Las agonías de la luz: Vitrales de La Habana

Vitrales Reflejo Solar

Agonías de la luz en sus mil caminos misteriosos, reflejos multicolores y claroscuros enigmáticos, en las añejas sombras entretejidas de recuerdos e historia, así son los vitrales de La Habana que alimentaron las fantasías de mi infancia

Texto y fotos por Richard F. Potts

HAVANA TIMES – De regreso, tras años de ausencia, los recupero; desde las galerías alrededor del patio central del Palacio del Segundo Cabo, en la Plaza de Armas, a las ventanas del palacio del Conde de Jaruco, en la Plaza Vieja, los vitrales desafían la imaginación, y me hacen preguntarme el origen de los anónimos artesanos que tan audazmente jugaron con sus quimeras del color.

Aunque nadie sabe a ciencia cierta de dónde llegaron a Cuba los vitrales, lo seguro es que no se trata de una herencia exclusivamente española. De las lecturas de adolescencia surge un título casi olvidado: Vitrales de La Habana, por un autor cuyo nombre ya no recuerdo, que se dedicó amorosamente a reconstruir la historia encerrada en la magia de sus cristales. 

Unas teorías apuntan hacia el mar Mediterráneo, ya que en el sur de Italia y España abunda el método de la armazón en bellotes -madera ranurada- que empleaban los vidrieros coloniales cubanos para sus montajes, en contraste con la estructura de plomo utilizada en el norte de aquellos mismos países, y en Francia e Inglaterra, desde los tiempos de los vitrales góticos.

Vitral ant Drogueria Sarrra museo farmacia

Cuando la colonia, el vidrio coloreado se importaba de Europa, y los vidrieros se especializaban en cortarlos y esmerilarlos, mientras los carpinteros los enmarcaban, según el diseño previsto por artistas y arquitectos. Muchas casas de La Habana colonial quedaron así marcadas por firmas anónimas, nombres de olvidados artesanos que imaginaron las más singulares armonías con la luz y el color.

En todo caso, se afirma que hay evidencias de que los vitrales aparecieron en Cuba a partir del siglo XVIII y alcanzaron su apogeo en la tercera década del XIX,  para entrar en el siglo XX con el surgimiento de una poderosa clase media criolla, ansiosa de mostrar su riqueza en las artes y las construcciones, que pobló La Habana de mansiones y casonas que no solo fueron símbolo de riqueza, sino también de cubanía en las tendencias y los gustos artísticos.

Museo bibloteca Servando Cabrera la Habana

Así, mucho después de la época colonial y durante los inicios de la república, numerosas casas del Vedado lucieron fabulosos vitrales entretejidos de armazones de plomo, en los que la herencia de los artesanos de antaño se entremezclaba con conocimientos más modernos y tendencias abstractas en el diseño.

Más adelante, alrededor de la década del 40, llegó la cultura norteamericana con sus propios códigos de modernidad, y los vitrales cedieron espacio a los cristales calobares y la famosa “persiana Miami.” Sin embargo, el vitral sobrevivió en el mundillo del arte, hasta su renacer durante el proceso de restauración del casco histórico de La Habana, que los ha rescatado del olvido.

No es preciso, sin embargo, ser arquitecto ni especialista para descubrir la razón primaria del éxito colonial de los vitrales, pues dadas las limitadas posibilidades de la iluminación artificial en aquella época y siendo Cuba una isla inundada de sol, ellos fueron la solución constructiva ideal para las condiciones del trópico húmedo, pues como elemento fronterizo entre el exterior y los espacios cubiertos, detienen el viento y los aguaceros en la temporada de lluvias y tamizan la fuerte luz solar durante la estación seca, aprovechándola no solo para la iluminación, sino también con un objetivo artístico.

Porque los vitrales también aportaron belleza y elegancia a la ciudad, y pronto se fueron extendiendo a las demás Villas de la Isla, sobre todo, en las iglesias y casonas coloniales. Aquellos artistas anónimos derrocharon inspiración con el vidrio coloreado, llenaron de colores el ambiente cotidiano en un despliegue que Carpentier llamaría “un abanico de cristales.”

Vitrales Modernos, Plaza Vieja

Un paseo por la capital cubana permite recolectar imágenes para el recuerdo: lucetas rectangulares en las ventanas y balcones, medias puertas de vaivén, arcos de media luna sobre columnas y galerías.

Si se anda con ojo alerta, puede observarse que en algunos lugares, a determinadas horas del día, la danza de la luz sobre los vitrales produce un nuevo diseño sobre los pisos de mosaico, con imágenes superpuestas que generan una especie de “vitral virtual”, cuyos perfiles fantasmagóricos podrían envidiar las computadoras actuales, al cambiar suavemente con el movimiento del sol desde el mediodía hasta la caída de la tarde.

Contemplando los cambios de ese “vidrio virtual”, puede leerse la caprichosa meteorología tropical. Cuando el cielo se nubla, languidece el espectro hasta desaparecer, y entonces predomina la forma de los cristales sobre el color.

Vitral Casona de 23 y J Vedado, hoy sede UPEC

Por instantes, el día se deprime, pero en cuanto reaparece el sol violando las nubes, se activan los vidrios policromos y el fantasma vuelve a cobrar vida, cuando sus reflejos vuelven a crear la imagen sobre el piso…. pero sorpresa, ya no es la misma, sino otra con diseño tal vez más caprichoso que el anterior.

Con esa misma caótica sencillez parecen haber sido diseñados los vitrales de La Habana: secciones curvas que se interceptaban formando abanicos desplegados, aspas de molino y verdaderos encajes vegetales que ni el más avezado especialista ha logrado encasillar en frías clasificaciones.

De otras lecturas como La ciudad de las Columnas, del escritor cubano Alejo Carpentier, recuerdo la afirmación de que aquellos cristales, traspasados por un sol amaestrado por el vidrio, eran ya de composición abstracta antes que nadie pensara en el abstraccionismo como tendencia en la pintura.

Porque así son los vitrales de La Habana, como si los artesanos de antaño se hubieran guiado por imágenes obtenidas al azar en una mezcolanza armónica de colores, un caleidoscopio inmenso e irrepetible de la arquitectura colonial cubana, afortunadamente hoy en proceso de rescate y restauración para satisfacción de los ciudadanos y maravilla de los visitantes.

2 comentarios sobre “Las agonías de la luz: Vitrales de La Habana

  • todos los vitrales bellos, espectaculares, en mansiones robadas por los tira tiros de la sierra.

    Respuesta
  • El Centro Histórico de la Habana Vieja es sin dudas un espacio que muestra la riqueza arquitectónica de la antigua Habana, recuperado por el plan de restauración de la Oficina del Historiador, pero esto es sólo una pequeña muestra de lo bella que fue La Habana, esos vitrales han sido recuperados, pero cuantos no han desaparecido, cuantas magníficas edificaciones no han desaparecido, junto a ellas esos majestuosos vitrales, pinturas murales, balconaduras, trabajos de herrería, el pasado colonial cubano impregnó a La Habana de esos matices que llenaron de color el ambiente…si te mueves un poquito hacia otro dimensión de la Habana Vieja…el color cambia…desaparecen los matices…

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