Necesitamos otro modelo

Pero de socialismo, no de capitalismo disfrazado

Pedro Campos

Verano 2010 en La Habana

HAVANA TIMES, Sept. 11 —En entrevista concedida a The Atlantic, órgano de prensa de EE.UU., el compañero Fidel Castro manifestó que el “modelo cubano no funcionaba ni para nosotros mismos,” según distintas versiones de prensa.

En ningún momento habló del socialismo, sino del “modelo” y otra  periodista presente en la conversación estimó que se estaba refiriendo al alto nivel de participación del estado, factor que caracteriza, precisamente, al llamado “socialismo de estado” o “real,” fracasado en todas partes, el cual mantuvo la propiedad concentrada en el estado y la forma asalariada de trabajo, que el mismo Lenin denominó como   capitalismo monopolista de estado.

Se trata de la continuación, en una nueva fase, de las ideas que él expresara en noviembre del 2005 en la Universidad cuando habló (no textual) del carácter reversible de la Revolución a consecuencia de la propia acción de los revolucionarios, si no éramos capaces de resolver los graves problemas de corrupción y burocratismo presentes, que –se ha demostrado- engendra precisamente ese “modelo” estatalista, de componentes neoestalinistas.

No ha llegado Fidel a la fase de definir públicamente, cuál sería el nuevo modelo para él. Quizás algo nos llegará en lo que falta por publicar de su entrevista con el órgano de prensa estadounidense. Pero opiniones entre los comunistas y revolucionarios no han faltado.

El debate, -a veces álgido, por momentos tenso, no abierto, ni desde las mismas condiciones, sostenido por muchos revolucionarios y comunistas desde dentro, desde la precariedad, la paciencia y la tolerancia, a riesgo de incomprensiones y en medio de burdas acusaciones y manipulaciones-, puede haber contribuido, de alguna manera, a que él llegara a esa conclusión.

Objetivamente vivimos en un país concreto, con una historia específica y si bien el propio desenvolvimiento de las relaciones económicas y sociales han llevado a mucha gente a ese mismo resultado y por su propia experiencia de vida, unos han creído que la solución está en el capitalismo privado y otros en un cambio real de las formas estadocéntricas a  un verdadero socialismo más participativo, democrático, inclusivo, con varias formas de organización de la producción, donde el sistema cooperativo-autogestionario de los trabajadores libremente asociados pueda ir imponiéndose, con un estado todavía necesario pero pequeño y concentrado en algunas labores generales principales, lo cierto es que en Cuba esa dirección histórica, que algunos preferirían desconocer, es la que puede dar hoy, en nuestras condiciones, ahora mismo, un golpe de timón en una u otra dirección.

Esto no niega que la revolución, los cambios, se produzcan verdaderamente y se vengan haciendo desde abajo. Desde abajo hemos estado luchando por esas ideas durante decenios en Cuba y, por ello,  sufrido represiones más o menos abiertas.

Verano 2010 en La Habana

Desde abajo los trabajadores han impuesto una repartición de las utilidades distinta a la que ha pretendido el estado burocrático (y no hablo de personas) y están obligando a la remodelación; desde abajo los diversos actores políticos, las minorías políticas, incluida la oposición (ayuda y financiamiento externo aparte) han impuesto sus presencias; los homosexuales la suya; los negros y mestizos también han estado luchando contra la discriminación existente; las mujeres discriminadas en la supuesta igualdad de sexos, han defendido sus derechos.

Los partidarios de la no-violencia en las relaciones humanas de todo tipo han hecho hasta una marcha pública por la céntrica Avenida de 23 en el Vedado; los ecologistas han hecho blogs y desarrollado actividades de proganda pública; los intelecutales se las han arreglado para hacer foros en inter e intranet y aprovechar los pocos espacios de debate para exponer sus posiciones.

Los raperos y otros muchos artistas del pueblo –a contrapelo de instituciones oficiales y prohibiciones- han llamado las cosas por su nombre popular y han estremecido los oidos del pueblo y los burócratas, por mencionar solo algunas de las manifestaciones más claras de acciones desde abajo, de esa revolución bullente, popular y democrática que no se decreta desde ningún despacho.

Pero, si a pesar de su sectarismo, de su incapacidad para aceptar cualquier cosa que no provenga de sus disquisiciones, del tiempo que nos ha hecho perder, de sus indecisiones, de su indisposición al diálogo siquiera entre revolucionarios, de su resistencia a convocar el Congreso del Partido, esta dirección se decide a propiciar los necesarios cambios socializantes y democráticos, económicos y políticos, no solo debe contar con nuestra aceptación no sectaria, sino también con nuestra cooperación más amplia.

La nuestra y pediría que la de todos los cubanos de buena fe, estén dentro o fuera del país, en la búsqueda de esa Cuba martiana “con todos y para el bien de todos.” Hemos sido criticados por nuestra cooperación crítica, quizás la historia reconozca que puede haber sido una táctica acertada.

Verano 2010 en La Habana

Pero nadie crea que en nombre de otro modelo, podrá mantener el viejo estado burocrático, autocrático y centralizado de antaño y realizar, al mismo tiempo, reformas superficiales económicas que solo sirvan para consolidar el poder de unos pocos. La realidad obliga a cambios: socialismo o barbarie.

Para avanzar hacia un nuevo socialismo, y nadie habla de comunismo que demanda otros cambios internacionales, que cuente con amplio respaldo popular, habrá que dejar bien establecidos los limites del estado, dar libertad al trabajo por cuenta propia  y a las cooperativas   (o empresas cogestionadas) que -se dice- se empiezan a estructurar en los servicios y la industria pequeña en propiedades estatales, la capacidad real de los trabajadores para decidir sobre la gestión y la distribución de las utilidades, sus relaciones con el entorno comunitario, la posibilidad de obtener créditos y vender libremente sus producciones internamente o exportarlas, sin controles abusivos del estado.

Habrá que hacer una nueva ley de cooperativas, que reconozca los principios de este sistema sin paternalismo ni control estatal en la agricultura y se extienda a los servicios y a la industria. Habrá que permitir las uniones de cooperativas. Habrá que dejar bien clara la diferencia entre cooperativas y empresas del estado que gestionen los trabajadores o el mismo estado. Habrá que regular democráticamente las formas de la inversión extranjera, de manera que no puedan ellas explotar directamente el trabajo de nuestros trabajadores ni puedan apropiarse de nuestra tierra y nuestros recursos naturales.

Cuba, como ningún otro país del mundo, está en capacidad de dar el paso socialista.

Verano 2010 en La Habana

¿Y cómo hacer esto sin acabar de unificar la moneda, que encierra una de las más brutales formas de explotación de los trabajadores por el estado que monopoliza la propiedad y el mercado?

Y nada de esto sería verdadero si no se cuenta con los trabajadores y los ciudadanos todos, sin escuchar ni dar participación en las acciones concretas a los que han venido trabajado sobre estos temas desde distintas posiciones, aunque no concordemos totalmente, sin establecer un verdadero sistema participativo en los medios de difusión, sin democratizar estos medios y sin claras reformas democráticas al sistema electoral y a las formas en que se designan y eligen los representantes del Poder Popular, sin reestrucurar el funcionamiento de éstos órganos y sin establecer los presupuestos participativos municipales, provinciales y el nacional, aprobados democráticamente. Asuntos ampliamente tratados en otro artículos. Sin democracia, no hay socialismo posible.

Si de lo que se tratara, fuera de buscar otro “modelo” que no sea ese ampliamente participativo y democrático, anticapitalista y antiimperialista, -y hablo de un camino y no de un esquema-, y cambiar para más capitalismo, que es la búsqueda de lucro y ganancias por medio del trabajo asalariado, depredador de la naturaleza, más inversiones extranjeras, más control de la burocracia, repartición de la piñata estatal entre burocrátas, Comité Central lleno de millonarios y otras cosas por el estilo,

Sería transitar a una caricatura de socialismo con  pies de barro, que pronto se transmutaría en el regreso del capitalismo privado, vía expedita a la anexión real o virtual que tanto añoran las fuerzas más oscuras del imperialismo y sus acólitos de origen cubano.

Pero entonces, más temprano que tarde, esa revolución subterránea bullente estallaría, y ya el cuento…el cuento sería otro…quién sabe cuál…


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