Mariana Grajales, más allá del patriotismo

Pilar Montes

Mariana Grajales. Illustración: juventudrebelde.cu

HAVANA TIMES — Siempre se destaca a la madre de los Maceo, Mariana Grajales Cuello, por su entereza, la defensa de la causa independentista y, por supuesto, como madre que crió tanto héroe defensor de una patria libre.

En ocasión de los 200 años de su nacimiento (12 de julio, 1815), historiadores y académicos han querido ir más allá del patriotismo de Mariana, hurgar en su humanismo al curar y atender, junto a otras mujeres, las tropas mambisas durante 10 años de guerra, entre otras virtudes de la madre de 13 hijos, dos perdidos al poco tiempo de nacidos.

Marta Rojas, reconocida periodista y autora cubana, dice que “según algunos especialistas, ella tuvo instrucción de lo que entonces llamaban “las primeras letras”, lo cual no hay que desconocer si queremos tener una idea de su pensamiento y comportamiento personal de sus hijos, como tampoco que sus padres provenían de una isla donde ya no existía la esclavitud, liberada La Española a partir de la revolución haitiana.’

“Sin embargo, conoció en Cuba las prisiones de cimarrones y también la importancia libertaria de los palenques de Oriente. Se ha escrito que cerca de Las Delicias, finca de la familia Maceo, ella pudo conocer de una cosa y la otra.”

Mariana por demás –como señaló la doctora Leyda Oquendo Barrios (1941-2008)- “con su vida y obra, rompió aun sin proponérselo, el silencio que sobre la mujer siempre se había tratado de imponer”.

“Fue vanguardia sobre el ostracismo que la preponderancia masculina y el racismo imponían. Ella, de forma natural, hizo trizas el cerco de la doble discriminación, para estar presente una y otra vez como patriota y símbolo de lo que es capaz de hacer la mujer por sus ideales”, escribió Barrios.

“Fue simiente, como refiere Ada Ferrer, de la poderosa retórica antirracista que, comenzó a florecer durante la primera rebelión anticolonialista, aquella que situaba la igualdad racial como base de la nación cubana”.

Rectificando viejas creencias

Escribe Luis Acosta Brehal  que  la historiografía cubana e internacional ha reiterado durante décadas afirmaciones erróneas sobre la familia Maceo-Grajales, que investigadores como la Doctora Olga Portuondo, el Doctor Manuel Fernández Carcassés y el Licenciado Joel Mourlot Mercaderes, se han encargado en tiempo relativamente reciente, de rectificar con abundancia de pruebas.

A inicios del siglo XX, la élite de la aristocracia cubana se resistía a aceptar que Antonio Maceo, fuera simplemente un humilde mulato y campesino. Esta parece ser la causa principal para que se comenzara a decir que su padre, Marcos Maceo, era de origen venezolano y que había combatido en el continente en las huestes españolas contra los independentistas.

Los historiadores venezolanos no encontraron pruebas confirmatorias de esta afirmación. Portuondo y Mourlot se dieron a la búsqueda de la partida bautismal de Marcos Maceo y ambos la encontraron con horas de diferencia. La partida número 68, folio 144 del libro 8 de la iglesia parroquial de Santo Tomás Apóstol en Santiago de Cuba. Señala que Marcos Maceo nació allí y no solo eso sino que su padre también, lo que elimina cualquier ascendencia venezolana de Antonio Maceo.

Sobre Mariana Grajales Cuello, la madre de los Maceo Grajales, se ha dicho que sus padres eran dominicanos. Se comprobó por Meurlot, sin embargo que si bien su padre Baltasar Grajales era dominicano, su madre Teresa, no. Ella y sus progenitores eran santiagueros.

Finalmente, la partida de bautismo de Mariana también la encontró Mourlot, confirmando que la madre del Titán de Bronce nació también en Santiago de Cuba el 12 de julio de 1815 y fue inscrita también en la Iglesia de Santo Tomás Apóstol.

José Martí dejó una semblanza insuperable sobre Mariana, a quien conoció de cerca:

“¿Qué había en esta mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella como de la raíz del alma con serenidad de hijo, y como de entrañable efecto? Así queda en la historia, sonriendo al acabar su vida, rodeada de los varones que pelearon por su país, criando a sus nietos para que peleen.”

Martí subrayaba que “ya muy anciana, Mariana seguía forjando valores en sus descendientes, contaba las hazañas de sus hijos y continuaba conminando a la joven generación a asumir su deber de continuar la lucha por la emancipación nacional”.

Al dar la noticia de la desaparición física de la excelsa combatiente revolucionaria fallecida en Jamaica, el Apóstol escribió en el órgano del Partido Revolucionario Cubano: “Patria en la corona que deja en la tumba de Mariana Maceo, pone una palabra: ¡MADRE!”.

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