“Quiero ser capitana”, una joven nicaragüense en Costa Rica

Natalia Rojas está a punto de graduarse como pilota privada y de la carrera de Administración de Transporte Aéreo

Por Katherine Estrada Téllez (Confidencial)

HAVANA TIMES – Son las doce del medio día y Natalia Rojas, luego de su teletrabajo en atención al cliente para Amazon, se prepara para las clases prácticas de aviación que toma  una o dos veces por semana en el Aeropuerto Tobías Bolaños, en San José, Costa Rica. Viste el uniforme, un pantalón azul oscuro con una camisa manga corta color blanco con la insignia de la Escuela Costarricense de Aviación y su “piocha”, como le llaman al distintivo broche plateado en forma de alas de avión que se usa en el gremio.

Rojas es una joven nicaragüense de 22 años que vivía en Ticuantepe, Managua, emigró hace casi cuatro años al vecino país del sur y ahora está a punto de graduarse como pilota privada.  “Desde chiquita me acuerdo que cada vez que pasaban aviones, me quedaba como que ‘¡Aaah…!’ (admirando) y diciendo ‘mira, qué bonito lo que está pasando’”, describe Rojas. Esa impresión que causaban en ella las aeronaves la marcó tanto que comenzó a soñar con convertirse en pilota.

Sí, soñar solamente, porque viviendo en Nicaragua la idea de llegar a ser pilota se veía irreal, comenta Rojas. “Primero, por la situación económica; segundo, porque no había opciones (de centros de estudio) viables”, expone. Para 2017 inició la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Centroamericana (UCA), pero en 2018 tuvo que dejarla y salir del país. “Realmente nunca sentí que fuera lo mío, no me sentía identificada en el área”, menciona Rojas.

La crisis sociopolítica de 2018 afectó directamente a miles de familias nicaragüenses, obligando a muchas a emigrar por temas de seguridad. “Soy la menor de dos hermanas, siempre he vivido con mis padres, dejarlos y venir a Costa Rica sola me afectó bastante”, relata.

Acercándose al sueño

En medio de los sentimientos que afloraron con la migración, Rojas, quien tenía 18 años cuando llegó a Costa Rica, decidió enfocarse en hacer su sueño realidad: “Voy a estudiar aviación”, se dijo a sí misma. Su tía, tripulante de cabina de profesión y residente en Costa Rica, la animó a tomar la decisión.

Buscó un trabajo que le permitiera solventar sus gastos, investigó opciones y comenzó a estudiar, inicialmente, un bachillerato en Administración de Transporte Aéreo en la Universidad Autónoma de Centroamérica, UACA.

“Primero comencé con este técnico superior para que me diera chance de trabajar”, explica. Luego encontró la Escuela Costarricense de Aviación, ECDEA, donde  comenzó a estudiar para ser pilota privada. “Desde la primera vez que los contacté me invitaron a hacer un tour en las instalaciones, me enseñaron los aviones y me comentaron sobre todo el proceso de la carrera”, comenta agradecida.

Natalia Rojas haciendo el “Walk around”, es decir la inspección de la avioneta antes del despegue en una de sus clases prácticas en el aeropuerto costarricense Tobías Bolaños. Foto: Katherine Estrada Téllez

ECDEA ha sido la guía para encarrilarse hacia su meta. Está a pocas clases prácticas de terminar la carrera y, cada vez que vuela, se convence de que el cielo es su espacio de trabajo. “Siento muchas emociones, pero trato de guardar la calma y controlarlas, porque sé la responsabilidad que tengo en mis manos”, explica.

Volar, “un acto de empoderamiento”

“Volar es un acto de empoderamiento para mí”, asegura Rojas, pues llegar hasta este punto de sus estudios ha implicado mucho trabajo, dedicación y enfoque. 

ECDEA es una escuela que desde hace 28 años forma pilotos profesionales y, desde entonces,  se han graduado alrededor de 30 mujeres, tres de ellas de nacionalidad nicaragüense.

Rojas es la única mujer en  su clase. “Estamos rompiendo con el mito de que las mujeres solo podemos ser tripulante de cabina”, afirma. En Nicaragua es inusual escuchar que una mujer quisiera ser pilota- menciona- acá es más común, porque hay más opciones, al mismo tiempo que motiva a las personas interesadas a que investiguen y se animen a estudiar esta profesión.

Natalia Rojas en su primera clase práctica. “Fue mucha la emoción despegar y poner en función todo lo aprendido”, indica. Foto: Cortesía.

Comenta que sus compañeras de colegio se sorprenden al verla estudiando lo que en el pasado solo contemplaba como una fantasía. “Me dicen: ‘Naty, lo lograste’” y me doy cuenta que uno puede estar donde se proyecta, no importa de qué nacionalidad sos, si sos hombre o mujer, uno puede cumplir lo que quiere”, aconseja.

Ser pilota privada es apenas uno de varios escalones. Quiere ser pilota comercial y trabajar en Emirates, la aerolínea más grande de Medio Oriente, y ser capitana o primera pilota de vuelo, el puesto de mayor rango en la tripulación de cabina. “Requiere mucho esfuerzo, muchas horas de vuelo, trabajar con varias compañías e ir subiendo de puesto, avanzar y creo que soñar es poder”, concluye.

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