Redimensionar la bodega: ¿solución para disminuir colas?

Por William Bello Sánchez  (El Toque)

Bodega en La Habana. Foto: Jorge Beltrán.

HAVANA TIMES – Las extensas colas para comprar alimentos y artículos básicos durante la etapa COVID-19 pusieron con fuerza en el debate público la necesidad de desconcentrar la venta. También reaparecieron opiniones a favor de comercializar una mayor cantidad de productos a través de la libreta de abastecimiento y de colocar en la bodega otros, comercializados hoy en las cadenas de tiendas CIMEX, MAI (Mercados Artesanales Industriales), TRD o agromercados.

La racionalización se ha mostrado como la práctica más extendida para intentar solucionar las carencias y el desabastecimiento de productos de primera necesidad que han sido recurrentes en los comercios cubanos. Aunque mucho se ha discutido sobre el igualitarismo, las políticas asistencialistas y sobre la innegable realidad de que para segmentos de cubanos los mandados de la bodega ya no son necesarios, en este nuevo contexto “la libreta” y la bodega adquieren una nueva dimensión.

Arroz, frijoles, azúcar, sal, aceite, pasta alimenticia, café y fósforos, son parte de la oferta que se comercializa a precios subsidiados en la bodega. Aunque las cantidades están lejos de ser suficientes, constituyen la base de la alimentación mensual de buena parte de los cubanos. Para comprar otros tipos de carnes, frutas, vegetales, productos de aseo y llegar con los abastecimientos necesarios a fin de mes, toca recurrir a otros establecimientos, en CUC o CUP y a precios nada económicos para muchos bolsillos.

Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía y Planificación, comentaba en la Mesa Redonda del 27 de marzo que “no todo se podrá poner por la libreta de abastecimiento, pero habrá una combinación de productos racionados y otros liberados, pero con regulación”. El titular de Economía hizo referencia también a que el país no cuenta con las cantidades necesarias en muchos de los productos que hoy se comercializan para que lleguen a todos por igual; aunque, en varios territorios se ha empleado la libreta de abastecimiento con éxito para entregar productos a grupos vulnerables o a la población en general.

Por todo el país se extienden 12.767 bodegas, informó la ministra de Comercio Interior Betsy Díaz. Es una red de establecimientos en la que poco se repara, a pesar de que brinda servicios a 3 809 000 núcleos familiares que agrupan a 11 150 000 cubanos.

En el momento en que nos pidieron quedarnos en casa, la bodega era y sigue siendo el establecimiento de comercio más cercano a la comunidad y el que permite un menor desplazamiento de los ciudadanos. Una vez superada la COVID-19, no debería perderse tampoco de vista.

La bodega y su significado en la historia reciente de Cuba

La bodega no tiene que ser únicamente un punto de comercialización de productos racionados (se venden solo a través de la libreta de abastecimiento y hay cuotas para cada persona) o de un limitado grupo de productos liberados (no están sujetos a la libreta, pero generalmente son poco variados y relativamente económicos).

En las bodegas, a diferencia de las shopping, hay horario extendido; estas nunca cerraron a las 5:30 o 6:00 p. m. y desde siempre respetaron el horario de los trabajadores y dieron prioridad a los que más lo necesitaban: el plan jaba. El ajetreo es temporal, la primera semana del mes o cuando llegan los mandados. Luego la gente no va a mirar, no hay nuevos productos o nueva decoración. ¿Acaso no tiene potencial?

Mi abuelo siempre me decía que la bodega era patrimonio nacional, siempre había estado ahí, incluso antes que la libreta. ¿No sería este un buen momento para darle un mayor uso? No todos los barrios o pueblitos de nuestros campos y montañas tienen tiendas recaudadoras de divisas, pero sí bodegas.

Si la shopping ya no es para los que tienen oro y plata, los que tienen familia en el extranjero o para los privilegiados; si los productos que venden cubren las necesidades de la mayoría de la población: ¿por qué no pensar que parte de los productos que ofrecen también puedan ser comercializados en las bodegas? La infraestructura, aunque maltrecha en muchísimos casos, existe y está subutilizada. ¿Cuántas TRD, Cimex, o los novísimos e innecesariamente grandes Minimax hemos remodelado, construido y embellecido? Pero las bodegas han sido olvidadas.

El rescate de la bodega debería pasar a ser un punto importante en la agenda de inversiones del país, por los beneficios que su redimensionamiento pueden traer para la población y la Economía.

Algunos beneficios de una posible recuperación de la red nacional de bodegas:

  • Los productos (incluidos los de primera necesidad) estarían al alcance, en cuestión de desplazamientos, de los consumidores.
  • Se reducirían las tan molestas colas.
  • Se haría un uso más eficiente de la infraestructura existente.
  • Mejorarían las condiciones constructivas y de higiene de las bodegas.
  • Se revalorizaría la bodega como lugar de encuentro del barrio.
  • Ahorro considerable de recursos al país por supresión de nuevas inversiones.

La lista podría ser más larga si todos aportamos ideas.

Otra de las ventajas es que las bodegas ya tienen un servicio de abastecimiento, por lo que el transporte no sería la mayor dificultad. Si se trabaja en reconciliar y coordinar la distribución de los productos de la canasta básica, los liberados y los de las tiendas recaudadoras de divisas, y en gestionar los mecanismos de las diferentes empresas estatales que participan del proceso, se pudiera hacer un uso más eficiente de la transportación.

Nuevo escenario, la bodega como alternativa

Tal vez no todas las bodegas cuenten con los requerimientos o el potencial para pasar a una nueva dimensión, existen algunas más preparadas y otras que necesiten mayor inversión para procurar la seguridad de un mayor número de productos. No es cuestión de botar el sofá, es procurar rescatar una institución económica, social y cultural que goza de un enorme sentido práctico.

Un espacio más bello, con más productos, esos que necesitamos de ahora para ahorita y todos quisiéramos tener a la vuelta de la esquina. El comercio del barrio, que no implica que lapidemos las tiendas o centro comerciales, solo que acerquemos los productos de mayor demanda cotidiana a la gente, como la COVID-19 terminó por imponer.

El país de manera histórica acaba de comenzar a dar importantes pasos hacia un nuevo escenario socioeconómico, en el que la empresa privada reaparece en el panorama cubano y se promueve su articulación con las formas estales y cooperativas. Las dificultades económicas nos han acompañado durante mucho tiempo y la creación de riquezas ha descansado en la empresa estatal. Ahora esa responsabilidad se comparte y es un buen momento para el rescate de diferentes espacios de comercialización de probada eficacia, hacia el cual dirigir los productos que puedan surgir de las nuevas microempresas que seguramente se formarán y de las cuales muchas podrán jugar un rol local; lo que reduce costos y genera beneficios para todos, si sus productos pudieran ser comercializados bien cerca.

No es una propuesta nueva, en algún momento muchos de los productos demandados por la población fueron parte de la oferta de la bodega; era punto de comercio de todo tipo de artículos de primera necesidad, incluso un lugar donde pequeños negocios locales podían poner a la venta sus productos. No hay evocaciones nostálgicas en estas palabras, sino una buena manera de mirar hacia adelante, aprovechando solo los recursos que hoy tenemos, como ha sucedido en estos días; modificando nuestros paradigmas para movernos hacia una mayor prosperidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.