Reapertura en La Habana: a sueldos fríos, precios calientes

Foto: Sadiel Mederos

Por Alberto C. Toppin (El Toque)

HAVANA TIMES – Cervezas a 135 pesos, platos con cerdo, pollo o pescado de hasta 300, algunos platos más exclusivos en 400 y hasta 500… Esas fueron ofertas que vio Irene Mendoza en un establecimiento gastronómico privado cerca de Galiano, en La Habana Vieja, a solo un día de la reapertura gradual en la capital cubana después de meses de exclusivo servicio a domicilio y compras para llevar.

“Los precios ahí no eran caros; el plato más barato, bistec de cerdo, costaba 180 pesos”, recuerda Mendoza. 

La percepción popular de los precios pos reapertura, en general, es de asombro, sobre todo después de que circulara por las redes sociales la imagen de la cuenta de 11 mil pesos en un pequeño negocio del paseo marítimo de 1ra y 70.

No es de ahora

A finales de 2020 el entonces jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, Marino Murillo, dijo en televisión que “el diseño de la Tarea Ordenamiento” preveía que los precios de productos y servicios de los negocios no estatales podían hasta triplicarse, mientras que el salario mínimo se multiplicaría al menos por cuatro. Según los cálculos del Gobierno, el aumento salarial sería suficiente para cubrir la canasta básica racionada y otros productos y servicios no especificados.

Estas previsiones tomaron como referencia la tasa de cambio que entraría en vigor a partir de enero de 2021, la cual contemplaba que 24 pesos equivaldrían a 1 dólar. Sin embargo, para inicios de año, el precio del dólar en el mercado informal rondó los 40 pesos. Nueve meses más tarde, gira alrededor de los 74 pesos, mientras la tasa oficial se mantiene inamovible.

Hoy el mercado informal es la vía más expedita para comprar con pesos moneda libremente convertible (MLC), a pesar de que en esa transacción el valor de la moneda cubana caiga a menos de un tercio de lo establecido de manera oficial. Los bancos cubanos no venden divisas. Sin embargo, desde septiembre de 2020 los negocios privados las emplean para abastecerse, principalmente en tiendas mayoristas en MLC y a través de la empresa importadora ITH, también en dólares, mientras ellos deben mantener su oferta en pesos cubanos.

La única empresa mayorista que vende en moneda nacional a los negocios privados es Mercabal; pero, según dijeron algunos entrevistados a Cubadebate, solo ofrece azúcar y harina en momentos puntuales y exclusivamente para venta en línea. En el momento en que se publica este reportaje, la tienda no tiene ningún producto en venta.

Captura de pantalla del sitio web de la tienda Mercabal.

“Se hará una reapertura necesaria pero con mucha autogestión, accediendo al mercado mayorista en moneda libremente convertible, con relaciones con las formas productivas, con relaciones con productores independientes, y por supuesto también esa autogestión va a encarecer los costos y el escenario de precios va a ser diferente”, anunció Betsy Díaz, ministra de Comercio Interior, apenas horas antes de la reapertura de La Habana.

Cartas sobre la mesa

El Toque tuvo acceso a las cartas de diez establecimientos habaneros que venden helado, pizza, pastas, carnes y bebidas, entre otros productos. Las ofertas corresponden a octubre de 2019 y septiembre-octubre de 2021, tras la reapertura.

Las versiones de 2021 de las cartas de nueve de los lugares tienen, en total, alrededor de 660 ofertas menos que las de 2019. Han desaparecido, entre otros, bebidas alcohólicas con ingredientes importados, crepas, refrescos, dulces y derivados del cerdo.

Otros productos triplicaron o cuadruplicaron su precio en algunos establecimientos; por ejemplo, carne de cerdo, agrego de cebolla, de champiñones, crepas, pescado, refresco nacional, agrego de Nutella, malta importada, queso mozzarella y el trago de Havana Club 3 años.

Los productos cuyos precios variaron menos (aumentaron sin llegar a duplicarse) fueron las pizzas, tragos como caipirinha y caipiroska, croquetas, té, café, jugos, batidos y algunos helados.

La percepción generalizada de que los precios superan en exceso las posibilidades de la mayoría no se basa solo en las ofertas de bares y restaurantes, sino también en la escasez general de productos y lo que cuesta conseguirlos, aun con dinero.

“El salario nunca ha alcanzado, pero antes era mucho mejor. Veo mucha escasez. Tiempo atrás había, pero no así”, comenta Jennifer Pérez. Pos reapertura, visitó uno de los negocios del paseo marítimo de 1ra y 70, en Miramar. Tres micheladas y dos entrantes equivalieron a casi un tercio de lo que recibe como sueldo durante su licencia de maternidad. “Una persona que solo cuente con su salario, no puede ir a ningún lugar”, opina.

“Nunca hubo una relación coherente entre los precios y el sueldo que recibimos los cubanos”, opina Hilberto Nistal, quien visitó un café reabierto en las cercanías de la Catedral de La Habana. “Ha existido una disonancia tremenda, una inflación que se puede ver en el precio de cualquier cosa: desde una pasta dental hasta un trago en cualquier bar”.

“Ahora mismo consumir en cualquier restaurante o bar significa gastar casi el salario mensual de una persona”, afirma Daniela Niebla, quien hace poco visitó el Café Fortuna. “Por mi experiencia y la de mis amigos, los precios son muy altos en comparación con el salario medio de cualquier persona”.

Tanto las autoridades como algunos dueños de negocios creen que la situación cambiará a partir del 15 de noviembre. José Peón, propietario del bar restaurante El Tablazo, comentó a Cubadebate que espera una mejoría en la situación de los insumos y que, al abaratarse algunos costos, puedan bajar algunos precios. Los clientes cubanos no son tan optimistas.

“No creo que cuando abran las fronteras venga mucho turismo”, considera Jennifer. “No tengo muchas expectativas”, confiesa Irene. “No creo que el dólar vaya a bajar tan rápido ni que bajen los precios de la noche a la mañana”.

Cuando se acerca el primer año desde el cambio monetario y la reestructuración de precios y salarios, hay señales de que tomará tiempo que el sueldo pueda satisfacer las necesidades de quien trabaja, incluido el ocio. La reapertura de La Habana lo ha demostrado.

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