros regionales para un desarrollo posible a largo plazo. El capital simbólico que acumula esta provincia, calificada como “la cuna de la Revolución”, no debe perderse de vista. Santiago podría expresar el equilibrio de la balanza, la señal de lo que se pretende que sea la nación, un país integrado al mundo pero soberano, que emprende pero no entierra o disuelve su memoria, su tradición, sus objetivos inacabados o más o menos logrados.

La ciudad que llega a su aniversario 500 tiene obras de infraestructura que superan lo que fue hace 50, 30 ó 20 años, pero no es suficiente. No crece al ritmo de esas expectativas que generan la cultura, la tecnología, y la imagen de desarrollo que proyectan los países más avanzados.

Parque Céspedes, Santiago de Cuba.
Parque Céspedes, Santiago de Cuba.

Las relaciones normales con los Estados Unidos –que en definitiva ha hecho todo lo posible por boicotear con sistematicidad el desarrollo de la Isla–, podrían significar en la Ciudad Héroe la activación de su patrimonio cultural como recurso, tanto musical como histórico, tanto como cuna del son como de resistencia y lucha nacional. Dos rubros que Cuba proyecta de solo mentarse. Pero mucho más significativo: podría propiciar la permanencia de profesionales emprendedores.

El no levantamiento del bloqueo podría significar echar mano nuevamente a esa tradición de resistencia de la cual se alimenta cualquier espacio humano de profunda raíz nacional, que se ama, se odia, se chotea, pero que en última instancia cuida lo poco que tiene.

Aceptando como posible el tour de force de un posible desarrollo sin créditos, sin inversiones significativas a la altura de la zona de desarrollo Mariel, la provincia, la ciudad y su gente, deberá buscar entre lo que tiene, entre lo poco o lo mucho que le ha sido legado, para generar fuegos que no sean precisamente de artificio, sino de real prosperidad. No confundir los fuegos fatuos, con el fuego de la esperanza.



Un comentario sobre “Santiago de Cuba: ¿fuegos artificiales?

  • El santiaguero de a pie no puede pagar el transporte privado, no por los altos precios, sino por el bajo salario, como bien se refleja más abajo, siempre tratando de culpar a los privados de las miserias de los de a pie, si hubiera un sistema de transporte público eficiente, seguro que no pasaban tanto trabajo y el que tuviera dinero y no quiere ir amontonado pues se viaja con los privados.

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