Nicaragua: El sufrimiento de la niñez con padres encarcelados

Las afectaciones de la niñez nicaragüense a raíz de la crisis sociopolítica, también alcanza a los hijos e hijas de presos políticos

 

Por Mónica García Peralta  (Confidencial)

HAVANA TIMES – Es lunes. 20 de mayo de 2019. Una de la tarde. Los pequeños Abril Ariana, Roberto Leonel y Ángel Neomar de diez años, ocho años y tres meses respectivamente, tienen meses de no tener a su papá en la casa. Su mamá, Mazkiel Hernández, ha ido al Chipote incontables ocasiones, al penal La Modelo, a los juzgados e incluso a organismos de derechos humanos locales e internacionales a denunciar el arresto de su esposo.

De repente ve en redes sociales que el régimen anuncia una nueva excarcelación de presos políticos y con esperanzas busca la lista oficial. Encuentra la lista: cien personas saldrán de la cárcel, pero no libres. Entran a un “régimen de convivencia familiar”, como le ha llamado la dictadura al hecho de mantener secuestrados a los nicaragüenses que han protestado en contra de sus crímenes. Aún así Mazkiel desea que su esposo Roberto Cruz Altamirano, al fin salga.

Han pasado once meses desde que lo apresaron. Este lunes, los dos hijos mayores visten su uniforme del colegio, no tienen mucho de haber llegado, recién han almorzado. El bebé duerme. Mazkiel avanza en la lista y ve nombres conocidos. “En esa lista viene Róger de Tipitapa y digo: ¡Róger va a salir!, sigo leyendo en la lista, me sale Chico, me sale Hamilton y me sale Dilon”, recuerda.

¡Que venga papi! ¡Que venga papi!

Roberto Cruz con su hija antes de ser apresado. Cortesía | Niú

Mazkiel tenía años planificando para no tener hijos, pero “Dios me mandó un regalo”, asegura, al hablar de su bebé más pequeño. Ahora el bebé Ángel Neomar tiene tres meses. Ella y su esposo se enteraron de que estaba embarazada el 27 de junio de 2018, un día antes que lo secuestraran paramilitares. Roberto se dirigía a Managua a dejar ayuda a estudiantes heridos durante las protestas que surgieron en abril.

“Pensé que (Roberto) tenía las posibilidades de salir, pero al mismo tiempo no lo creía porque él tiene una condena de 23 años por ‘crimen organizado’, una de 20 años por ‘terrorismo’ y una tercera no había salido, que era una que lo habían vinculado con don Eddy Montes. No lo pensé, pero sigo leyendo, y me decía mi niña: ¡que venga papi!, ¡que venga papi!, y en el número 96 está Roberto”, dice Mazkiel.

Un fragmento de la lista de presos políticos que fueron excarcelados el 20 de mayo pasado. Entre ellos iba el reo de conciencia, Roberto Cruz Altamirano.

Cuando leyó el nombre de Roberto en la lista oficial de la Policía sintió una gran emoción, pero quién más lo sintió fue Abril. Se atacó en llanto y desde ese momento, hasta las cuatro de la tarde que llegó su papá solo sabía decir: ¡Ya viene papi! ¡Ya viene papi! Y se estuvo asomando en la puerta esperando el momento de la llegada de su papá, después de tenerlo lejos por más de 320 días.

“Vayan a vestirse bonito, les dije a los dos y Abril buscó su huipil azul y blanco, Roberto Leonel se puso una camiseta que dice Nicaragua. Apenas lo vieron, el niño no tuvo momento para despegarse y la niña respiró profundo porque ya estaba su papi aquí”, relata la mamá.

Los niños son los más afectados

Edwin Carcache, una de las caras más visibles de la Coalición Universitaria, tiene dos hijos pequeños. Carlos Herrera | Niú

Mazkiel dice sentirse feliz al igual que sus hijos. Abril se levanta por las noches, lo ve acostado en la cama y no puede creer que está ahí con ella. Sin embargo, hay todavía decenas de personas privadas de libertad que tienen hijos sin que se tenga certeza de cuándo saldrán. Pese a que el régimen de Daniel Ortega ha prometido liberación total de ellos antes del 18 de junio próximo.

Ese es el caso de la hija de Edwin Carcache, de cinco años, quién solo ha podido visitarlo una vez en el Sistema Penitenciario donde se encuentra recluido y no dimensiona aún lo que significa que su papá esté preso. Ella es la primera hija de Edwin, quien también tiene un pequeño de tres años que vive fuera del país.

“A ella lo que se le decía es que su papá andaba trabajando y que pronto iba a volver. Pero Edwin sufría mucho por ella, nos pedía a mí y su mamá que quería verla, y nosotros le prometíamos que se la llevaríamos pronto. No queríamos exponerla, tratamos de mantenerla al margen, no nos gusta que sea público su nombre ni muchos detalles, por seguridad”, cuenta Edwin Carcache, papá de uno de los presos políticos más reconocidos de la lucha cívica.

Papás de Edwin Carcache. Franklin Villavicencio. | Niú

Según cuenta Carcache padre, sí hubo un día que se la llevaron. “La niña lloró mucho, él lloró mucho. Le decía papito, ya me quiero ir de aquí, ya me quiero ir, quiero que te vengás conmigo. Solo esa vez se la hemos llevado”, explica.

El papá de Edwin cuenta que el sitio donde vive la pequeña es bastante vulnerable, pero aún así, han intentado no sacarla del colegio y mantener su rutina normal. Él como su abuela siempre ha tratado de estar presente, llevarle regalos o juguetes, y en ocasiones, le dice que se lo manda a su papá, “para mantenerle vivo el recuerdo, que no se olvide de su papá y que no vaya a pensar que la ha abandonado”, dice.

Intentan protegerlos

Así como los abuelos de la hija de Edwin Carcache, han intentado protegerla, también lo intentó Mazkiel con sus hijos. El día que tuvo que anunciarles que su papá estaba preso, no sabía como hacer, pero pensó en ponerles un panorama neutro, dándoles también la noticia de que tendrían un hermanito.

 “Me tocó darles la mala y la buena noticia, que a pesar que él no estaba, Diosito nos había mandado a un bebé. Les dije que su papá estaba preso, secuestrado, que no íbamos a poder hablar con él. Fue algo duro, fue algo complicado. Ni siquiera queríamos llevarlos al Sistema, primero no los llevé, me iba yo sola a la visita, porque ese día reaccionaron tristes por su papá, pero en parte alegres por su hermanito”, recuerda Mazkiel.

En el 2018, Mazkiel tuvo que sacarlos del colegio, porque tanto a ella como a la mamá de Roberto, la habían amenazado y no quería que nada les pasara. «Mi hijo se asomaba a la puerta y era un horror y todavía no puede estar cerca de la puerta, miraba a los policías y tenía un sentimiento de odio y miedo. La niña si sufrió mucho, todavía ahorita que entró al colegio, el director la mandó donde el psicólogo porque lloraba mucho y algunos niños le dijeron un montón de cosas a ellos”, detalla.

Visitas en la cárcel

“Yo a Edwin le he dicho siempre, que uno puede separarse de sus parejas, pero no existe separación de los hijos. Y él lo sabe muy bien eso. Siempre lo practica y se lo demuestra a sus dos hijos, así era antes de estar preso al menos. E incluso estando en la cárcel cuando tiene oportunidad de saludarlos lo hace”, cuenta el papá de Edwin.

La pequeña que vive en Nicaragua, no sabía que su papá estaba en la cárcel, pero en una ocasión lo vio en las noticias y supo inmediatamente que era él en el televisor. Después de eso ella preguntaba y quería irlo a ver. “Hasta que al fin se la llevamos, yo se la llevé, pero él sufrió mucho y ella solo sabía que quería llevarse a su papá de ahí, por eso hemos optado por mantenerla al margen mejor”, cuenta Carcache padre.

Edwin Carcache padre, intenta mantener contacto permanente con su nieta. Carlos Herrera. | Niú

Maskiel, al inicio, también intentó no llevar a sus hijos, pero no pudo soportar las peticiones cada vez más frecuentes de sus hijos que querían ver a su papá y accedió a llevarlos cuando Roberto Cruz tenía tres meses de estar preso.

“Habíamos de que no íbamos a hacer pasar a los niños por eso, pero la niña, principalmente, fue quien comenzó a pedir que quería ver a su papi. Entonces un día los alisté, los llevé. Él  cuando los ve comienza a llorar, y me dijo que no quería que viniera. Ya los vio, estuvieron ahí, la niña lloró prácticamente toda las dos horas que dura la visita, que no quería dejarlo, no lo puedo dejar aquí, me decía”, recuerda Maskiel.

Después de eso, Abril contaba los 21 días y por nada del mundo se quedaba. Ambos pequeños aguantaban igual que Mazkiel estando embarazada, grandes filas, sol, cansancio. Se levantaban tempranito y volvían a Matagalpa tarde, pero ellos no se quejaban porque querían ver a su papá.

Roberto Cruz y sus hijos mayores el día que fue excarcelado. Cortesía. | Niú

“Era tan triste verla a ella llorando y verlo a él llorando. Él es un hombre muy fuerte, pero con sus hijos no. Mis hijos no tenían que pasar por todo lo que pasamos. Un día le dije a ella: necesitamos que seas fuerte, tu papi se queda muy triste ahí adentro, nosotros regresamos a la casa, tenemos nuestra camita, tenemos comidita, tu papá no, tu papá se queda ahí adentro y se queda solito, para él es mucho más triste, yo quiero que seas fuerte y le demostrés que sos fuerte”, recuerda entre sollozos Mazkiel.

Roberto por su parte, ahora que está excarcelado, sigue soñando con una Nicaragua mejor para el futuro de sus hijos. “Trabajar para ellos, que logren terminar sus estudios, no pensamos huir de este sistema, tenemos que brindarles la mayor protección, darles la mejor educación posible y es lo que les propondría al resto de los padres para que no se cometan estos mismos errores. Tratarles de explicar la situación en la que se da todo esto y brindarles amor y cariño”, asegura Cruz.

“Nosotros le tenemos que enseñar a nuestros hijos que hay que estudiar, hay que trabajar para ganarse las cosas. Sabemos que todavía hay niños que no tienen a su papá porque están encarcelados o en el exilio. Pero hay más de 300 familias que se quedaron sin sus seres queridos que no van a volver», explica Mazkiel.

 

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