Sálvese quien pueda, los apagones crecen en Cuba

y el mercado de generadores eléctricos también

Desde el pasado 15 de agosto los cubanos pueden importar sin fines comerciales hasta dos plantas eléctricas. (CMKX Radio Bayamo/Facebook)

“El problema es que ahora también se ha vuelto un problema conseguir el combustible así que comprando el aparato no se acaban los problemas”

Por 14ymedio

HAVANA TIMES – “Insonora y eficiente”, asegura el texto que acompaña a la foto de una planta de generación eléctrica que, por unos 4.000 dólares, promete exorcizar al demonio de los apagones. El símbolo de estatus más preciado en la Isla es un dispositivo que mantenga los electrodomésticos funcionando cuando cortan el suministro. Solo superado por un boleto de avión para emigrar.

El déficit energético, debido al mal estado de las termoeléctricas y la falta de combustible, ha sumido en la penumbra a los cubanos. En amplias zonas del país la electricidad solo aparece en escasos momentos que, sumados, no superan las diez horas diarias de servicio. Cocinar, refrescarse o poder beber un vaso de agua fría dependen de echar a funcionar dispositivos que invariablemente necesitan energía.

Desde el pasado 15 de agosto y con la entrada en vigor de nuevas flexibilizaciones aduanales, los cubanos pueden importar sin fines comerciales hasta dos plantas eléctricas con una potencia máxima de 15.000 watts. El pago de arancel puede variar según la capacidad del dispositivo y de si el viajero trae otras mercancías que también están gravadas, pero ha bastado esa pequeña rendija para disparar el mercado de los generadores.

Ibrahim lleva seis años viajando a Panamá para importar electrodomésticos. “La pandemia por poco me saca del negocio porque me pasé un buen tiempo sin poder salir, pero estoy de vuelta a la pista”, comenta a 14ymedio. “Lo más rentable ahora mismo es traer plantas eléctricas porque la gente está desesperada y las paga bien. Si no tienes una planta no tienes calidad de vida”.

Quienes no cuentan con los recursos para comprar una, apelan al ingenio: aspas de un ventilador que se mueven impulsadas por el pedaleo de una bicicleta, camas improvisadas en el portal o la terraza de la casa para aprovechar hasta la brisa más pequeña en las madrugadas y el tradicional abanico que sirve para refrescar la piel y espantar los mosquitos son algunos de estos paliativos, pero apenas calman un poco las molestias.

Residente en la barriada habanera de Nuevo Vedado, la clientela de Ibrahim son personas de medianos ingresos, muchas veces con familia en el extranjero que les puede ayudar en sus gastos y que no quiere pasar el apagón sin poder encender al menos un ventilador, una olla arrocera o un televisor. “Todavía no he salido de Cuba y ya tengo seis encargos de plantas eléctricas”.

“Las de más demanda ahora mismo son las que usan tanto gasolina como propano, porque no se puede garantizar que se siempre se pueda comprar una de las dos. También las de diésel tienen su mercado”, explica a este diario. “El problema es que ahora también se ha vuelto un problema conseguir el combustible así que comprando el aparato no se acaban los problemas”, reconoce.

Entre los clientes de Ibrahim hay familias que buscan aliviar la vida doméstica durante los cortes eléctricos pero también algunos emprendedores. “Tengo gente que no se puede permitir que se le vaya la corriente porque se le echa a perder mercancía valiosa o pierden mucho dinero porque no pueden trabajar”. Como ejemplo, pone a “unos comerciantes informales de camarones y langostas”, además de un negocio de bebidas a domicilio que vende sus productos online y los promete “siempre fríos”.

La tabla de precios es variable, pero Ibrahim la resume: “por cada watt que genere me pagas un dólar. Pero si es una planta poderosa de más de 4.500 podemos arreglarnos y hay rebajas que abaratan el watt. Si, además, el cliente quiere que se la lleve a domicilio también se hace un arreglo”.

Pero no todo es cuestión de dinero a la hora de adquirir uno de estos equipos que salvan de la oscuridad y el calor. “Mi hermano lleva tiempo insistiendo en que compre una pero yo vivo en una calle que todo el mundo es muy chismoso”, lamenta Juan Carlos, residente en la ciudad de Alquízar. “Si en medio de un apagón la única casa que se ve iluminada es la mía la gente va a empezar a hablar”.

Juan Carlos lleva un modesto negocio de venta de queso fresco y yogur. La mayor parte de sus manejos son informales y teme señalarse si logra mantener sus bombillos funcionando cuando los vecinos no se ven ni las manos. “Lo menos grave que puede pasar es la envidia y lo peor los ladrones. Qué vayan a pensar que tengo mucho dinero porque tengo una planta eléctrica”.

El robo de estos dispositivos cada vez es más frecuente. “Por la madrugada se llevaron la planta que teníamos asegurada detrás de una reja con candado”, explica a este diario una vecina de El Vedado que solo logró usar su planta unas semanas. “Era una maravilla aunque un poco ruidosa”, advierte. “Nunca hicimos la denuncia a la policía porque la habíamos comprado en el mercado negro”.

Ibrahim no quiere importar ninguna planta eléctrica para su familia. “Lo mío es hacer dinero para sacar a mi mujer y mis dos hijos. Si tengo que pasar ese tiempo echándome aire con un pedazo de cartón lo hago”. Por adelantado ya sabe qué dispositivos traerá a la Isla en los primeros días de septiembre. El clasificado que ha puesto en varios sitios muestra una planta grande, con ruedas para ser trasladada y acompañada de una frase: “duerme toda la noche sin preocuparte de los apagones”.

Lea más desde Cuba aquí en Havana Times



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.