“Manitas” buenas y escasas en Cuba

Por Aurelio Pedroso (Progreso semanal)

HAVANA TIMES — Aunque no lo tengo “metodológicamente” comprobado, Cuba podría ser de los pocos países en este mundo donde conseguir los buenos o terribles quehaceres de alguien que domine un oficio, requiere de una gran dosis de paciencia, ruegos, suerte y hasta esa vieja recurrencia, como última opción suplicante de “hazme el favor, por tu madre”, aunque luego lo pagues con creces en muchos casos.

Hemos tenido, hay que apuntarlo, otros momentos más aterradores. Los vividos en aquellos finales de los años 60s en que todo estaba “consolidado” (barberos, electricistas, relojeros y hasta componedores de almas en pena) y en los que conseguir un carpintero, un mecánico o un plomero que visitase la casa era lo más parecido a una operación de inteligencia más que encubierta, súper encubierta. Las herramientas llegaban por una vía y el hombre por otra porque nadie se podía enterar y el Comité (CDR) mucho menos.

La apertura al trabajo privado ha conseguido aliviar aquellas pesadillas. Pero algo pasa. O tienen mucha demanda o les falta el aquello del respeto al cliente, la seriedad y la prontitud en la respuesta. Cuidado no se trate de una comunión entre ambos pareceres y otros más que se me puedan escapar.

Mucho, muchísimo ojo con esos que los españoles llaman “manitas”. Aquí se presentan como multioficios, que saben de todo, critican el trabajo anterior, te destrozan lo que sea y se pierden sin dejar rastros entre el bullicio callejero o la oscuridad de la noche. Auténticos depredadores a domicilio.

De toda esta pléyade de buenos y malos conocí a un viejo reparador de cocinas de gas con residencia-taller en El Vedado. La excelencia e iniciativas de este anciano lo condujeron a ser en extremo solicitado. La gente le podía recomendar sin que después le echaran en cara que el tipo era un farsante. Hoy, sus nietos llevan las riendas del negocio y cada vez que culminan una encomienda limpian las herramientas según les enseñó el abuelo.

Otro que se las trae es un técnico en electrodomésticos en la esquina de 26 con la calle 15, también en esa barriada, que prácticamente encaramado en un pupitre junto a una de esas mesas personales, soluciona al instante, y a un buen precio, cualquier equipo defectuoso.

Pero estos ejemplos son casi como una excepción. Al resto, hay que torearlos con verónicas incluidas. Viven, de momento, en la cúspide de una pirámide invertida, donde ganan más que ese cirujano que ni se sabe cuántas cosas se juega cuando entra a un quirófano.

El tema tiene múltiples formas de interpretarlo. Tal parece que la modorra y la tibieza aprendidas y heredadas de tanta burocracia, ineficiencia y falta de incentivos aún corre por la venas de algunos de estos pequeños nuevos empresarios.

El tiempo, ese concepto tan maltratado y que vale tanto, los debe llevar a su justo lugar entre otros curativos. Hace años, un extranjero amigo, no cesaba de preguntarme qué pasaría en Cuba cuando el tiempo jugara su verdadero papel. Sin ir muy lejos, ya se atisba lo que vale.

Con los colchones pasa algo bien curioso. Raro el instante en que no le voceen a cualquier hora del día y hasta de la noche, la reparación del susodicho. El más destartalado, con más historias para contar y que en no pocos lugares del planeta se embarca en el primer camión de la basura, se lo dejan como nuevo por unos 30 dólares. Cifra envidiable porque uno nuevo en las tiendas bien puede superar los 200. Y como decía mi abuela, “¿Con qué sienta la cucaracha?”.

Un detalle propio del avance del tiempo es que ya nadie se desgañita entonando aquel pregón que alcanzó con fuerza la música popular: “Estiro bastidores. Cunita de niños, y cama de mayores, estiro…” y venga la melodía. El clásico bastidor ha desaparecido. Su lugar lo ha ocupado la mala madera paradójicamente buena para la columna.

Estos colchoneros pululan al menos en la ciudad capital. Parece, a ojo de buen cubero, que oferta y demanda se dan de la mano. Tanto, que me gustaría convocar a una junta de sabios y escuchar sus conclusiones, que no estarían muy lejos de arribar a que nuevos son excesivamente costosos y de pésima calidad. Tampoco me extrañaría que uno de esos eruditos concluyera en que nos acostamos y dormimos en exceso (dos categorías diferentes), en detrimento de la salud y el humilde colchón.

En fin, que hay mucho germen de cara a futuro en la iniciativa privada. Para bien y para mal. Más de lo primero con toda seguridad.

One thought on ““Manitas” buenas y escasas en Cuba

  • Costará Dios, ayuda y un tantico más recuperar el espíritu emprendedor y, sobre todo, el respeto al trabajo que aún susbsistían hasta el 13 de marzo de 1968, cuando bajó como caída del cielo la Ofensiva Revolucionaria. De aquella fecha a día de hoy, se ha producido un deterioro tal (y los daños van más allá de las sanciones de EEUU), que hoy parecemos otros cubanos. Apostemos, a ver cuántas generaciones harán falta para retomar el prurito del deber cumplido y la satisfacción de vivir del trabajo real.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *