Las reinas del arte folclórico en Cuba celebran 30 años

Las integrantes de Obini Batá, graduadas de la Universidad de las Artes, así como de la Escuela Nacional de Arte de Cuba.  Foto: Tomada de Facebook

Obiní Batá es la primera agrupación femenina músico-danzaria formada en la isla que defiende expresiones artísticas autóctonas.

HAVANA TIMES – Mujeres que tocan el tambor para acompañar cantos y danzas yorubas es la traducción del nombre de una agrupación cubana que, por encima de convenciones sociales y estereotipos, defiende las esencias del folclor y las tradiciones populares de la cultura nacional.

De acuerdo con las creencias religiosas yorubas, una de las fuentes originarias culturales de la nación caribeña y altamente difundida en su sociedad, les está prohibido a las mujeres la interpretación del Iyá, el Itótele y el Okónkolo (nombres de los tambores Batá).

No obstante, derivado del Conjunto Folclórico Nacional y liderado por Eva Despaigne, desde 1993 hasta la actualidad, sobresale Obiní Batá en la escena artística del país y fuera de sus fronteras, asumiendo la interpretación de dichos tambores con un sentido diferente.

Al respecto, comenta Despaigne que se creó la agrupación con “la idea de asumir un repertorio identitario, que incluyera desde cantos religiosos hasta expresiones musicales auténticas nacionales, como el mambo, el chachachá, la canción, el son y la rumba, siempre con una mirada artística, no religiosa”.

Defensa responsable del arte

Durante las tres décadas de labor artística de la agrupación confluyen en ella alrededor de cinco generaciones de mujeres. Sobre los inicios, recuerda la directora cómo se impusieron “ante machismo y la falsa creencia de que, al ser mujeres, no podríamos imprimir la misma fuerza al percutir los tambores”.

Apunta la artista que, “de hecho, cuando se considera que están bien tocados, se dice: tocan macho. La vida ha confirmado que es un criterio falso; pero tuvimos que enfrentarlo muy a menudo”.

También afrontaron el gran desafío de demostrar la diferencia entre lo religioso y lo artístico en cuanto a la ejecución musical de esos instrumentos. “Esto encierra una de nuestras principales fortalezas como profesionales y formadoras de valores”, advierte.

La Regla de Ocha o santería constituye una de las prácticas religiosas más generalizadas en Cuba. Unido a esto, lo congo y lo arará, como otras vertientes de la ascendencia africana en la cultura de la isla, también se integran al repertorio musical de la agrupación femenina.

En tal sentido, la crítica especializada reconoce el serio trabajo de investigación que sustenta ese trabajo.

“Para nuestro conjunto, el aporte e influencia del tambor Batá en la cultura cubana cobra un interés particular. Es la razón de ser de nuestro trabajo, y sobre esa máxima es importante ampliar el foco comunicativo, y qué mejor manera de hacerlo que a través del arte”, asegura Despaigne.

Y agrega: “nosotras defendemos el arte folclórico con la responsabilidad de que se conozca y se aprenda de dónde venimos y por qué, enmarcando nuestro quehacer en la teatralización de lo folclórico. Nos interesa sobremanera la producción del espectáculo. Se trata de traer las raíces y ofrecerlas en el escenario con todo rigor”.

Asegura la experimentada directora que esas fueron pautas aprehendidas del concepto artístico-estético de una figura insigne de la danza cubana, Ramiro Guerra. “Si bien defendemos lo folclórico, en toda su amplitud, también nos interesa mostrar otras influencias dentro de lo popular y tradicional. Y eso universaliza la propuesta e, igualmente, rompe estereotipos creativos”, sostiene.

Escuela renovada

Formado por seis muchachas en escena, la directora, una asistente de dirección y promotora cultural y un utilero, al grupo Obiní Batá le resulta difícil encontrar relevos.

Aclara la directora que las integrantes de la agrupación requieren una proyección artística y una formación integral “que aún no encontramos en las escuelas; se halla, sobre todo, en estudiantes de danza que estudian folclor; pero es muy difícil encontrar quienes toquen, canten y bailen”.

Con vistas a formar a futuras integrantes, a partir de un enfoque inclusivo de la comunidad, se desarrollan dos talleres al año: uno en verano y otro en invierno, estos últimos serán retomados en noviembre de este año, luego del impás de la pandemia.

Las muchachas de la agrupación ofrecen clases de canto, danzas y percusión para niños, niñas, jóvenes, adolescentes y personas adultas, sin restricción de edad ni de formación educacional.

Algunas artistas cubanas y de otros países, formadas en las filas de Obiní Batá, sobresalen hoy en proyectos artísticos individuales y colectivos. Tal es el caso de Yuleidis Sosa, Brenda Navarrete y Yuko Fong, japonesa que estudió en Cuba la Licenciatura en danza folclórica.

Despaigne menciona también a Marisol Blanco, “una de las maestras de folclor mejor consideradas en el mundo hoy” y a Amelia Mesa, actual integrante del grupo Afroamérica.

En plena celebración de sus primeros 30 años, Obiní Batá invita a sus espectáculos en la capital cubana, los miércoles, de 6:00 a 8:00 p.m., en el centro cultural Arte Habana, y los domingos, de 10:00 a 12:00 p.m., en el espacio “Entre dos” (ubicado en San Rafael, entre Galiano y Amistad).

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