Los negocios privados tratan de superar la crisis en Cuba

Reinventar o morir

Clientes en El Torpedo, una cafetería en El Vedado que busca nuevas fórmulas para aumentar la clientela. (14ymedio)

Por Juan Diego Rodríguez (14ymedio)

HAVANA TIMES – Una bola amarilla y el cliente tendrá una rebaja, y si sale verde se llevará además una muestra gratis de embutidos. La simpática ruleta la mueve el empleado de una cafetería particular en La Habana que ofrece comida para llevar. En medio de las restricciones de la pandemia, los negocios tienen que reinventarse o perecer.

El joven que despacha los sándwiches en El Torpedo, un local ubicado en la calle J, en El Vedado, está a medio camino entre el dependiente y el animador. “Vamos, prueba tu suerte y llévate una ventaja. Lo peor que puede pasar es que no ganes nada pero tus opciones son muchas”, explica con entusiasmo a los clientes que están en la fila.

Aunque en la misma calle, con escasos metros de distancia, hay varios comercios privados, el local con la simpática lotería tiene la cola más larga. “Ya sé que probablemente lo que me den adicional está incluido en el precio, pero me divierte esto de probar mi suerte y, además, denota que se están esforzando”, comenta un joven que espera por su turno.

El empleado mueve la palanca y sale una bola blanca. “Esta significa que tienes derecho a volver a probar suerte”, explica. A la segunda vez, el cliente logra una rebaja del 5% en el monto total de la cuenta. Hay risas y le llega el momento a una señora que logra un jugo gratis. El próximo comprador alcanza “el premio gordo”: un paquete con pedazos de chorizos para “hacer unos frijoles”.

Los juegos de azar están prohibidos desde hace décadas en la Isla, así que agregar cualquier elemento de casualidad al acto de comprar provoca sonrisas, miradas cómplices y un revoloteo en el estómago de los clientes que se siente “en un casino”, al decir de una mujer que aguardaba este martes por comprar un sandwich cubano en El Torpedo. “Es como la bolita pero legal”, explica. 

Unos metros más abajo, camino al mar, una heladería privada anuncia “una bola de helado gratis si compra dos”; y en los altos de una casona pegada al mar brindan “un pelado con masaje de cuero cabelludo y música para relajarse”. Carteles más llamativos y signos de exclamación asoman a la puerta de varios de estos negocios, que ahora solo trabajan a media máquina por culpa del coronavirus.

“Todas nuestras bolsas para llevar la comida son ecológicas”, anuncia un restaurante con comida precocinada a domicilio. “Cada plato que nos compra está ayudando a salvar el medio ambiente porque no generamos plásticos”, añade en un texto publicado en varios sitios de clasificados. Lo que hasta hace un año atraía poco, ahora se convierte en una marca para diferenciarse.

“Antes atendíamos las mesas y teníamos nuestras artes para lograr que el cliente se quedara, para nuestros platos y pasara un buen rato en el restaurante, pero ahora todo lo debemos vender por una ventana”, comenta a 14ymedio un trabajador de El Toke, un local en la céntrica calle Infanta. “Tenemos menos posibilidades y hay que aprovechar los pocos segundos con el comprador”.

Atenazados por la caída del turismo, la subida de los costos de la materia prima y la crisis económica, los emprendedores cubanos exprimen su creatividad. Maromas, videos explicativos y la búsqueda incesante de algo que los ponga por delante de la competencia marcan el paso. Tener una moto eléctrica ayuda y saber algo de redes sociales mucho más.

“Nunca pensé que iba a poder vender plantas sin que la gente viniera aquí a verlas”, cuenta Roxana, una comerciante de 41 años que gestiona un pequeño jardín donde vende suculentas, helechos y cactus. “Comprar una planta para tener dentro de la casa es algo muy personal, la gente venía aquí y se pasaba largos minutos contemplando una orquídea o decidiendo si llevarse un ficus”.

Con las restricciones impuestas por la pandemia, Roxana y su esposo tuvieron que reestructurar el negocio. “Hicimos un catálogo que se puede consultar por WhatsApp. Si el cliente señala una planta le mandamos un pequeño video donde se ve el ejemplar por varios ángulos y en el que también le explicamos los cuidados que lleva. Cuando se cierra el trato se la dejamos en la sala de su casa”.

Al doblar de la casa de Roxana, un carpintero propone “muebles para estar cómodos en la pandemia” y promociona una aplicación para móviles donde el cliente puede elegir “a la carta” un sofá, una cama con colchón o unos sillones de madera para la terraza. “Entregamos a domicilio y al que compre una mesa de comedor con seis sillas o más le regalamos un juego de dominó”, anuncia.

“Lo ayudamos a quedarse en casa y además a pasar el tiempo entretenido”, añade el simpático vendedor. “Si me compra la cama grande, le damos las almohadas y si se decide por unos muebles de terraza tiene incluido una composición de helechos sembrados en una hermosa maceta decorada con azulejos de colores”. Las combinaciones son infinitas, como infinitos parecen las ocurrencias de los cuentapropistas y los días de la crisis.

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