Por Ronal Quiñones

Rio 2016 logoHAVANA TIMES — Tras la gran debacle que significó finalizar en el cuarto puesto del medallero general en los Juegos Panamericanos de Toronto, el deporte cubano mira con cierta reserva los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, previstos para realizarse del 5 al 21 de agosto de este año.

El 2015 cerró con siete campeones mundiales, y no debe ser más de eso el total de oros que se obtengan en la capital carioca, pero también pueden ser menos, porque la cita bajo los cinco aros siempre representa una mayor exigencia, y la historia está llena de campeones mundiales que fracasaron en la cita más importante de cada cuatrienio.

Hasta el momento Cuba posee 43 deportistas clasificados para el concierto estival, y aspira a formar una delegación de más de 100 atletas (270 todavía tienen aspiraciones), aunque de ellos deben ser no más de 20 quienes realmente estén en condiciones de subir al podio, en cualesquiera de sus escalones.

Las plazas conseguidas hasta la fecha las poseen el atletismo con  21, el tiro (7), el boxeo (6), el remo (3), el pentatlón (2), la lucha grecorromana (2), el canotaje (1) y la gimnasia artística (1).

En el caso del llamado Deporte Rey, el atletismo, la Federación cubana le pide a los atletas marcas superiores a las exigidas por el Comité Olímpico Internacional (COI) para que de competir estén entre los ocho mejores de sus respectivas especialidades, pero al final -se ha visto en ocasiones anteriores- esto no se cumple y con tal de llevar una amplia delegación se incluye a todo el mundo, aunque ni siquiera sean capaces de incluirse en las finales.

De acuerdo con el vicepresidente del Instituto Nacional de Deportes y Recreación (Índer) Jorge Polo, el propósito de Cuba es mantenerse entre los 20 primeros países del mundo, y para eso debe, al menos, igualar la actuación de Londres-2012, cuando alcanzó cinco títulos, tres preseas plateadas y seis bronceadas, para un decimoquinto lugar.

La pertiguista Yarisley Silva es una de las cartas principales de Cuba.
La pertiguista Yarisley Silva es una de las cartas principales de Cuba. Foto: cubadebate.cu

Nuevamente debe ser el boxeo el deporte de mayor aportación. La llamada Nave Insignia del deporte cubano logró reconquistar en 2015 el cetro por países en el Campeonato Mundial de Doha, un lauro que no se obtenía desde hace una década, y cuenta con serios aspirantes al trono como los tricampeones mundiales Lázaro Álvarez (división de 60 kilogramos) y Julio César La Cruz (81), y otros que pueden conseguir medallas como Arlen López (75), Yasnier Toledo (64) y Yosbany Veitía (52), por solamente mencionar a los más estables en los últimos tiempos.

Otro gran candidato a ocupar el centro del podio es el bicampeón olímpico y cinco veces titular mundial Mijaín López (130 kg), de lucha grecorromana, a pesar de que no pudo coronarse en la más reciente cita del orbe. Allí brilló su compatriota Ismael Borrero (59), pero habrá que ver si logra un desempeño similar en Río. También se espera que por el estilo libre Reineris Salas (86), Liván López (74) o Yowlys Bonne (66), todos con lauros mundiales en sus respectivas vitrinas, puedan aportar al medallero cubano.

El atletismo tiene como principales cartas a la discóbola Denia Caballero, la pertiguista Yarisley Silva y el triplista Pedro Pablo Pichardo, pero el resto probablemente solamente “hará bulto”, como se dice en buen cubano.

Las dos medallas (plata y bronce) conseguidas por el gimnasta Manrique Larduet en el pasado Mundial de la especialidad hacen soñar con que la Mayor de las Antillas pueda tener al fin a un medallista olímpico en esta exigente disciplina, pero habrá que ver cómo responde el muchacho de 19 años a esa presión.

El taekwondo, el tiro y el remo se vislumbran también con potencialidades, pero difícilmente de oro, que es la presea encargada de determinar el lugar definitivo en la tabla.

La afición cubana sueña con las glorias pasadas, pero tiene los pies en la tierra, como comprobamos recientemente.

Para Javier, un barman habanero, lo primero es defender la participación de los atletas en todos los torneos clasificatorios que se convoquen. “Eso es lo primero, ya se sabe que el roce internacional o la realización de bases de entrenamiento en el exterior son más complicados, pero al menos ir a los clasificatorios no debe faltar. Los reglamentos de muchos deportes cambian constantemente y hay que adaptarse, además de estudiar mejor a los contrarios. Por ahí se nos ha ido más de una medalla en diferentes competencias.”

“Ya eso empezó mal”, dice Héctor Manuel, “el proceso de clasificación en varios deportes no comenzó este año, y se han perdido varios torneos que dan puntos para el ranking mundial. Las contrataciones son muy buenas, pero apenas empezamos, y esa experiencia no se va a recoger en Río, además de que la mayoría de los contratados no son de deportes olímpicos.”

“Por lo menos me gusta que se haya evitado el triunfalismo barato”, comenta Heidi, “ya el señor Polo metió la pata en Toronto. Hemos ido para atrás, y no creo que podamos nunca más tener una actuación como la de Barcelona (quinto lugar).”

De acuerdo con Rainer, el alto rendimiento cubano viene afrontando en los últimos tiempos los mismos problemas en las grandes competencias: “la falta de eficiencia en las finales, fallas de planificación del entrenamiento y floja preparación sicológica de los atletas. A eso hay que sumar que muchos no tienen los implementos óptimos y están en desventaja en ese aspecto.”

“No te olvides tampoco del robo de los talentos”, dice Deiver. “Ahora con eso de los contratos se ha parado un poco, pero entre atletas y, sobre todo, entrenadores, son muchos los que no aportan a Cuba, y eso se siente.”

“Mira”, le contesta Héctor Manuel, “ya esos son casos aislados. Actualmente creo que nada más sucede en la pelota, porque los demás que se han ido, ninguno es un potencial medallista olímpico, y probablemente ni siquiera se dedique al deporte fuera de Cuba. De todos los que se quedaron en Toronto, estoy seguro que la mayoría lo que quería era vivir mejor, porque no eran grandes campeones aquí.”

Las opiniones divergen, pero la realidad solo se conocerá en agosto. Solamente se puede asegurar que Cuba aumentará su foja olímpica de 209 preseas, repartidas en 72 de oro, 67 de plata y 70 de bronce, pero cuántas de cada color, únicamente lo dirá la Ciudad Maravillosa.

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