La tragedia de los familiares de los presos políticos en Nicaragua

“Pinita” Gurdian y su hija Ana Margarita, ahora presa política.

Enfermos, con restricción migratoria y llenos de angustia; son algunas de las realidades que enfrentan en silencio quienes tienen a parientes presos

Por Confidencial

HAVANA TIMES – El día que la presa política Ana Margarita Vijil vio a su madre María Josefina Gurdián, después de 80 días encarcelada en el complejo policial Evaristo Vásquez, conocido como “nuevo Chipote”, quiso demostrarle fortaleza. Ana Margarita estaba pálida, muy delgada y sufría una infección estomacal, pero su mayor preocupación era la salud de su madre, quien padece cáncer desde 2019.

A pesar de todas las dificultades que vive en la cárcel, Ana Margarita no quiso inquietar a su madre y “más que contarme cosas de ella me preguntó sobre mí”, relata María Josefina, conocida cariñosamente como Pinita. “Yo he pasado dos quimioterapias, perdí el pelo y ya lo recuperé, estoy en el proceso de curarme, pero el cáncer es difícil, uno nunca sabe, es traicionero y además se aprovecha de estos momentos de tensión, de dolor, que vivimos los familiares por la injusta detención de Ana Margarita y Tamara (Dávila, su nieta)”, explica.

Cristian Tinoco, hija del preso político Víctor Hugo Tinoco, también sufre un tipo de cáncer que la tiene hospitalizada y su enfermedad representa la mayor preocupación de su padre. Además, Heidi Meza Torres, madre del preso político Max Jerez, falleció el pasado 17 de septiembre a causa de un derrame pleural y neumonía, sin poder despedirse de su hijo.

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) contabiliza al menos ocho casos de familiares de presos políticos que han fallecido sin que estos puedan despedirse, mientras que la Articulación de Movimientos Sociales (AMS) divulgó hace una semana un registro de 15 familiares de presos políticos fallecidos desde 2018.

Los tratos crueles, degradantes e inhumanos que sufren los presos políticos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo trascienden a sus familiares. Vilma Núñez, presidenta del Cenidh, valora que a ellos “prácticamente los están victimizando”, ya que —en algunos casos— ni en su lecho de muerte les permitieron despedirse y otros que sufren enfermedades graves son maltratados en las diferentes instituciones del Estado.

La “victimización” de los familiares de los presos políticos es “una situación gravísima”, advierte Núñez, puesto que los principios del Derecho Penal dicen que “la pena no trasciende de la persona del reo”. Eso significa que si alguien es condenado, por cualquier delito, “esa angustia, esa situación de desesperación”, no debería ser trasladada a sus familiares, quienes tienen derecho a verlos regularmente y en caso de fallecimiento el reo debería tener la posibilidad de asistir a las exequias.

“Es verdaderamente doloroso, verdaderamente dramático, ver el peregrinar permanente de esas familias subiendo esa cuesta para acercarse a “El Chipote”, con la esperanza de encontrar en algún policía una respuesta distinta a la que  les ordenan. Lo más que han logrado es que les digan “vamos a consultar o son órdenes de arriba”. ¿Arriba de dónde? Definitivamente con esa respuesta “son órdenes de arriba”, están demostrándole al mundo que es en El Carmen donde se orientan todas las encarcelaciones y todas las violaciones a los derechos”, explicó la presidenta del Cenidh.

Castigados con restricción migratoria

El dos de septiembre pasado, Pinita Gurdián iba a bordo de un autobús rumbo a Costa Rica, donde se realizaría exámenes especializados para descartar la presencia de células cancerígenas en su organismo, pero en el puesto fronterizo de Peñas Blancas las autoridades migratorias de Nicaragua le quitaron su pasaporte y prácticamente la obligaron a regresar a Managua. Desde entonces ha preguntado en varias ocasiones por su documento de identidad, pero nadie le ha sabido explicar por qué no puede salir del país.

Complejo policial Evaristo Vásquez, el “Nuevo Chipote”. Foto: Confidencial

“Fui detenida en Peñas Blancas y no pude seguir mi camino porque nos quitaron los pasaportes, pasaportes que no nos han sido devueltos. Es una total arbitrariedad porque, ¿por qué me van a detener a mí? Iba a viajar por salud, pero —además— ¿por qué me van a detener si yo soy una persona libre? Yo tengo derecho a salir, tengo derecho a caminar en libertad”, reclama Pinita, quien trata de ser fuerte porque, valora, “esta situación perjudica el proceso de mi cáncer y sé que el mejor regalo que yo le puedo dar a ellas (Ana Margarita y Tamara) es que yo esté calma”, subraya.

Imposibilitada de viajar al extranjero para hacerse exámenes especializados, “lo único que he hecho es verme con mi oncóloga–ginecóloga aquí, pero con eso no puedo descubrir si tengo células cancerosas en mi cuerpo”, comenta Pinita, quien siente mucho temor de que la enfermedad se siga desarrollando en su cuerpo. 

Otro caso de restricción migratoria le ocurrió a Lesther Alemán Navarrete, padre del preso político Lesther Alemán Alfaro, quien el 16 de julio pasado viajó desde Estados Unidos para conocer la situación de su hijo y apoyar a su esposa en Nicaragua. Sin embargo, una “orden de arriba” le impidió entrar a su propio país. 

Alemán relató entonces a CONFIDENCIAL que al salir del avión notó la presencia de dos policías y dos oficiales del Ejército de Nicaragua. No se inmutó y continuó su camino. Entregó su prueba negativa de la covid-19, la hoja de migración y se dirigió a la revisión de su pasaporte; en ese momento, se percató que los cuatro oficiales estaban detrás de él, y posteriormente se topó con un policía y un trabajador de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME), quienes le pidieron su pasaporte.

Después de revisar su pasaporte y pedirle que se quitara la mascarilla para fotografiarlo, lo condujeron a un cuarto. Ahí, un policía le dijo: “¿Sabía usted que no tiene permiso para entrar al país?”. Alemán Navarrete preguntó las razones, ya que él es nicaragüense y presentó su pasaporte como nacional. Sin embargo, el oficial argumentó: “Hay una orden de arriba que usted no puede entrar al país”, subrayó.

Imposibilitados de comunicarse

Por otro lado, el régimen de aislamiento en que permanecen los presos políticos impide a sus familiares comunicarles sobre las situaciones que los afectan. Tal es el caso del preso político Miguel Mora, cuyos parientes no han podido informarle que su esposa, Verónica Chávez, y su hijo Miguelito Mora, quien tiene una condición de discapacidad, permanecen hospitalizados en condición crítica, tras contagiarse de la covid-19.

El preso político Miguel Mora y su hijo Miguelito. Foto: Cortesía

Fabiola Chávez, hermana de Verónica, lamenta que como familia “no hemos tenido la oportunidad de hacerle saber” a Miguel sobre la enfermedad de su hijo y esposa, aunque su abogado introdujo un escrito para que él sea informado, pero “ignoramos” si eso ocurrió.

Chávez explica que el hijo del preso político permanece en cuidados intensivos desde el 15 de septiembre pasado, porque debido a sus problemas neurológicos la covid-19 lo atacó de forma agresiva y sus pulmones están muy afectados. Mientras tanto, Verónica se está recuperando de la enfermedad aunque sigue hospitalizada.

En 2019, cuando Miguel Mora estuvo encarcelado por primera vez, falleció su abuela materna, Clorinda Barberena, pero el régimen no le permitió asistir a sus funerales.

Los familiares de los presos políticos, capturados en el marco del proceso electoral,  han denunciado que ni el Poder Judicial ni la Policía Nacional, les han brindado alguna explicación sobre el aislamiento de sus parientes. Por lo que lanzaron un llamado de “urgencia sobre el riesgo inminente de daños irreversibles a la integridad física y psicológica de nuestros familiares”.

También, la presidenta del Cenidh precisa que el Estado de Nicaragua ha violado las “Reglas Nelson Mandela”, de la Organización de Naciones Unidas, que ­—entre otras cosas­— lo obligan a informar a los presos “en debida forma, en caso del deceso o una situación grave de un familiar y permitir que asistan al funeral”.

“Un dolor que me asfixia”

Si para los familiares de los presos políticos saber que están encerrados es una situación difícil, el hecho de no poder verlos ni saber nada de ellos es “desesperante”. En estos casos no hay derecho que valga, las audiencias se han realizado en la cárcel y es muy poco lo que los abogados han logrado hacer.

“Es un dolor que me asfixia, siento que no puedo respirar porque es terrible sentir a una persona amada —en mi caso son dos personas— en esa situación de encierro, de soledad, de incomunicación, de hambre”, relata Pinita. “Esto envuelve mis sentimientos, mi corazón, mis horas, en las noches no puedo dormir, no puedo comer, porque no es fácil tener más de 104 días con una sola visita”, agrega.

En estos momentos de angustia “yo me apoyo en mi fe cristiana y en mi familia”, comenta Pinita, quien asegura que todas las terapias resultan “inútiles” cuando se tiene a sus familiares presos y en peores condiciones que los reos comunes. “Ellas son inocentes de todos los cargos que quieren imputarles”, señala. “Reclamo libertad para ellas y para todas las personas presas políticas, libertad, libertad, libertad”, concluye.

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