Los coches, nuestros salvadores

Rosa Martinez

Caballo, caballo, dale cabaaaaallo!;   Pati Negro. so, so, animal!   Arre Vendaval, arre,    pero ¿qué el pasa a este caballo?

"Coche" en el oriente de Cuba. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 16 junio — Si caminas por la calles de Guantánamo te sorprenderás al escuchar estas expresiones, provenientes tanto de  cocheros como de niños que los imitan frecuentemente, y es que en esta ciudad cubana como en muchas otras, los carretones halados por caballos son el medio de transporte más recurrido por la población de a pie.

En nuestra ciudad, el carricoche forma parte de nuestras tradiciones, y no es porque queramos ir a Bayamo en Coche como dijera el estribillo de una canción que hiciera famosa el popular artista conocido cariñosamente como Tiburón, sino porque necesariamente desde hace muchos años esta es la forma más común de trasladarse de un lugar a otro dentro del municipio.

Casi todos no vemos obligados a montarlos al menos una vez al día porque la pésima situación del transporte local no nos deja otra opción, y aunque para la gran mayoría de los guantanameros son  nuestros salvadores, no dejan de tener detractores.

Guantanameros opinan

Por ejemplo Magdalena Brooks, vecina de 1 Oeste, una de las principales arterias por donde transitan los carretones, dice que lo que más le molesta es el mal olor reinante en la calles, el cual penetra en los hogares, aunque ahora los dueños de los equinos son más cuidadosos y casi todos les ponen los protectores o recolectores de estiércol a sus animales. “El ruido producido por las ruedas también es molesto, pero no hay otra forma de moverse dentro  de la ciudad,  a no ser que cojas una moto que cuesta ¡10 pesos!, y eso no hay bolsillo que lo aguante”, dice ella.

Angélica, por su parte, alega que los cocheros son groseros en su mayoría, “Es verdad que  dependemos de ellos para llegar temprano a  nuestros centros de trabajo y escuelas, pero en varias ocasiones he tenido que enfrentar a diferentes dueños por sus malas respuestas e insolencias”.

Luis Alberto Arredondo dice que para montarse debe convertirse en ninja o en mago. “Ninja para saltar entre los pasajeros que se empujan, o mago para pasar desapercibido y ser el primero en abordar”.

Foto: Caridad

Montar en carriola puede ser de gran alegría para algunos niños pues observan cada detalle de la ciudad mientras viajan, y disfrutan mucho de la comunicación cochero-caballo; pero para los ancianos esto no es nada placentero. Abordarlos es ya toda una odisea, los altos peldaños que hacen difícil la tarea de subir o bajar han provocado no pocos accidentes, el incómodo movimiento y los imprevistos saltos pueden dañar a cualquiera, especialmente a la población más añosa. Recuerdo una ocasión cuando una mujer de unos 60 años  tuvo que ser trasladada con  urgencia hacia un centro de asistencia médica porque una de las ruedas traseras cayó en un hueco muy profundo y el susto que se llevó le puso la presión por las nubes.

Alejandro Roja, de 63 años, es otro anciano que le teme, no sin razones. Él prefiere caminar 6 ó 7 kilómetros diarios antes que montarse en una cosa de esas, como los llama él. “¡Es increíble!, en pleno siglo XXI y nosotros todavía montando en carromatos. Son un tremendo atraso, incómodos y además para los viejos como yo son muy peligrosos por los brincos y el posible accidente por el desenfreno del animal; yo no los monto ni muerto”, repite él siempre.

Pero algunos prefieren aventurarse entre equinos y ruedas. Por ejemplo Julia, una asidua  viajera dice, “la verdad es que son un poco incómodos, y uno siente más los saltos porque las calles están en mal estado, aunque ahora están reparando algunas, pero usted se imagina ¿qué sería de los guantanameros sin los coches, cuántos kilómetros tendríamos que recorrer diariamente a pie? Yo por lo menos los seguiré montando mientras espero que el servicio estatal  reaparezca”.

Sobre sus orígenes

La tradición cochera en Cuba tiene sus orígenes en el siglo XV cuando fueron introducidos en la isla por los españoles, quienes los usaron como transporte de carga.

Foto: Caridad

Con la entrada del  primer automóvil en el país en 1898 y muchos otros autos  a principio del siglo XX los coches, carruajes, calesas, volantas, quitrines, y carretas que había en las grandes ciudades fueron relegados a un segundo plano y más tarde quedaron prácticamente en el olvido en las grandes urbes, aunque en lugares como Bayamo, Sancti Spíritus y Guantánamo no dejaron de existir y, en las zonas rurales, fueron siempre los medios usados por los campesinos para transportarse y para trasladar los productos agrícolas.

La desintegración del campo socialista en los 90 y el recrudecimiento del bloqueo económico contra nuestro país trajeron el largo período especial, presente hasta ahora y que afectó especialmente al Ministerio del Transporte, por lo que la tracción animal fue una alternativa para paliar la necesidad de transporte de la población.

En el caso de Guantánamo, la 5ta ciudad más poblada de Cuba, cuenta solamente con dos rutas locales, pero solo la Ruta 5 (Parque-Hospital) funciona con regularidad. Los pobladores de las restantes áreas de la ciudad tienen como única opción el carretón.

Aunque conocemos los problemas económicos que enfrenta el país, el bloqueo económico que nos afecta desde hace casi 50 años,  la crisis mundial que impacta a todos los sectores, debemos reconocer también que en muchas ocasiones los problemas son causas de la mala distribución de los recursos que tenemos.

Por ejemplo, diez nuevos ómnibus marcas Yutong fueron entregados en el mes de febrero al municipio, pero la población, hasta hoy, no ve mejoría alguna. Con un precio de 20 centavos, seis de estos circulan en la Ruta 5; dos se utilizan para suplir los carros en mantenimiento y los restantes quedan de reserva por orientaciones del Ministerio, según informó a lo medios Alcides Parra Hermosilla, director del sector en el municipio.

No se revitalizaron otras rutas importantes como el Sur de la ciudad, o el Reparto Obrero, zonas de gran tráfico de pasajeros. Lo cierto es que mientras se reanima el transporte en nuestra ciudad, seguiremos montando coches, con sus ventajas y desventajas, mientras les agradecemos por ser la única opción.


One thought on “Los coches, nuestros salvadores

  • el 17 junio, 2010 a las 5:28 pm
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    Lo único malo de esto es que no veo correo donde escribirle a la autora y aclararle algunos detallitos

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