La visión de un joven inglés sobre Cuba

Un aspirante a escritor, que radica en Honduras, ofrece su punto de vista y narra sus experiencias sobre la semana que pasó en Cuba

By Ben Anson

HAVANA TIMES – Ya ha transcurrido casi un mes desde que retorné a Honduras, y parece que el tiempo ha pasado alarmantemente rápido desde mi regreso de Cuba. Ciertamente no sé adónde han ido a parar esas cuatro semanas. Lo que sigue a continuación son algunas de mis observaciones sobre ese isla del Caribe.

Viajé desde San Pedro Sula, Honduras, rumbo a El Salvador y luego hacia La Habana, con muchas expectativas y visiones en mi cabeza de cómo sería Cuba, especialmente La Habana.

En el vuelo de San Salvador a La Habana, me encontré, sentado al lado mío, con un compañero de viaje costarricense; era muy amable (casi “simple”, porque en realidad era abiertamente amistoso).

Me contó que se dirigía a un lugar de la costa, pues había conocido a una cubana a través de Internet… El personaje venía equipado con una camiseta de Costa Rica, un sombrero de Costa Rica e incluso una bandera de Costa Rica. Todo eso para que la dama lo reconociera en el aeropuerto.

“¿Crees que ella me reconocerá, amigo?”, me preguntó en un momento determinado.

¿Cómo **** no iba a reconocerlo? Lo único que le faltaba era un cuerno de niebla en el que podría haber anunciado su llegada.

“Seguro mano”, le dije como respuesta.

Hablando de manera general, no fue un vuelo largo desde Honduras (donde radico en la actualidad), y cuando finalmente llegué a La Habana, lamentablemente tuve una primera impresión no muy buena.

En el aeropuerto la electricidad se iba y venía y, para horror de todos, fuimos obligados a esperar durante más de una hora en la cola de migración. Nunca antes había visto un fiasco de tanta mala organización y personal completamente inservible.

A medida que las luces se apagaban, los sistemas de computación también lo hacían, lo cual provechaban los funcionarios de seguridad para tomarse descansos increíblemente largos. Se sentaban a conversar, miraban sus relojes y contaban chistes, mientras al mismo tiempo aparecían cientos de turistas calurosos y molestos que aguardaban en inmensas colas, observando, deseando ansiosamente que les hicieran la señal de moverse hacia adelante…

Fue una experiencia muy incómoda. Afortunadamente, yo había llegado casi al comienzo de la cola, sin embargo, aún tuve que esperar más de una hora antes de lograr finalmente que el sello fuera estampado en mi pasaporte.

Algo de lo que me di cuenta de manera inmediata fue que las trabajadoras lucían medias de mallas con sus uniformes. Ciertamente esas muchachas cubanas estaban “bien equipadas” para las medias, lo que sucede es que realmente se veían fuera de lugar con un traje de seguridad.

Después, tuve que entretenerme en el aeropuerto durante cuatro horas más o menos, mientras esperaba que arribara, desde Londres, Inglaterra, el vuelo de mi padre y de mi hermano.

Subí y bajé los tres pisos de la instalación, di varios vistazos a las camisetas con la imagen de Che Guevara que se vendían allí, y me tomé unas cuantas cervezas de más. Digo algunas de más, porque el calor era notablemente mucho más feroz que el de Honduras, lo cual no ayuda al consumo de alcohol. También me las tuve que ‘arreglar’ solo para distinguir a mi padre y mi hermano menor (a quienes no había visto en dos años). Ese era el propósito del viaje: una reunión familiar.

Escuché bastante intrigado al acento de los cubanos:

“Ya tu sabe ‘chicooo”.

“Mamita qué guapa tú te ve”.

“Gracia, ‘papito, tú también tas bueno”…

Las dos últimas frases provenían de una muchacha y un muchacho que estaban coqueteando en una escalera. Me hicieron reír. Estaban ocupados diciéndose uno al otro lo bien que lucían. Qué agradable. A veces quisiera que alguien me dijera lo bien que me veo… si fuera así…

De todos modos, esas cuatro horas, sin duda, se enredaron. Estaba completamente harto de subir y bajar las escaleras mecánicas cada media hora. Todo tipo de nacionalidades estaban presentes en el aeropuerto internacional José Martí, de La Habana, desde italianos, hasta españoles, británicos, asiáticos y latinos. Escuché acentos centroamericanos, sudamericanos y caribeños entremezclándose en los pequeños cafés del aeropuerto. Algunos precios estaban buenos, sin embargo, fui timado por un viejo idiota que me cobró un dólar por una cerveza ‘Presidente’ y me dio como vuelto tres pesos cubanos… Nunca pude gastar esos tres dichosos pesos, ya que todo el mundo me contestaba  “pero eso no sirve”.

Muy desconcertante de hecho. Toma varios días meterse en la cabeza cómo es lo del dinero en Cuba. Existen dos monedas: el CUC cubano y también el dólar estadounidense. Luego están los pesos cubanos… Para serles sincero, todavía no entiendo cómo funciona…

Mi padre y mi hermano finalmente llegaron, nos reímos mucho con algunos rápidos abrazos británicos, no había necesidad de exagerar después de dos años sin vernos. Mi padre cambió algunas libras esterlinas y luego salimos del aeropuerto en busca de un taxi.

Mi papá estuvo muy insistente en obtener un buen precio y no ser timado. Viviendo en Honduras, realmente a mí me importaba un comino si los cubanos cobraban unos pesos de más. América Latina sufre una inmensa pobreza, la vida puede ser una rutina terrible en esta parte del mundo. Esos pocos pesos extras podrían ser lo que pagaban la leche de un niño o lo que aseguraba el alquiler del mes. Uno nunca sabe. Sin embargo, mi padre y mi hermano habían llegado con su mentalidad de Europa occidental…

El viaje a La Habana fue revelador. Los bloques de apartamentos socialistas de gran altura se alinearon a lo largo de la carretera. Diría, por lo que vi, que Cuba posee algunas buenas carreteras, de hecho, bien construidas. El taxista no habló mucho, se conformó inmediatamente con nuestra oferta de 30 CUC para llevarnos desde el aeropuerto a Centro Habana, y así lo hizo.

Al llegar a la ubicación del apartamento (una vivienda rentada – casa de alquiler) nos sorprendió de manera inmediata ​​el realismo de los alrededores. Era un vecindario parecido a un gueto. Edificios desvencijados, calles sucias, perros callejeros, jóvenes con el torso desnudo que juegan a luchar con martillos y botellas de cerveza – “¿a dónde carajo nos ha traído usted?”- fue la pregunta que me hicieron.

Bajé del taxi y me acerqué a un grupo de mujeres que se encontraban en la parte de abajo de lo que supuestamente era el departamento, el número 36.  Al ser el único hispanohablante entre nosotros, naturalmente me convertí en intérprete durante toda la semana. De hecho, cada vez que alguien se acercaba a mi padre o a mi hermano, se hacía siempre un grito de ‘¡Ben!’.

“Ben, ¿qué quiere ella?”

“Ella dice buenos días”.

“Oh… bien, entonces…”

De todos modos, efectivamente habíamos llegado al lugar. Después de pagarle al taxista,  procedimos a entrar en el edificio en ruinas y así subimos las interminables escaleras hasta el último piso.

Al llegar a la cima, fuimos recibidos alegremente por los propietarios, una pareja de mediana edad,  muy amigables y extremadamente conversadores los dos, especialmente la esposa. Ella fue la que más relacionada de los dos, y al darse cuenta de que yo hablaba español, me vi envuelto en muchas, pero muchas conversaciones con ella durante los siguientes tres días.

Le encantaba charlar, era una buena señora. Al conocer a su hija durante nuestro último día en La Habana, de alguna manera me quedé  deseoso, porque habría disfrutado tener algunas charlas con la chica.

De todos modos… antes de apartarme del tema… nos instalamos rápidamente después de nuestra plática bastante prolongada con los propietarios. Creo que lograron contarnos todo lo factible sobre La Habana en una hora. La conversación me cansó un poco.

Nuestros siguientes días en la capital cubana la pasamos explorando. Llegamos a La Habana Vieja, pasamos horas caminando por sus calles empedradas y sentados en sus pequeños bares y restaurantes. Aunque la arquitectura colonial captó mi interés, los muchos vendedores ambulantes y los constantes estafadores tenían a mi hermano y a mi padre nerviosos.

Pueden ser irritantes con el feroz calor, ya que uno debe abrirse paso entre el interminable enjambre de estafadores, desde mujeres de cierto oficio, hasta hombres jóvenes desesperados por llevarte a su restaurante…

“¡Hola mis amigos! Jou wan eat? (quieren comer).  Jou come here to eat yes? (Han venido aquí a comer, ¿verdad?  Mira chico – el menú – ¡el menú! “.

Los taxistas también tocan incesantemente sus cornetas ante cualquier cosa de piel blanca. Lo blanco significa dinero, los cubanos en La Habana lo dejaron bastante claro, que dinero era todo lo que querían.

¿Quién puede culparlos? Haber venido de Honduras y haber sido sorprendido por el nivel de pobreza que hay allí, dice mucho. Honduras, la cual es considerada una de las naciones más pobres de las Américas, se parece a Dubái en comparación con La Habana de Cuba.

Una exageración bastante insensible, pero Honduras está indudablemente en un estado mucho mejor. Donde vivo, tenemos centros comerciales, cines, supermercados adecuados, etc…. Les deseo buena suerte tratando de encontrar un supermercado en La Habana.

El escritor: “¿Hay un mercado por aquí cerca?”.

Un local: “No sé”.

Nadie sabía nada. Nadie tenía interés en ayudar. Los cubanos que encontré no fueron las personas más amigables, especialmente en La Habana. Incluso en el segundo lugar que pasamos un tiempo, en Varadero (una playa de 22 km, famosa por su turismo), nadie sabía nada de nada.

Recuerdo que pedí jugo en un lugar tipo cafetería, y me dijeron que no vendían jugo. Como eran dos chicas jóvenes que no me hacían cosquillas en mi imaginación -lo cual era una rareza entre esas mujeres cubanas en general- eran muy atractivas. De todos modos, al preguntar dónde podía comprar jugo, me dijeron con bastante ferocidad que no había jugo.

Me dijeron que no había en la ciudad… en ningún lado.

“Paja”, respondí. Es una palabra usada en Honduras, que pasó por encima de sus cabezas. ‘Mierda’. La palabra “pajearse” en realidad significa masturbarse en español, pero en Honduras se ha convertido en “mentiroso de mierda”. ¿Cómo no iba a ver jugo en la ciudad turística de Boca de Camarioca?

Sí Había. A dos minutos por la carretera, un supermercado muy “socialista” (en Cuba sería clasificado como supermercado) tenía en oferta algunos jugos de sabores diferentes. Parecería que mientras los cubanos estaban listos para recibir el dinero de los turistas, debido a sus estilos de vida desfavorecidos, tal vez había una sensación de resentimiento hacia los extranjeros. No podría decir que eran personas amistosas la mayoría de los que encontré. Algunas sí lo fueron, sin embargo, noté muchas diferencias entre hondureños y cubanos.

Recuerdo que una vez, en la calle, le pregunté a un hondureño dónde podía comprar una camiseta de fútbol. Siendo la camiseta del equipo nacional de Honduras, él sonrió y me indicó que lo siguiera. Ese tipo me acompañó durante dos cuadras, luego se detuvo y señaló las ventanas del segundo piso de una gran tienda. Levanté la vista y vi una gran variedad de camisetas de fútbol. Luego me dio una palmadita en la espalda y se fue.

Compare eso con los cubanos que encontré en las calles, que no sabían nada de nada y no estaban dispuestos a ayudar.

Dejando a un lado los edificios completamente ruinosos y la inmundicia de los barrios de Centro Habana, el mismo país después de haber conducido desde La Habana a Varadero, es lo más hermoso.

Exuberante y verde, desde las colinas boscosas hasta las playas doradas, Cuba es, sin duda, una joya del Caribe. Los dos taxistas que nos llevaron de La Habana a Varadero y luego el recorrido contrario, eran dos caballeros muy interesantes. Aprendí mucho de ellos.

Me cultivaron con datos, desde la historia de la Isla, hasta la producción de ron, tabaco y azúcar; también aprendí que a principios de los años 90 muchos cubanos se vieron obligados a comer gatos y perros.

Ese fue un período en el que Cuba sufrió terriblemente por el colapso de la antigua Unión Soviética -su único aliado fuerte en ese entonces- sumándose a la crisis de la Isla el bloqueo de los Estados Unidos de América. Uno de los taxistas dejó bastante claro su desprecio hacia los Estados Unidos.

“Cabrones e hijos de puta. Nos tenían aquí muriéndonos de hambre”.

Sin embargo, de acuerdo con muchos cubanos con los que sí intercambié palabras, las cosas están cambiando lentamente para mejor. Al menos eso dicen. Después de ver la miseria de la vida de las cuarterías de Centro Habana; supermercados sin comida; excremento humano en las puertas – sinceramente espero que digan la verdad.

Si tuviera que describir a Cuba con solo una palabra, debería elegir ‘única’. Nunca antes había sentido o estado en un lugar con una atmósfera tan única. Diré también, que de ninguna manera rechazaría una segunda oportunidad para visitarla, porque siento que este es un lugar que crece en ti con el tiempo. La Isla muestra una hermosa honestidad desnuda; se puede ver lo bueno, lo malo y lo feo en cualquier lugar y en cualquier momento.


13 thoughts on “La visión de un joven inglés sobre Cuba

  • el 2 octubre, 2018 a las 8:37 pm
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    Interesante el articulo y las opiniones al respecto. Solo quiero decir dos cosas. El taxista es un pobre infeliz q solo sabe lo q le han matido en el cerebro tras tanto tiempo de la mentira communists. En Cuba solo existio el mal llamado bloqueo de E.U. pq este no le daba prestamo a el sistema para comprar a plaso pq sabian q ya le habian robado miles de propiedades y no le ivan a pagar nada. Ese era el bloqueo estado unidense famoso. Pero el resto de los paises como Argentina, Canada y Mexico le vendian a Cuba todo lo q queria y la miseria y necesidades seguia. No fue E.U. fue el comandante y su pandilla.
    Lo segundo, me da pena como todos hablan de necesidades, pero nadie habla de LIBERTAD. Ya a los cubanos se les olvido lo q significa ser Libre. Por favor refieranse a eso tambien, pq de nada sirve poder caminar sin miedo en Cuba u Hondura si no tienes Libertad.

  • el 1 octubre, 2018 a las 11:33 pm
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    Cada vez q algun amigo va a Cuba y me dice q consiguió una casa en Centro Habana, les digo q está comiendo m….. el vedado, nuevo vedado, playa y la habana vieja son los sitios para estar. Centro Habana solo cerca de Infanta alrededor del parque de los martires

  • el 1 octubre, 2018 a las 11:27 pm
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    La presidente cuesta 1 cuc en toda cuba. Te regalaron 3 pesos y no se porque

  • el 28 septiembre, 2018 a las 8:26 pm
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    La cerveza Presidente cuesta 1CUC, es decir, aproximadamente 1 dólar o 25 CUP. El precio y el cambio son correctos. No te estafó. El problema lo tienes tú que no entiendes que puedas pagar en una moneda y que te devuelvan en otra. Pero , de verdad, no te estafó.

  • el 28 septiembre, 2018 a las 11:50 am
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    Busque que hacer mejor princesa…

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