Oposición nicaragüense invoca la “esperanza” de abril…

…y llama a sumarse a empleados públicos

Francisca Ramírez, Yubrank Suazo, María L. Alvarado, Gonzalo Carrión, y Eliseo Núñez: “La tarea es de todos la resistencia en Nicaragua, y el exilio”

Por Iván Olivares (Confidencial)

HAVANA TIMES – A cuatro años del estallido de la Rebelión de Abril, las ansias de libertad del pueblo nicaragüense siguen vigentes, y aún más, en la medida en que la dictadura eleva la represión, y crece el número de los presos políticos, los exiliados y los desempleados, según la opinión de cinco opositores en el exilio, consultados por Esta Noche.

Gonzalo Carrión, presidente del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, cuando señala que, aunque él y sus colegas nicaragüenses que integran esta organización ya tienen tres años de estar en el exilio, “se mantiene la confianza, la convicción de que Nicaragua verá ese momento grande y deseado”, en referencia al fin de la dictadura.

El abogado admite que eso no pareciera ser cierto en este momento, porque “se ha impuesto un estado de terror brutal, feroz, que se agrava cada día, pero es también una demostración de la debilidad de una familia que pretende imponerse con la fuerza, de los fusiles, porque es todo lo que tienen. ¡No tienen nada que ofrecer!”.

María Laura Alvarado, integrante del Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco, tiene “muchas expectativas de cambio, sobre todo porque Ortega y Murillo no son para siempre. Podrán estar en el poder unos años más, pero no son para siempre”, insistió.

Ante ese escenario, llama a las nuevas generaciones a estar preparadas ante los cambios que requerirá el país, “sea que llegue quien sea de la oposición al poder” mientras considera que debe haber una fuerza opositora fuerte y, sobre todo, “edificar una visión compartida de país, que nos permita reconstruirlo y refundarlo, porque Ortega y Murillo lo van a dejar en ruinas el día que logremos sacarlos”.

Yubrank Suazo retoma la campaña que dice ‘Abril es Esperanza’, al señalar que “la esperanza de 2018 continúa viva en el sentir de todos los nicaragüenses, y de manera muy particular en el sentir de los empleados públicos que no pueden alzar la voz; que asisten a sus centros de trabajo porque hay un compromiso, una obligación, un deber, de llevar el pan de cada día a la mesa de sus hijos”.

Muchas razones para una explosión

El exdiputado liberal Eliseo Núñez no cree que el espíritu de abril se haya desvanecido, aunque hayan transcurrido ya cuatro años de la Rebelión Ciudadana. “Lo que pasa es que eso fue un momentum, y no se pudo aprovechar por una serie de factores, pero las razones por las que sucedió abril, están ahí”, señala.

Entre esas razones, menciona que la gente sigue sometida, sin derecho a opinar, sufre las consecuencias de la corrupción, y “aunque la economía sigue creciendo -según el Gobierno- eso no se ve en las calles: la gente sigue sin empleo, igual que antes de 2018, cuando la economía crecía, pero la riqueza quedaba en manos de los que estaban alrededor del Gobierno, y aquellos a los que el Gobierno había decidido favorecer, mientras la población vivía en la pobreza”.

“El colapso de abril se debe a que el Gobierno fue incapaz, en todos los años desde el 2007, de lograr que la gente pudiese tener mejores empleos, mejores salarios. La gran ventaja competitiva de Nicaragua continuaba siendo, a abril de 2018, tener la mano de obra más barata del hemisferio”, cuestionó.

Doña Francisca Ramírez se identifica con los campesinos que, como ella misma señala, ya estaban movilizados desde cinco años antes que estallara la Rebelión de Abril, en defensa de la propiedad de sus tierras, amenazadas por la Ley 840.

“Los campesinos estamos demandando el cambio desde 2013. Hoy tenemos claro que somos el pueblo, que tenemos que luchar para lograr ese cambio. Tenemos que retomar la organización interna del territorio, establecer acciones de resistencia que no solo sean en redes sociales, sino en acciones”, graficó.

La tarea es de todos, según Yubrank Suazo, lo que incluye a quienes siguen dentro del país “y persisten con su resistencia”, como los que están en el exilio, organizados, “tratando de unificarse en la acción… de manera muy particular, aquellos que están en Costa Rica y Estados Unidos”, definió.

Pensando en los nicaragüenses que siguen dentro del país, María Laura Alvarado, de la UNAB, recomienda a la ciudadanía mostrar su apatía para con el régimen; evidenciar qué está mal dentro del sistema, porque “el régimen violenta todo tipo de normas institucionales dentro del Estado, así que es importante que los ciudadanos puedan seguir denunciando esas irregularidades”.

Explicó que como organización opositora, la UNAB está tratando de articular fuerzas, porque entiende que combatir a la dictadura, no es algo que pueda hacer por sí sola, así que están tratando de articular a las demás fuerzas de la oposición, a través de procesos de diálogo político, fortaleciendo el acercamiento con la diáspora nicaragüense afincada en Estados Unidos y en Europa.

¿Fracasó la Rebelión de Abril?

Pese a ver morir a más de 300 ciudadanos, y mientras Ortega y Murillo siguen atornillados en el poder, Núñez, Alvarado y Ramírez, no están de acuerdo con que se use el epíteto ‘fracaso’ para referirse al grito de libertad que estalló en abril de 2018.

La lideresa campesina asegura que “la Rebelión de Abril y las demandas por el cambio no han fracasado. Los que fracasaron fueron quienes en ese momento representaron el diálogo. La rebelión tenía claras sus demandas. Quien no las tenía claras era el gran capital, porque nunca quisieron sacrificar lo económico. Siempre privilegiaron los intereses económicos, no las demandas por el cambio. El pueblo logrará ese cambio”, sentenció.

Alvarado, de la UNAB, asevera que “las demandas y la Rebelión de Abril llegaron a oídos de la comunidad internacional, y hubo resultados en ese momento, sin embargo, no fueron los resultados que la ciudadanía esperaba, que era poder sacar a Ortega. Eso no se logró, pero hay ciertos logros que sí deben reconocerse. No es una derrota completa”.

Núñez explica que “estos son procesos largos”, en especial, siendo que se trata de una lucha no violenta en las que “normalmente no se logra el objetivo al primer intento, porque es más fácil enojarse que organizarse”, y en este modelo de lucha hay mucho enojo, mucha reacción a lo que hacen los regímenes dictatoriales, pero poca capacidad de organización.

A cuatro años, lo que se ve es “una sociedad civil fusionada con entidades políticas, fusionada en intereses con organizaciones paralelas, otra serie de expresiones. Exponencialmente, hoy hay más organizaciones en contra del régimen, que las que había en abril de 2018”, calculó.

En abril de 2018, la ciudadanía nicaragüense se levantó en protesta por las reformas unilaterales a la Ley de Pensiones, demandando además, justicia y democracia, reclamo que derivó en un ‘diálogo’, que no fue más que una treta para ganar tiempo mientras las fuerzas parapoliciales leales a la familia gobernante, desmontaban la protesta a sangre y fuego.

Según pruebas recabadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el resultado de esa violencia fue el asesinato de -al menos- 355 personas, y aunque una dictadura omnipresente pareciera justificar la conclusión de que sus muertes fueron en vano, las fuentes advierten de un hecho cierto: esta historia no ha terminado.

Lea más desde Nicaragua aquí en Havana Times



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.