Priorizar la vida o la economía dictará los rumbos urbanos pospandemia

Por Mario Osava (IPS)

Una recreación de cómo podría transformarse la emblemática Times Square, en Nueva York, dentro de las ideas de urbanismo reversible a la que los especialistas convocan para la pospandemia. Foto: PaisajeTransversal.org

HAVANA TIMES – Lo primero es salvar vidas, exigió la pandemia covid-19, en un esfuerzo con que se evitó, además, que las pérdidas económicas fuesen aún más demoledoras si no se hubieran impuesto duros aislamientos. Pero esa prioridad puede invertirse tras la crisis y desecharse lecciones que abrirían caminos para modelar mejores ciudades.

«La pandemia sirvió a la toma de conciencia sobre la necesidad de cambiar el paradigma urbano», a la vez que despertó «una solidaridad espontanea de ciudadanos en red, muchos ayudando a vecinos que antes ignoraban», apuntó Carmen Santana, una urbanista chilena que vive entre París y la ciudad española de Barcelona.

La desigualdad social, bien conocida en América Latina, se hizo más trágica ahora que se convierte en epicentro de la pandemia y cobra su precio en vidas, así como la precariedad de los servicios de salud, la mala nutrición que se refleja en subalimentación y en obesidad que se reveló un factor de vulnerabilidad a la covid-19.

Queda la interrogante de si las ciudades, especialmente las grandes metrópolis que sufrieron el ataque más brutal del coronavirus, enderezarán su desarrollo hacia necesidades humanas o seguirán en sus dinámicas dictadas por intereses económicos que les impusieron disfuncionalidades, según dijeron arquitectos-urbanistas, a los que IPS entrevistó por teléfono, desde sus distintas urbes.

Es muy temprano para prever que transformaciones urbanas ocurrirán, porque ellas dependen del tiempo que durará el aislamiento y el distanciamiento físico, advirtió Nabil Bonduki, profesor de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la brasileña Universidad de São Paulo (FAU-USP).

Si la epidemia pierde fuerza o es controlada por una vacuna o medicamentos a corto plazo, las urbes volverán a la normalidad con sus contradicciones anteriores, pero si se prolongan las actuales rígidas medidas contra aglomeraciones en las calles, espectáculos y comercio, habrá cambios que aún son imprevisibles, evaluó.

«Ya es inevitable un fuerte incremento de las actividades virtuales, como las reuniones empresariales, que se comprobaron muy productivas, el trabajo remoto y la enseñanza a distancia», reconoció, desde São Paulo.

Bonduki, quien encabezó la elaboración del Plan Director de São Paulo como concejal en 2013-2014, no cree que haya un retroceso en la búsqueda de ciudades más densas, con «ocupación de vacios urbanos y áreas subutilizadas, y quizás apartamientos más grandes», para incluir una oficina.

Una favela en São Bernardo do Campo, una ciudad industrial vecina a la metrópoli de São Paulo, en el sur de Brasil. La idea era que los barrios pobres de este y otros países del Sur serían presas fáciles de la pandemia de covid-19 por el hacinamiento, pero no es así. Hay populosas barriadas en Brasil y otros países que tuvieron pocos casos de contagio. Foto: Mario Osava/IPS

De todos modos, es el poder político que determinará los rumbos, aunque es previsible una fuerte presión de la sociedad por mayores inversiones en salud y reducción de la pobreza, vaticinó.

Su colega en la FAU-USP, Raquel Rolnik, quien fue relatora especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho Humano a una Vivienda Adecuada, de 2008 a 2014, rechaza la creencia difundida de una correlación entre densidad urbana y propagación del coronavirus.

«Metrópolis súper, megadensas como Singapur, Hong Kong y Seúl no sufrieron ninguna hecatombe, sino una cantidad relativamente baja de víctimas. En Nueva York, (el distrito de) Manhattan, muy denso, no tuvo más muertos que Staten Island, menos denso», ejemplificó.

Acotó que «en São Paulo y Río de Janeiro, hay favelas donde la covid-19 plagó y en otras no», para negar el «estigma» que se pretende pegar a esos barrios hacinados.

«En Brasil y en el mundo se nota que el mayor contagio tiene más que ver con el flujo de circulación de personas, que con la densidad», prosiguió Rolnik desde São Paulo.

«Ciudades que atraen mucha gente venida de muchos países, de circulación global en gran escala, como Londres, Nueva York y São Paulo, se hicieron focos de la pandemia», destacó en una lista de urbes a las que pueden sumarse otras como Milán o Madrid, de los dos países que fueron epicentros de la pandemia en Europa.

La simplificación del tema interesa a grupos que construyen, por ejemplo, condominios de lujo en las afueras de la ciudad, que intentarían seducir compradores con el alejamiento de la ciudad y la posibilidad del teletrabajo, acusó.

Son los mismos intereses financieros que impulsan ciudades «poco resilientes», que acumulan problemas como «viviendas cada vez más caras y más pequeñas» y la contaminación del aire por automóviles en proliferación, destacó Santana, quien dice tener «alma chilena, espíritu francés y corazón catalán».

Los «especuladores inmobiliarios» son los que tratan de confundir las aglomeraciones humanas que favorecen el contagio con la densidad urbana, que puede ser «saludable y sensible», con más humanos y menos coches, dijo desde Barcelona, capital de la región de Cataluña y la segunda ciudad española en población.

Los vehículos ocupan 50 a 60 por ciento del espacio de las ciudades, lamentó.

Las cuestiones urbanas son complejas y sus soluciones no se encuentran en el «pensamiento piramidal y lineal, sino en el circular», resumió Santana, socia de la empresa Archikubik, que se presenta como un «ecosistema de arquitectura, urbanismo y paisaje urbano».

Sus propuestas para reurbanización, que espera sean mejor acogidas tras el «frenazo» de la pandemia, comprenden espacios públicos verdes, barrios productivos, incluso con agricultura urbana, sitios de la dignidad humana con alojamiento y baños públicos para acoger refugiados y gente de la calle y la «renaturalización» de las ciudades.

«Los animales reaparecieron en las ciudades cuando se salieron los coches (automóviles), generando una nueva ecología urbana y acercando las personas a la naturaleza», celebró.

La pandemia fomenta una reflexión sobre cómo invertir «la proximidad física y distancia social» de muchos en la ciudad. «Lo que se necesita es una densidad razonable, denso por la multifuncionalidad, con vivienda, trabajo, comercio, esparcimiento, cultura, servicios, todo en una mezcla local», razonó Carlos Moreno, profesor de la Universidad Paris I Pantheón-Sorbonne.

Este urbanista y científico francés de origen colombiano, experto en ciudades inteligentes, innovación tecnológica y sistemas complejos, prefiere denominar «intensidad social» a la «densidad razonable», con locales que combinan las dimensiones económicas, ecológicas y sociales.

Hay que promover el «encuentro urbano-humano» en que las personas dejen de ser «fantasmas digitales socialmente desconectados», dijo desde París.

Una multitud festeja durante el último carnaval de Río de Janeiro, en una de las últimas aglomeraciones festivas que se produjeron en el mundo antes de que el coronavirus se convirtiera en una pandemia. Ahora no se sabe si encuentros multitudinarios como este se producirán en 2021 y en los años siguientes. Foto: Fernando Maia | Riotur-Fotos Públicas

El posible mayor uso de automóviles constituiría un «triple retroceso», porque emiten contaminantes, como el dióxido de nitrógeno y partículas finas, que agravan la letalidad de la covid-19, según varios estudios, el aire interior es viciado y el vehículo somete sus usuarios al «anonimato ciudadano», observó Moreno.

El espacio urbano es de convivencia, generador de vínculos, pero «el auto no genera ni actividad económica ni vínculos sociales», refleja egoísmo y hoy ni siquiera representa estatus social, concluyó.

Son temas urbanos cuyo debate debe intensificarse hasta que se realice el 27 Congreso Mundial de Arquitectos que se aplazó de este año para entre el 18 y el 22 de junio de 2021, a causa de la pandemia. Se espera a cerca de 15 000 participantes en su sede, Río de Janeiro.

El aplazamiento tiene la ventaja de preparar mejor el encuentro de la Unión Internacional de Arquitectos y ampliar las discusiones incluso con los efectos ya conocidos del coronavirus en las ciudades, sostuvo Sergio Magalhães, arquitecto y urbanista que preside el Comité Organizador.

Río de Janeiro, designada Capital Mundial de la Arquitectura por la Unesco (Organización de Naciones Unidos para la Educación, la Ciencia y la Cultura), exhibirá su centro histórico de casi cinco siglos y las consecuencias de la pandemia en una ciudad turística.

Brasil destacará también con ciudades muy maltratadas por los gobiernos locales y por el nacional, según Magalhães, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro y reconocido por la urbanización de unas 150 favelas de la ciudad en el proyecto Favela-Barrio en los años 90.

Las ciudades brasileñas son precarias porque 80 por ciento de sus viviendas fueron construidas por la propia población, sin ningún financiamiento o apoyo. De 1950 a 2010 cerca 60 millones de domicilios urbanos asi nacieron en el país, una hazaña popular.

Otros 40 millones se construirán hasta 2030, aunque la población casi no crecerá, porque las familias están disminuyendo en miembros, explicó Magalhães.

Una causa de los graves problemas urbanos es su expansión territorial, con baja densidad, dificultando el saneamiento y los servicios urbanos. Río de Janeiro creció territorialmente tres veces más que su población desde 1960, ejemplificó.

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