Patrimonio sumergido de Cuba bracea contra la invisibilidad

By Ivet González (IPS)

Los restos de un barco de guerra hundido hace más de 120 años, desde la orilla de la playa de Juan González, en el municipio Guamá, en el este de Cuba. Algunas de estas piezas están amenazadas por los cambios ocurridos en la dinámica costera que se relacionan con el cambio climático. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

HAVANA TIMES – Para ninguna persona que transite por la carretera Chivirico, pasa desapercibido el cañón y la torrera de un barco hundido que coronan las aguas de la playa del pequeño asentamiento rural de Juan González, en la oriental provincia de Santiago de Cuba.

Oxidadas e imponentes, las partes expuestas del crucero acorazado “Almirante Oquendo”, que encalló y se hundió en esta localidad en 1898, luego de ser acribillado durante la batalla naval de Santiago de Cuba en la guerra hispano-cubano-estadounidense, pudieran ser el testimonio más visible del patrimonio subacuático cubano.

Compuesto por una parte natural y otra cultural, la riqueza bajo aguas de los 5.746 kilómetros de costa del archipiélago cubano recibe hoy múltiples amenazas entre las que sobresale el desconocimiento humano y el creciente impacto del cambio climático, en un tipo de patrimonio que el mundo protege desde hace poco tiempo.

“La historia a fondo no la sé… Creo que eran barcos españoles hundidos por barcos americanos (estadounidenses)”, dijo Yeinys Bárbara Pacheco, quien desde su patio trasero plagado de piedras y escasa vegetación divisa el cañón del Oquendo, un símbolo de Juan González y del municipio de Guamá, al que pertenece.

Pacheco y su esposo, oriundos de otra ciudad, decidieron asentarse hace dos años y edificar su vivienda en Juan González, con unos 700 habitantes, dentro del municipio más largo de Cuba.

“Vivo con mi niño y mi esposo, aquí en la orilla de la costa, disfrutando del mar y el sol”, contó a IPS esta mujer que se dedica a atender su hogar, sobre lo que le atrajo del lugar.

El pecio del Oquendo, como se conoce a las naves o partes de ellas sumergidas, compone para la joven el atractivo turístico de la zona. “A veces parquean buses con turistas internacionales que vienen a explorar el barco, otros grupos pasan en bicicletas, se bañan y de paso nadan hasta él”, dijo.

Vicente González, director del estatal Centro Regional de Gestión y Manejo del Patrimonio Natural y Cultural Subacuático, habla con IPS sobre la importancia de conservar y monitorear el impacto de eventos extremos como huracanes en los sitios naturales y arqueológicos bajo las aguas de Cuba, en la sede de la institución, en la ciudad de Santiago de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Descolorido por el inclemente sol costero, un enorme cartel a una senda de la carretera que bordea la playa explica el valor y la historia del Oquendo, que fue parte de flota española en la batalla naval de la bahía de la ciudad de Santiago de Cuba, el 3 de julio de 1898, lo que supuso el fin de las colonias de España en América.

“Si no hay conciencia local y comunitaria enfocada al espacio subacuático, si no se trabaja en la formación de valores conservacionistas en la población, entonces no se ha hecho nada”, valoró Vicente González, quien dirige el estatal Centro Regional de Gestión y Manejo del Patrimonio Natural y Cultural Subacuático (Cubasub).

Con sede en Santiago de Cuba, a 847 kilómetros al este de La Habana, la entidad adscrita a la Oficina del Conservador de la capital se encarga de investigar y velar por el patrimonio subacuático de las provincias de Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas, Granma, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo.

Para el arqueólogo, la preservación de estos tesoros naturales y culturales enfrenta un grave problema en la actualidad. “Por lo general, no están a la vista y son privativos del grupo de personas que pueden acceder a ellos… el desconocimiento de su existencia hace que deje de ser patrimonio, es decir, algo a proteger”, valoró a IPS.

Con un gran potencial por descubrir, la isla caribeña está rodeada de pecios que atestiguan la historia cubana y de la región de América Latina y el Caribe, paisajes naturales marinos como barreras de corales y sitios arqueológicos de comunidades aborígenes que quedaron bajo las aguas con el paso de los siglos.

Entre los lugares patrimoniales de la zona atendida por Cubasub, figuran el Parque Arqueológico Batalla Naval de Santiago de Cuba, al que pertenece el Oquendo; y el Sitio Arqueológico Los Buchillones, ubicado en la costa norte de la provincia de Ciego de Ávila y donde mejor se conserva una aldea taína (indígena) prehispánica.

Por la parte natural, destacan las crestas de arrecifes coralinos del tipo Acropora palmata o Cuerno de Alce en el Parque Nacional Jardines de la Reina, que es un archipiélago de 250 islas vírgenes en la plataforma de las provincias de Ciego de Ávila y Camagüey, con una flora y fauna de alto grado de endemismo.

Especialistas aseguran que esta es la región del mundo más comprometida con la Convención para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático (2001) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que busca la protección de este acervo sumergido.

Vista de una playa del municipio cubano de Guamá, el más largo del país, con 151 kilómetros de costas altamente vulnerables a huracanes y fuertes vientos, que afectan los tres pecios patrimoniales en su territorio, en la oriental provincia de Santiago de Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

No obstante, en los diferentes países del área falta una mayor voluntad política para visibilizar el patrimonio subacuático y cambiar los marcos jurídicos para su protección, de manera que se reduzcan los buscadores de tesoros, explotación turística descontrolada y la depredación local por desconocimiento.

González consideró que, en ese sentido, “se ha ganado mucho, sobre todo en el trabajo de las diferentes estructuras de la ciencia” en Cuba, aunque identificó como retos contrarrestar el desconocimiento, a través de la promoción comunitaria y de mayor alcance como una exposición fotográfica itinerante que el centro circula por el país.

Otra línea del trabajo del centro, fundado en 2001, se enfoca al monitoreo del impacto en el patrimonio subacuático de fenómenos como los huracanes, que son cada vez más furiosos en el Caribe.

“Se supone que el cambio climático puede afectarlo todo”, balanceó el especialista. “Hay que estudiarlo muy bien para incorporarlo a los procesos de investigación y de desarrollo, además de tenerlo en cuenta. Estos fenómenos a veces son cíclicos e impredecibles”, continuó el experto, sobre un tema en el que evitó “ser conclusivo”.

“Lo que ocurre en los fondos marinos cuando pasa un huracán no lo notamos en la superficie y es muy difícil cuantificar el daño”, explicó el científico, quien aseguró que el centro realiza estudios de impacto y de monitoreo de la recuperación natural en costas de Santiago de Cuba y Guantánamo, que en 2016 fue azotada por Matthew.

Un artículo científico publicado por González revela que el devastador huracán Sandy dañó elementos estructurales de un pecio en la playa de Siboney, en la costa santiaguera, que se conoce como el “barco fantasma”, porque estuvo durante casi un siglo oculto por la arena y el sedimento hasta 2005.

Estudios locales y mundiales alertan de las afectaciones en los litorales, donde suele estar este tipo de patrimonio, que provocan los efectos del cambio climático como el incremento de las temperaturas, la elevación del nivel del mar y la ocurrencia de eventos extremos como fuertes huracanes y sequías extremas.

Yeinys Bárbara Pacheco vive desde hace dos años en un casa a la orilla de la playa de Juan González, una pequeña localidad del el este de Cuba, donde está hundido un barco de guerra hace más de 120 años, que es parte del patrimonio sumergido de esta isla caribeña. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

“Tenemos que avanzar más en algunos sitios arqueológicos que se encuentran en peligro, porque la dinámica costera ha cambiado y pone en peligro dicho patrimonio”, indicó González.

Guamá, en cuyas costas de 151 kilómetros resguarda tres pecios, “es muy vulnerable a la amenaza de fenómenos naturales”, dijo a IPS la vicealcaldesa Freya Elías. Con costas a un extremo y montañas al otro, el municipio largo y estrecho de 35.442 habitantes sufre huracanes, fuertes vientos, deslaves y sequías.

Cubasub y entidades como el Gabinete de Arqueología de La Habana y el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, elaboran de forma progresiva la Carta Arqueológica, que aún no es pública, para localizar y registrar los sitios patrimoniales en la plataforma insular.

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