Mujeres y Covid en Cuba: construyendo resiliencia

Por IPS-Cuba

Hilda junto a sus dos nietos que cursan la enseñanza primaria durante la transmisión de la tele-clase, en la sala de su casa en el capitalino municipio 10 de octubre, La Habana, Cuba. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

HAVANA TIMES – Si bien la covid-19 ha impactado de manera radical a la ciudadanía, sus huellas siguen siendo más hondas para las mujeres, quienes por persistencia del orden patriarcal siguen asumiendo las tareas domésticas en muchos hogares. A este asunto se acerca la Redacción IPS Cuba desde las experiencias y opiniones de cinco mujeres cubanas.

¿Cómo ha impactado el coronavirus la vida cotidiana de las mujeres en Cuba, teniendo en cuenta que sobre ellas recae, por persistencia del orden patriarcal, el peso de las tareas domésticas y de cuidados?

Betty Hernández Becerra

Pensar desde la covid-19 hace inevitable que se piense en negativo. Eso no niega que existan lecturas positivas posibles como podrían ser tener más control de los tiempos propios, no responder a horarios establecidos desde imposiciones patriarcales como pueden ser jornadas extensas que afectan los ritmos femeninos de la vida, mayor integridad familiar, revaloración de lo que resulta importante para vivir, mayor conciencia del papel que desempañamos en la naturaleza como una especie más, pero esa mirada no es la que está en el imaginario social cuando de manera espontánea pensamos en palabras, sentimientos y vivencias que se asocian en la pandemia.

Reconozco en la imposición básica de la lucha contra este virus y la propuesta de quedarse en casa, una sobrecarga que la mujer, a la par —respondiendo a una exigencia patriarcal de poder— intenta desempeñar con éxito, y en el mismo tiempo cumplir estas tareas:

        Desarrollar teletrabajo

        Acompañar teleclases

        Mantener la higiene en el hogar

        Cuidar de los niños y enfermos

        Desplegar la creatividad para alimentar a todos en casa

        Estar pendiente de los productos necesarios y las colas para alcanzarlos

        Descuidar la salud física y emocional

Las mujeres cubanas, a pesar de las conquistas alcanzadas, contamos con pocas garantías, muchas exigencias, incluso propias, y escaso espacio personal. Estos elementos que no siempre son visualizados de forma crítica y, por el contrario, refuerzan, en tiempos de pandemia, estereotipos de género asignados culturalmente y que nos tienen desde milenios mirando una fotografía de mujer cuidadora, educadora, doméstica, sumisa, afable, complaciente y dada a los otros.

Esta idea no ha cambiado sustancialmente pese a la incorporación lograda en a la vida pública, vida que está diseñada desde las imposiciones patriarcales y a la que los hombres también responden acríticamente.

Asociado al hecho de quedarse en casa también está el convivir, por tiempo y espacio prolongados, con la diversidad familiar con la que no siempre se sostienen buenas relaciones, ahora sin escape porque estamos todos en casa. Y paso de pensar en la convivencia de varios miembros de la familia en el mismo hogar con intereses y posiciones distintas con relación a la vida: nueras, suegras, hijos de distintas generaciones, hasta llegar al desarrollo de múltiples formas de violencia directa e indirecta con su consecuente daño psíquico y físico en el ámbito de la pareja, en la relación con los hijos, los ancianos y hasta los animales domésticos.

La invisibilización de la violencia de género y el no reconocimiento de sus manifestaciones indirectas trae aparejada la aceptación de conductas “más sutiles” como normales e, incluso, como necesarias para funcionar en la vida cotidiana. La subordinación de género y la violencia asociada está naturalizada y diferenciada en relación con los ámbitos de lo público y lo privado en tanto espacios que han sido socialmente asignados a hombres y mujeres respectivamente.

No constituyen minoría, lamentablemente, las personas que piensan que si no hay daño físico no hay violencia y que la legitiman como parte del proceso educativo.

Construir resiliencia en medio de escaseces y dificultades ha sido un reto para las mujeres. ¿Cuáles son los principales efectos sobre la salud y estabilidad física y emocional que implica para ellas crecerse ante situaciones de crisis?

Yuliet Cruz

Precisamente como explicaba, la superposición en tiempo y espacio de una multiplicidad de roles, muy demandantes, los cuales asumen las mujeres ya, de por sí, son condiciones bastantes estresantes y generan cansancio. Si esto ocurre en estas circunstancias —ya llevamos más de un año—, marcadas por la incertidumbre, el temor, tanto latente como práctico de enfermarse, asumir las consecuencias de un posible contagio y si, además, eso sucede en condiciones materiales limitadas, donde la satisfacción de necesidades básicas como la alimentación, la higiene es bastante difícil y requiere de esfuerzos, recursos económicos, tiempo, pues estamos hablando de unas realidades de vida complejas, estresantes para todas las personas pero, en especial, para quienes tienen mayor responsabilidad en el cuidado de otras personas.

La sensación de cansancio sostenido, tristeza, depresión, frustración ante el hecho de desempeñar estos roles con limitaciones e, incluso, la dificultad para satisfacer necesidades personales por el poco tiempo y las pocas energías disponibles para el descanso, el autocuidado, el ocio, hacen que el panorama sea muy difícil.

En esta etapa de gestión de la pandemia, así como en la tan deseada de nueva normalidad las instituciones de salud tendrán que ofrecer servicios de salud mental suficientes y de calidad para suplir las necesidades que se han ido generando y necesariamente van a emerger como resultado de esta crisis sanitaria. Ya se observan problemas de salud mental y física que constituyen desafíos adicionales.

Otro asunto, no menos importante, es la violencia contra las mujeres y las niñas, donde el hecho de estar más tiempo en casa conviviendo con sus maltratadores, y las limitaciones que existen para activar las redes de apoyo debido al acatamiento de las medidas de distanciamiento físico, es ya un problema relevante que están enfrentando muchas mujeres y que será necesario atender adecuadamente.

No es menos cierto que durante este tiempo se han venido desarrollando algunos esfuerzos para ofrecer servicios a distancia que propicien apoyo psicológico a las mujeres que son maltratadas; no obstante, será necesario implementar estrategias que trasciendan la virtualidad y acompañen de modo cercano las realidades que ellas viven.

Las redes sociales han sido aliadas de muchas experiencias e iniciativas de resiliencia lideradas por mujeres en tiempos de pandemia. ¿A su juicio, cómo podrían hacerse más visibles, ser más efectivas y mejor aprovechadas?

Arlen Martínez

Particularmente no me siento cómoda con este tipo de apoyo. Sé que a muchas personas les funciona y les ha ayudado a sobrellevar este tiempo de pandemia. Me satisface que las hayan encontrado y se hayan beneficiado de estas iniciativas, desarrolladas, por lo general, a través de grupos de Whatsapp; sin embargo, en lo personal no me siento a gusto compartiendo mis pequeños tormentos con desconocidos. Prefiero buscar apoyo en las amigas cercanas, muchas de las cuales están viviendo situaciones similares a las mías.

Lo anterior no desconoce el rol que muchas de estas experiencias han desempeñado en el actual contexto pues sé que han sido un pilar fundamental para muchas familias, que gracias a ellas han podido mejorar aspectos claves como la convivencia en el hogar o la comunicación, en tanto han podido conocer sobre los estímulos adecuados para el desarrollo de sus hijos.

Por supuesto que estas experiencias pudieran ganar mayor visibilidad con un mayor número de trabajos periodísticos que las reconozcan y promocionen, sobre todo en los medios nacionales y provinciales de mayor alcance. Algo se ha hecho, pero nunca es suficiente.

Muchas veces los modelos económicos no miden el trabajo productivo que realizan las mujeres en el hogar y se adoptan decisiones que amenazan los esfuerzos por garantizar el pleno acceso a determinados servicios que pudieran mejorar sus condiciones y calidad de vida. ¿En las circunstancias impuestas por la pandemia, considera que cambiar estos parámetros es ya un imperativo, por qué?

Betty Hernández Becerra

Por supuesto que es un imperativo, a partir del proceso de actualización del modelo económico es posible percatarnos que los hombres se beneficiarán a corto plazo mientras que las mujeres tendrán que esperar por mejoras en las políticas sobre el trabajo, el cuidado infantil y de adultos mayores, los servicios de infraestructura (agua, electricidad, gas), los servicios de apoyo al hogar, el transporte, la tecnología y las comunicaciones, por solo citar algunas.

Surge ahora el Programa de Adelanto para la Mujer que es, sin dudas, una posibilidad que solo contribuirá a cambiar esta realidad si sale del marco de la institucionalidad y dialoga con la sociedad civil a fin de que cada quien haga su parte en la construcción de un futuro mejor para Cuba, que incluye a las mujeres y que necesita trascender la mera descripción de cuántas somos o estamos y adentrarse en las relaciones de poder que se materializan en los espacios públicos y la falta de reconocimiento de las tareas domésticas como una trabajo que sostiene el sistema capitalista y sus opresiones.

La política cubana incluye explícitamente sus intenciones de equidad y justicia social pero precisa que se materialice esa intención desde modos de actuación que deben quedar definidos y que, a mi juicio, deben ir más allá de la capacitación que tantas veces es aludida en el Programa, que asumo necesaria pero no suficiente. Pero si nos quedamos en este anclaje de capacitación, retomando el valor de la educación para promover cualquier cambio, vale que nos preguntemos qué tipo de capacitación, o de formación, desde qué concepciones pedagógicas. Nuestras intenciones de cambio solo podrán concretarse desde una pedagogía liberadora y sustentable y no desde una pedagogía que reproduce la opresión y la discriminación.

¿Qué lecciones le ha dejado, en lo personal, la covid-19 en el sentido de cómo organizar su vida, su trabajo, su modo de participar y producir cambios en la familia y la comunidad?

Betty Hernández Becerra Lecciones muchas, organizarlas ahora mismo ya es complicado porque están cargadas de vivencias que han implicado sobrecargas pero van, sin dudas, por la necesidad de reorganizar la vida familiar, involucrar más allá del género y la edad, disfrutar el hacer, apartarme de los tiempos del reloj y permitirme acercarme a los ritmos de la naturaleza, estar ausente de si es lunes o viernes o si son las 8.00 a.m. o las 3.00 p.m. Ello me permite cumplir los compromisos con un estado de ánimo y una disposición favorable que precisa orden pero se puede permitir el desorden necesario para reír, compartir, estar juntos y ser consciente de lo que hacemos.

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