Orteguistas graban y asedian a sacerdotes en Nicaragua

Ilustración: Confidencial

Por Confidencial

HAVANA TIMES – El sacerdote “Carlos” se ubicó en una zona más segura dentro de la casa cural, previendo que el contingente policial que vigilaba su parroquia día y noche la allanara en cualquier momento. Era agosto cuando inició un nuevo capítulo de represión orteguista contra la Iglesia católica, pero esta vez, más violento que en años anteriores, apresando sacerdotes, amenazándolos, profanando templos y generando una ola de religiosos exiliados.

La precaución del sacerdote tenía un antecedente reciente. El 1 de agosto un contingente policial ingresó con violencia a la parroquia Jesús de la Divina Misericordia, en Sébaco, y mantuvo cercado al cura Uriel Vallejos por tres días. El padre “Carlos” sabía que permanecía custodiado y la agresión podría repetirse, esta vez, en su contra.

Una feligrés le comunicó que la Policía le había enviado un mensaje: “Decile a tu curita que si no se calla, lo vamos a cambiar de lugar”, amenazó el oficial a la mujer, cuando esta lo increpó por el asedio contra una casa, mientras un grupo de católicos rezaba el Rosario. “Fue la primera amenaza que recibí en el mes de agosto, ya así, de una manera directa”, dice el padre “Carlos”, quien ha vivido la persecución del régimen desde 2018 en dos parroquias diferentes.

La escalada de agresiones contra los sacerdotes ha provocado que varios huyan del país, entre ellos, el padre Vallejos y el sacerdote Erick Díaz, ambos de la Diócesis de Matagalpa, amenazados con ser encarcelados.

El 61% de la población muestra su desacuerdo con que los religiosos salgan forzadamente de Nicaragua a causa de la intimidación gubernamental, según la más reciente encuesta de la firma costarricense CID Gallup, realizada entre el 26 de septiembre y el 10 de octubre, a través de llamadas telefónicas a 1200 personas mayores de 16 años. Solamente el 18% de los encuestados respondió estar “algo o muy de acuerdo” con el exilio de los religiosos.

Formas de persecución contra sacerdotes

El padre “Carlos” accedió –bajo anonimato– a compartir las estrategias que el orteguismo utilizó para intimidarlo.

Al religioso lo ficharon desde 2018, cuando no calló ante las violaciones de derechos humanos, incluido las 355 muertes registradas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en el contexto de represión y masacre oficialista contra la Rebelión Cívica de ese año.

“Me decían vandálico, golpista”, relata. Recibía mensajes anónimos atentando contra su vida: “Te vamos a fusilar”, “Tu cabeza va a rodar”. En los últimos meses las amenazas reaparecieron: “Te vamos a matar”, le dijeron. O lo amenazaron con cárcel: “Vas a ir a El Chipote”.

“Ellos –el partido de Gobierno– infiltran gente que son sandinistas y las tenemos metidas en las iglesias”, advierte el cura. Desde 2018 los fanáticos orteguistas grababan sus homilías y tomaron lista de los curas que, según ellos, se habían metido en política. “Yo denuncié lo incorrecto, nada más y eso no es meterse en política”, aclara el sacerdote.

En sus homilías denunció las injusticias cometidas por el Gobierno en Nicaragua y cuestionó el abuso de poder y el fanatismo de sus seguidores. Era una de las voces proféticas de la Iglesia católica en un país cooptado por un estado policial de facto impuesto desde 2018 por Ortega y Murillo.

“La Iglesia es la primera que alza la voz contra una situación que no es correcta”, sostiene. “Somos sacerdotes que defendemos los grandes postulados que Dios nos dio: el amor, la justicia, la misericordia, la caridad, el no aprovecharte de los pobres”, explica.

El padre distingue las formas en que el gobernante Frente Sandinista lo acosó, junto a su feligresía:

1- Fotografiar a la feligresía en las procesiones, desde antes de que las prohibieran en algunas partes del país. Los oficiales se colocaban al frente y fotografiaban a todos, atemorizando a los feligreses.

2- Mayor presencia policial en torno a la iglesia, con un par de policías que permanecían en cada extremo de la parroquia, intimidando a feligreses que “pasaban con miedo” para ingresar al templo.

3- Fotografiar a los católicos al salir de misa, lo cual también aumentaba que “la gente tenía miedo de ir a misa”, detalla.

4- Asediar casas de grupos parroquiales, con una persecución que aumentó en agosto. La Policía no se limitó a asediar la Iglesia y sus alrededores, sino que se apostó afuera de las casas en la que se reunían los miembros de comunidades eclesiales para rezar, y también tomarles fotografías o exhortarlos a que no continuaran congregándose.

Desde junio a la fecha el orteguismo mantiene una cruzada contra la Iglesia católica, que ha incluido secuestro de sacerdotes, incluido el obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, Rolando Álvarez, quien permaneció junto a otros religiosos en la Curia Episcopal de Matagalpa, sitiado por un contingente policial durante 15 días, y trasladado a casa por cárcel el 19 de agosto.

Rechazo al cierre de radioemisoras

Previamente, el Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), cerró una decena de radios católicas adscritas a la Diócesis liderada por Álvarez. El prelado cuestionó la decisión argumentando que contaban con los documentos en regla.

“Si la señora directora de Telcor, Nahíma Díaz Flores, me quiere recibir, yo le llevaré con el recibido y firma de ese mismo día de Telcor, todos los documentos que les presenté. Si ellos tienen razón yo mismo diré ante el pueblo que está correcto, que cierren nuestras radios, pero si no tienen la razón, que tengan la valentía y el coraje de decir que ellos se equivocaron o que ellos quieren a propósito cerrar nuestros medios de comunicación”, dijo el prelado, con un tono molesto, en el púlpito de la Catedral San Pedro de Matagalpa.

El 63% de la población está “nada o poco de acuerdo” con el cierre arbitrario de las emisoras de contenido meramente católico, que también es condenado como otra agresión a la libertad de expresión, según los resultados de la citada encuesta de CID Gallup.

Al arresto ilegal del obispo y varios de sus sacerdotes y colaboradores se sumó el exilio forzado de varios sacerdotes.

La situación de seguridad del padre “Carlos” también empeoró. Reforzaron la vigilancia y policías antimotines se ubicaron al frente y detrás de la casa cural, y en una ocasión, un antimotín y otro policía lo siguieron mientras él se dirigía a realizar sus diligencias. Desde ese momento, por seguridad evitaba salir solo.

Acoso a parroquia del suroriente

La intimidación contra los curas se extiende por todo el país, pero hay mucho temor de denunciar las arbitrariedades, reconocen los religiosos que accedieron hablar con CONFIDENCIAL bajo anonimato.

En el suroriente del país, el padre “Luis” ha sido acosado desde 2018, cuando su parroquia se convirtió en una improvisada sala de urgencias ante la represión.

Con el levantamiento violento de los tranques, que Daniel Ortega llamó “Operación Limpieza”, ejecutada por paramilitares y policías, empezó a recibir los primeros ataques: “golpista”, “asesino”. La reacción de fanáticos era coherente con el discurso de odio de Ortega y Murillo, que abiertamente han acusado a los sacerdotes de participar en el “golpe de Estado”, como llama el Gobierno al levantamiento cívico de 2018.

Durante cuatro años el padre “Luis” ha vivido bajo intimidación. Hubo meses tranquilos, pero los últimos han sido de vigilancia completa. Los paramilitares y fanáticos orteguistas ingresaban a sus misas y las grababan, se ponían afuera de la Iglesia y acompañaban las procesiones para fotografiar a la población. Las infiltraciones del Frente Sandinista en los movimientos tampoco es una estrategia reciente, asegura. Desde 2018 conocieron a fieles que grababan y estaban pendientes de sus movimientos.

En su caso el asedio incrementó desde noviembre 2021, cuando varios sacerdotes denunciaron la farsa electoral, en la que Ortega se atornilló en el poder por un cuarto periodo presidencial consecutivo, tras encarcelar a la competencia electoral y el liderazgo político por “traición a la patria”.

La Policía empezó a asediar más la parroquia. Afuera permanecían dos patrullas y paramilitares pendientes de sus movimientos. Lo amenazaron directamente: de la Iglesia saldría directo a la cárcel, recuerda que lo sentenciaron.

Los sacerdotes “Carlos” y “Luis” afirman que sus situaciones no son aisladas. Muchos párrocos padecen el mismo acoso, aunque temen denunciarlo y también hay religiosos que optan por callar para evitar ese tipo de asedio.

El control policial

En tres ocasiones, un jefe policial visitó al padre “Carlos”. La última fue a inicios de septiembre. El hombre quería imponer al sacerdote que le informara sobre todas sus actividades diarias, las comunidades que visitaba y que le entregara los nombres y números telefónicos de los delegados de la palabra.

–“Vos querés que te pase mi agenda”– le respondió el sacerdote sorprendido por la demanda del uniformado.

–“Sí, que me dé su agenda”– le confirmó el Policía.

El sacerdote lo cuestionó. Le dijo que no estaba dispuesto a brindarle ningún tipo de información, que ese acto era abuso de autoridad e incorrecto, pero todo bajo un tono cordial, aseguró el cura.

Él admite que sintió temor de ser apresado, tras ver las últimas acciones autoritarias del orteguismo contra la Iglesia. “¿Quién quiere sufrir eso (la cárcel)? Nadie, pero cuando me iba a hacer mi oración al Santísimo: Señor ayúdame, dame fuerzas, yo sentía la fuerza de Dios, se me quitaba el miedo, me sentía muy bien, muy contento porque sé que estaba haciendo lo correcto. Estoy llevando la cruz del Señor”, dice reconfortado el sacerdote.

El sacerdote “Luis” ha logrado seguir celebrando misa con la Policía afuera, consciente que en cualquier momento pueden ingresar al templo, pero afirma que la “fuerza del Espíritu Santo” le da el valor para continuar con su ministerio y “rezar por las personas que nos están acosando”.

–¿Ha pensado en exiliarse?

–“Hay momentos en que yo lo pienso”– responde. Y en seguida, agrega: “Yo pienso que el irme sería abandonar lo que el Señor me ha dado, pero eso Él me lo tiene que decir”.

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