Los voleibolistas cubanos reincidentes

Por Ronal Quiñones

De los seis cubanos inicialmente acusados, uno, Dariel Miranda, fue dejado en libertad y los otros cinco condenados. Fotos: ultimasnoticias.com

HAVANA TIMES — Hace poco más de un mes se armó revuelo en la prensa deportiva internacional, tras la publicación de un reportaje en el cual los cinco voleibolistas cubanos presos en Finlandia se quejaban de sus condiciones de vida y de la falta de comunicación con sus familias.

Recordemos que se trata de Rolando Cepeda, Abraham Alfonso, Ricardo Calvo y Osmany Uriarte, condenados a cinco años de prisión por el delito de violación agravada contra una mujer finlandesa el pasado 2 de julio, y Luis Tomás Sosa, quien recibió tres años y medio por el mismo crimen.

Tras visitarlos en sus respectivas cárceles, separados en grupos de dos y tres, el prestigioso diario italiano La Gazzetta dello Sport se hizo eco de sus quejas.

Básicamente protestaban por no haber sido colocados todos en un mismo centro reclusorio, porque se bañaban a la intemperie y porque ya no tenían recursos económicos para comunicarse con sus familias.

Rápidamente la prensa oficialista publicó unas declaraciones del director jurídico del Instituto cubano de Deportes (Inder), en las cuales se insistía en que Cuba había hecho todo lo posible por ayudar a los jugadores.

Ramiro Domínguez, quien jamás ha pisado suelo finlandés, aclaró que el hecho de estar separados era una prerrogativa del país donde están, y que su organismo lucha por todos los medios porque tengan las mejores condiciones, pero no puede violar las leyes finlandesas.

Pues bien, comentando el incidente con alguien que sí estuvo en el lugar y el momento de los hechos, esta persona me sorprendió al decirme que era demasiado lo que se había hecho por ellos, para que todavía se quejaran.

Esta persona, vinculada a la Federación nacional de la disciplina, pero cuya identidad no me es posible revelar, asegura que los fondos de la entidad prácticamente se vaciaron en pagos a abogados, viajes del presidente (Ariel Sáenz) y comunicación con los familiares.

Sobre este último, es bueno aclarar que Cepeda pagó de su bolsillo varios viajes de familiares suyos a Moscú (donde no se necesita visa) para hablarles vía skype, una tecnología que no funciona en Cuba.

Como resultado, el equipo caribeño no estará por primera vez en más de tres décadas en la Liga Mundial de voleibol, y los pocos recursos restantes fueron destinados esta vez al voleibol de playa.

Pero ahí no queda todo, pues mi interlocutor me ofreció detalles de los sucesos, como los testimonios de los otros jugadores que fueron procesados, pero dejados en libertad porque no participaron en la violación. Sus compañeros los llamaron a la habitación que ocupaba Alfonso en Tampere, pero ellos no quisieron involucrarse, y a la larga fue lo mejor que hicieron.

Al darse la denuncia, toda la delegación cubana quedó en condición de “arresto domiciliario” en el hotel, pero a varios de ellos ni siquiera se les tomó declaración, al considerarse que no habían tomado parte en la violación, y sus habitaciones estaban demasiado alejadas como para haber escuchado los gritos de la muchacha.

Lo más sorprendente para mí no fue eso, sino que esa persona aseguró con indignación que no era la primera vez que ocurrían cosas similares, pues a inicios de ese mismo año en Canadá, cuando se celebró el preolímpico que dio la clasificación para los Juegos de Río de Janeiro-2016, sucedió casi exactamente lo mismo.

Sucede que en ese momento la chica no presentó una denuncia oficial (persuadida por las autoridades cubanas), pero también existió violación grupal. Ante la gravedad de los precedentes, mi fuente fue testigo de que el entrenador principal del equipo, Rodolfo Sánchez, les pidió a sus jugadores que “se portaran bien”, pues en definitiva se trataba de apenas tres días en Finlandia.

Evidentemente no era mucho lo que estaba pidiendo, pero cuando el deseo de delinquir (robar, violar o asesinar) se vuelve patológico, no hay manera de controlar los instintos. Quizás fue eso lo que debieron prever los responsables del plantel, y reforzar el tratamiento sicológico en cada uno de ellos antes de dejarlos a su libre albedrío.

Lo sucedido ya es historia, incluso grabada por uno de ellos mismos en su celular personal. Luego se contradijeron mutuamente en el juicio (dicen ellos que por culpa del idioma), y eso derivó en la pena máxima. Ahora se lamentan de lo ocurrido, pero valdría la pena preguntarse si su arrepentimiento es sincero.

¿Y si no los hubieran denunciado? ¿Acaso no tuvieron tiempo de reflexionar luego de lo sucedido en Canadá? ¿Por qué la Federación cubana no fue más enérgica con ellos luego del primer incidente?

Es verdad que no se les puede amarrar, pero con esta generación se fue demasiado condescendiente, quizás por el miedo de que abandonaran el país, como hizo la mayoría de sus antecesores. Entre otras cosas, se les permitía fumar en presencia de los entrenadores, por solo poner un ejemplo.

Cada vez que alguno decide abandonar el país, las miradas van a los directivos porque son inflexibles, pero en este caso ha sido lo contrario, al no saber encontrar el punto exacto entre lo que se puede y lo que no se puede permitir a un deportista de elite, que en definitiva es la imagen de Cuba fuera de la Isla.

Para la mayoría de ellos, aunque se diga lo contrario, ya prácticamente acabó la carrera deportiva, pero la experiencia debe servir para formar mejor a los voleibolistas del futuro. No se les puede poner la soga al cuello, pero tampoco pasarse de tolerantes.

2 thoughts on “Los voleibolistas cubanos reincidentes

  • Escoria, bazofia, mierda, pues…

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