Más controles empuja a migrantes a usar rutas acuáticas

Personas atraviesan el río Suchiate en una balsa en la frontera Guatemala y México. Foto: Organización Internacional para las Migraciones (OIM)

La mayoría de ellas son más caras y peligrosas, solo sirven para evadir unos cuantos controles mientras recorren México para llegar a Estados Unidos

Por La Prensa

HAVANA TIMES – En medio del incremento de la fuga masiva de nicaragüenses que arriesgan su vida para ingresar irregularmente a Estados Unidos, algunos han reportado el uso de vías acuáticas que los “coyotes” les ofrecen como itinerarios nuevos y más seguros. Sin embargo son vías más peligrosas, porque la precariedad de las lanchas que utilizan los expone a naufragios y además, son rutas dominadas por el crimen organizado, al que no le gusta que los migrantes las utilicen.

Sin embargo, cada vez que aumentan los controles terrestres, como ocurre actualmente para frenar el avance de los migrantes venezolanos, estas rutas resurgen como opción para evadirlos, aunque resulten más caras y riesgosas.

“Esas rutas las maneja el crimen organizado para trasegar drogas y contrabando, entonces no les gusta que los migrantes pasen por allí porque cuando lo hacen atraen la atención de las autoridades y medios de comunicación. Entonces, el foco de atención se centra en ellas, se desactiva, las dejan de usar. Además no son de uso masivo”, dice Rubén Figueroa, del Movimiento Migrante Mesoamericano y director del Proyecto Puentes de Esperanza, que busca migrantes desaparecidos.

Las más conocidas y utilizadas

De acuerdo con información proporcionada por personas que conocen estas vías, las rutas acuáticas más conocidas y usadas para evadir los controles migratorios de la frontera sur de México son:

1. La del río Suchiate. En Tecum Uman, Guatemala, los migrantes toman balsas armadas con neumáticos unidos por tablas. Esta es una opción para cruzar la frontera y entrar a México. El trayecto es corto y el pasaje cuesta en promedio 5 dólares. En verano muchos cruzan caminando ya que la profundidad del río no llega a los dos metros. Pero los que más usan este paso son los contrabandistas.

2. Entre zonas costeras de San Marcos y Retalhuleu, en Guatemala y el Estado de Oaxaca, en México.

3. En territorio mexicano entre Tapachula, Chiapas y Oaxaca.

4. También en territorio mexicano entre Oaxaca y Colima.

5. En la frontera norte, entre la zona costera de Rosarito y Ensenada, en Baja California, México y las playas de California en Estados Unidos. Esta se considera aún más peligrosa por la fuerza y calidez de las aguas.

Aumenta vigilancia terrestre, se reactivan las rutas acuáticas

Según Figueroa, en 2015 las rutas acuáticas cercanas a la frontera sur de México tuvieron un auge después que el Gobierno de México estableció el Programa Plan Frontera Sur. Este plan, para frenar el flujo migratorio hacia Estados Unidos, detenía y repatriaba a los migrantes. Sin embargo, al poco tiempo las presiones del crimen organizado obligaron a los traficantes de personas a dejar de utilizarlas.

Entre 2018 y 2019 su uso se reactivó más fuerte cuando aumentaron los controles terrestres para tratar de frenar el avance de las caravanas en las que miles de personas avanzaron hacia la frontera norte. Actualmente, la gran cantidad de migrantes venezolanos que tratan de cruzar la frontera hacia EE. UU. podría estar impulsando a algunas personas a retomar estas rutas.

La ruta de la frontera norte tomó fuerza en 2020 para evadir los controles que impuso el Título 42. Cuando con la excusa de frenar el avance de la pandemia de covid-19 Estados Unidos regresaba a México a los migrantes que cruzaban su frontera. En 2021 esta ruta llamó la atención de los medios de comunicación, cuando en las costas de San Diego, California, las olas estrellaron contra las rocas un barco cargado de migrantes. En el naufragio murieron tres personas.

Son rutas más caras y peligrosas

Según usuarios, estas rutas cuestan entre 400 y 500 dólares y al final solo sirven para evadir algunos controles terrestres. Figueroa manifiesta que en el caso de las rutas utilizadas en la frontera sur sirven para evadir unos diez puntos de revisión migratoria ubicados entre Tapachula y Oaxaca.

Además de ser caras, también son más peligrosas por el tipo de lanchas que usan para transportarlos. Además, el recorrido se extiende por muchas horas, en muchos casos más de lo debido porque las lanchas van “puebleando”. Es decir, buscando combustible en los pueblos costeros o simplemente alargando el viaje para justificar el cobro.

“Sin embargo, estas no son rutas de uso masivo, no es el grueso. El flujo masivo de migrantes traficados que entran a México sigue siendo por tierra. Una vez que entran a territorio mexicano, la mayoría sigue la ruta en tráileres o caravanas de vehículos compactos que son los únicos que les ofrecen el servicio”, dice Figueroa.

El activista explica que en una clara violación a las leyes, los conductores del transporte público han asumido un rol que no les corresponde, ya que piden una identificación migratoria a los usuarios de los autobuses. “En las leyes no está contemplado, sin embargo, hay acuerdos entre los transportistas y las autoridades para negar el servicio a los migrantes, a menos que porten un documento que les autorice a recorrer el territorio mexicano. Esto expone a los migrantes a peligros adicionales, como accidentes y otros”, dice Figueroa.

Los migrantes centroamericanos se desplazan con los medios que pueden a través de México para intentar alcanzar la frontera de Estados Unidos. Foto: Organización Internacional para las Migraciones (OIM)

Lea más desde Nicaragua aquí en Havana Times