La patrona de Cuba en su día

HAVANA TIMES Para ofrendar a nuestra Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, en un día como este, de comunión, Progreso Semanal ha preparado un especial que inicia con las notas de Don Fernando Ortiz sobre “La Virgen Mambisa”, extraidas de su libro La Virgen de la Caridad del Cobre. Historia y etnografía, una compilación de textos que se mantuvieron inéditos hasta 2008 en que vio la luz este volumen.

Ortiz que de tantas maneras ha contribuido a devolvernos una imagen aclarada de nuestra cultura y de las raíces de nuestro pueblo, aborda en estas líneas la cubanización de esta virgen y sus vínculos con la intensa vocación independentista en nuestra historia.


La Virgen mambisa (1)

Por Fernando Ortiz

Andando los siglos, la Virgen del Cobre, en Cuba, acaso la primera virgen cubana, debió la circunstancia de ser oriental, es decir, de tener su ermita en la región cubana más significativa en las épocas de los indios precolombinos, de la conquista española y de la independización nacional, el llegar a ser más cubana que las demás.(2)

La Virgen de la Caridad del Cobre que fue Virgen trigueña para los castellanos conquistadores, llegó a ser, por una frecuente paradoja de las creencias populares, la Virgen cubana, la Virgen mambisa y antiespañola, según decía el sentimentalismo de los patriotas cubanos exaltados, cuando el hervor de las contiendas separatistas; oponiendo entonces la Virgen de la Caridad del Cobre a la Virgen de Covadonga, que era tenida por la más intransigente metropolitana e integrista. La primera vestía siempre de blanco y azul, a la otra gustaban de adornarla con indumentos de oro y grana.

Así podía leerse en la prensa cubana revolucionaria de 1871 el siguiente texto:

Gente del Cobre ¡Ah!, se me olvidaba. El cura de la iglesia de la Caridad (español, no hay que decirlo) y ha invitado a sus feligreses para que le recen una novena a la Virgen, pidiéndole que se acabe la insurrección. Y ¿sabe usted por qué lo ha hecho? Pues, porque ha llegado a su noticia que en tiempo no lejano la Virgen era insurrecta, y se pasaba en la manigua semanas y meses seguidos, según cuenta la tradición, apareciéndose luego en su santuario de El Cobre, manchada de lodo, y cubierto de zarzas el vestido. (Las legendarias desapariciones ambulatorias de la Virgen de la Caridad, reaparecen ahora, por la exaltación de la fe patriótica.) ¡Hola! ¿Ya apeláis a los santos, nietos de Pelayo, y súbditos del hijo de rey que ha destronado al Papa? Amadeo, de la estirpe de los Saboya, hijo de Víctor Manuel II, que destruyó, el 20 de septiembre de 1870, el poder temporal de la Santa Sede romana. (3)

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8Virgencita-_9Cuéntase que Carlos Manuel de Céspedes, al entrar en Bayamo con las fuerzas liberadoras, hizo decir una solemne misa en honor a la Virgen de la Caridad, poniendo bajo su protección al ejército revolucionario. Hoy cuenta la parroquia de San Salvador de Bayamo con una pintura mural al óleo, conmemorando esa ceremonia de proselitismo mambí.

Algo análogo ocurrió en México cuando la revolución independizadora de 1810. El cura patriota Hidalgo enarboló el pendón de la Virgen de Guadalupe (originaria de Extremadura), como patrona de los separatistas. Los españoles respondieron con la invocación a la Virgen de los Remedios, que en cierta ocasión fue vestida con el uniforme de capitán general español; así como la Virgen del Pilar fue contra los invasores franceses de España en aquella época, capitana de la tropa aragonesa, según reza en la canción popular. Cuando el triunfo de los separatistas mexicanos, a la Virgen de los Remedios, llamada por los victoriosos La gachupiana, se le expidió pasaporte para España y se le ordenó que evacuase el territorio de México republicano.(4)

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El doctor Fermín Valdés Domínguez, el fraterno compañero de Martí, escribía: «La milagrosa y cubana Virgen de la Caridad es santa que merece todo mi respeto porque fue un símbolo en nuestra guerra gloriosa.

»Camagüeyana era mi madre, y su religión –que era la del bien– solo tenía un culto positivo: la fe en la Virgen cubana, como ella decía: “Lleva, hijo mío, tu medalla al cuello y no le temas a las balas de los españoles: esos son siempre los judíos, los asesinos de Cristo y de todos los hombres que saben amar la libertad; esa medalla los asusta, ella es la voz de la justicia que los manda, como réprobos, al infierno.”

»Y cuando en el presidio secaba, amorosa y altiva, el sudor de mi frente; y quería curar con sus lágrimas las úlceras de mis pies, y arrancar con sus manos mis grilletes, entonces su plegaria era un grito de dolor: ¡Virgen de la Caridad, que triunfemos!» (5)

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Nos cuentan algunos sacerdotes cubanos que Antonio Maceo, el caudillo de la bélica invasión de la parte ponentina de Cuba, cuando la guerra liberadora, llevaba al cuello un escapulario de la Virgen de la Caridad, y ello se vio en grande, pues en ocasiones de celebrarse un baile para celebrar la llegada de los mambises victoriosos al extremo occidental de la patria, se le rompió la cinta del escapulario al famoso libertador y este pidió a una dama que se lo cosiera.

No faltan finas leyendas y curiosas anécdotas de la vida de la manigua liberadora en que la Virgen de la Caridad del Cobre apareciera «dando machete» a la tropa española, como Santiago acuchillaba…

Una copla cubanísima de la Guerra de los Diez Años, recogida por Carolina Poncet, cantaba:

Virgen de la Caridad,
Patrona de los cubanos,
Con el machete en la mano
Pedimos la libertad. (6)

4Virgencita-300x234Hoy la separatista Virgen de la Caridad del Cobre celebra su fiesta el mismo día de la integrista Virgen de la Covadonga, el 8 de septiembre, que la Iglesia consigna a la Natividad de la Nuestra Señora. En ese día del cumpleaños de María celébranse muchas otras advocaciones marianas. Se nos dice que el arzobispo del Cobre pidió a Roma que la Virgen de los cubanos tuviera misa y oficio propios, trasladándose su festividad para el 20 de mayo, o sea, para el aniversario del natalicio de la república cubana.

Para los españoles de Santiago de Cuba, la Virgen de la Caridad fue tenida mambisa y hubo mañado empeño en anularla, exaltando la devoción de otra Virgen, de rancia y ostensible prosapia española, o sea, la Virgen de los Desamparados, de Valencia, que fue traída a Cuba y desembarcada en Santiago con gran solemnidad eclesiástica, gran parada de tropas y de voluntarios, concurrencia de autoridades, Te Deum catedralicio, y demás propias del estado español unido a la Iglesia Católica en diferente disfrute del absolutismo colonial.

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La Caridad en la copla popular del tiempo de la guerra del 95:

Dicen que Pancho Valeria
es un diario americano
por eso los cubanos
no pueden plantar bandera.
Ay Dios! Gran Dios!
Es menester que no hubiera
en El Cobre la Caridad
que allí esa señora está
pidiendo por los cubanos
con la bandera en la mano
que viva la libertad.
Ay Dios! Gran Dios!

(La música es del tipo tonada.)

(…)

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La Virgen Caridad del Cobre que se venera en El Cobre, allá en la provincia cubana de Oriente, y es la misma imagen dicen aparecida por gracia divina en tierra movilizada por reclutas mambises, anduvo por las maniguas patrias, y peleó por la independencia de Cuba, como la Virgen de Covadonga luchó en el ejército español por la permanencia del coloniaje, continuándose así la tradición belicosa de las imágenes marianas amparadoras de guerras, sea de Concepción, liberadora de los cristianos en Lepanto; como la Guadalupe, liberadora de México; como la Pilarica, liberadora de España, que según la copla:

no quiere ser francesa,
quiere ser capitana
de la tropa aragonesa.

La Virgen de la Caridad del Cobre quiere ser capitana de la tropa mambisa, levantada por los cubanos para ganar a la fuerza las libertades que entonces se ansiaban. Pero la Virgen de la Caridad no fue una poderosa guerrera, y sus favores marciales no fueron sino transitoria dedicación a que la obligaba la devoción del pueblo cubano, que desde comienzos del siglo XVII, la tiene por muy intercerona celestial y abogada influyente en la Suprema Corte de Ultramundo.

Los católicos españoles, pobladores de estas Indias americanas, veneraron en Cuba otras imágenes de la personificación de la maternidad divina, como la de Monserrate por la colonia catalana, la de Covadonga por la asturiana, la del Pilar por la aragonesa, o la Begoña por la vascongada, amén de otras advocaciones menos regionales que vinieron de España con los conquistadores y colonizadores, como Nuestra Señora de los Remedios, de Regla, la Asunción, de la Salud, del Carmen, del Rocío, de los Dolores, de Guadalupe, etc., las cuales alcanzaron aquí culto muy extendido, hasta fijarse y perdurar en la toponimia cubana; pero ninguna se cubanizó como la Virgen de la Caridad del Cobre, morenita ella y surgida de la fe popular entre indios y negros, entre esclavos; propicia, por la legendaria aparición, a la fe de las clases humildes, que en Cuba más miraban deprecatoriamente al cielo.

Notas:

1 Fernando Ortiz. “La Virgen Mambisa”, en La Virgen de la Caridad del Cobre. Historia y etnografía. Compilación, prólogo y notas de José A. Matos Arévalos. Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2008. pp. 250-257.

2 La Virgen de la Caridad no fue en Cuba exclusiva de la región oriental, pues en la parroquia del Espíritu Santo de La Habana hubo cofradía de Nuestra Señora de la Caridad desde antiguo, según nos dice Arrate; pero el santuario de El Cobre, cerca de Santiago, ha sido siempre el asiento nacional y milagroso de la Virgen de la Caridad. La Virgen cobreña fue la más cubana.

3 Cita de Emilio Bacardí y Moreau. Crónicas de Santiago de Cuba. Santiago de Cuba, 1923, p. 133.

4 W. S. Walsh. Curiosities of Popular Customs, p. 835.

5 Y narra después una peregrinación anual que el 10 de octubre celebraban las mujeres católicas de los mambises para pedir a la Virgen cubana la independencia de la patria. «La Virgen de la Caridad», en el periódico Patria. Nueva York, 9 de junio 1894. Artículo fechado en Key West, 25 de mayo de 1894.

6 Carolina Poncet. «Cantares locales cubanos», en Archivos del Folklore Cubano, vol. I, No. 2, abril, 1924, p. 97.

 

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¿Qué representa La Virgen de La Caridad del Cobre para los cubanos? La respuesta es personal, es nuestra muy particular visión, que se trenza con la de otras tantas personas que han tenido en Cachita un sostén, una fe, un símbolo… Progreso Semanal indagó entre amigos, cubanos todos, en Cuba o emigrados, creyentes o ateos, blancos o negros, jóvenes y no tanto…

María Isabel Alfonso, cubana, PhD. Vive en Nueva York, profesora universitaria. Directora de Cubanamericans for Engagement (CAFE):  La Virgen de la Caridad es para mí un recordatorio de la especificidad de la cultura religiosa cubana dentro del contexto de mi experiencia newyorkina. Años atrás, siendo practicante del catolicismo en Cuba, te hubiera podido decir que tenía una resonancia más personal. Ahora, que no lo soy, al menos no como antes, La Virgen sigue aún teniendo un significado imantador pero con una arista mucho más social, dentro del mundo plural y ecuménico en que me desenvuelvo. Vivo en Jackson Heights, una de las ciudades más multiculturales del planeta, con un 65 por ciento de su población compuesta de emigrantes de todo el mundo: India, Blangladesh, Nepal, China, Korea, Filipinas, Pakistán, Burma, Polonia, Rusia, Colombia, Argentina, Uruguay, Ecuador. Todas estas culturas celebran sus identidades –incluyendo la religiosa—de manera visible y espontánea. Los musulmanes celebran el Ramadan, el noveno mes del calendario lunar islámico, a través de un ayuno durante las horas del día. Ninguna comunidad religiosa es tímida a la hora de exponer sus celebraciones y símbolos. Puedes ver en las calles estantes de libros en venta con el Korán junto a la Biblia. Esta yuxtaposición es para mí un símbolo de cómo debo entender y vivir mi propia identidad: sin sentidos de excepcionalismo, pues el mundo es muy ancho y a mí esta amplitud me entra por la ventana todos los días. Como consecuencia, cada día revisito, anhelo, y extraño mi propia cultura y de mi identidad religiosa, teniendo en cuenta la validez de todas las demás que me rodean. Tengo que confesar que es un proceso hermoso el cual me ha permitido tener un mayor respeto por mis raíces, al ver a sus símbolos dentro de un contexto global. En este sentido, La Virgen de la Caridad, de la cual tengo una pequeña estuatilla, no es sólo mi ancla a mis raíces sino el navío desde el cual puedo apreciar la belleza de la multiculturalidad religiosa que me rodea.

Mónica Rivero, vive en un décimo piso habanero, tiene 25 años y es periodista:  Mi abuelo Alberto murió cuando yo tenía apenas cuatro meses. Ya más entrada mi infancia le pregunté por él a mi madre, su hija. Ella me dijo que mi abuelo estaba en el cielo, y que desde ahí nos acompañaba. Pero acotaba un comentario importante: “Esto es un secretico entre tú y yo. No se lo puedes decir a tu papá”. Que nadie la juzgue, debe ser difícil hacer consenso para la crianza si de creencia (emoción, pálpito, fe) se trata. Mi papá era un hombre sensiblísimo. Se regodeaba siempre en describirme un detalle cualquiera para que yo captara el sentido oculto de una imagen; me entrenó esa mirada. Profesaba el sentimiento y una fe casi ciega en la gente. Pero decía que les envidiaba a los religiosos esa fe que “distraía” de la realidad trágica del destino y la vida, si bien él no lo veía como tragedia, sino como curso de la naturaleza, como parte de un ciclo. Sin embargo, no supo nunca –o sí y no lo dijo– que adondequiera que fue desde que conoció a mi madre, lo hizo con una estampita de la Caridad del Cobre bien apertrechada en su maleta. Entonces con Cachita –así le dice siempre mi mamá–, esa mujer buena, dadivosa, tengo una deuda de gratitud, y un sentimiento de proximidad por la complicidad en el secreto, en lo clandestino de su protección. Tengo una estampa suya en mi escaparate, para que siga viajando con mi padre, adondequiera que haya volado esta vez, para que viaje conmigo, con mi madre… concentrada en una piedra de cobre en todos los pasos que da mi amor.

Amado del Pino, dramaturgo, periodista. Nació en Tamarindo y hoy vive en Madrid desde donde escribe muchas de sus añoranzas por Cuba:  A mí –nacido hace 54 años en lo profundo del campo cubano; hijo de un maestro de escuela agnóstico y librepensador– la Caridad del Cobre me llega más bien por alusiones (buena parte de ellas rápidas, leves e instauradas en el valioso reino de la broma) a los tres Juanes que la acompañaban en el bote. Suelo querer más a la entrañable Patrona de Cuba cuando el trato con ella se asume desde el diminutivo. Ese trato confianzudo, ese chiqueo de la gente de a pie protegió su influencia hasta en los largos –y en buena medida lamentables– años de un férreo ateísmo como posición oficial y como modelo de conducta deseable, conveniente, casi obligatorio en escuelas o centros de trabajo.

En la célebre guaracha el protagonista insiste en que le traigan una virgencita de La Caridad. No se trata –en la lectura desenfadada en que la escuché y hasta alguna vez mal canté en algún bar de barrio o patio de las afueras en fiesta familiar– de una estampa para adorar todos los días.  “Y si vas al Cobre…” vaya, ya que te llegarás hasta el lindo pueblo de nuestra zona oriental, quiero una virgencita para que me acompañe, me proteja y “por si acaso”.

Más cerca he estado de la –¿equiparable? ¿prima hermana? ¿asociadas por comodidad clasista o pereza investigativa?– imagen de Oshún, como se sabe orisha esencial de la Regla de Ocha.  Ando entre la impresión y la certeza en cuanto cubano(a) –ellas más y mejor, como en tantas cosas- confiesa que tiene hecho o que es hija de “la santísima Caridad del Cobre”, lo dice con un énfasis que responde –de manera natural y orgánicamente incorporada durante generaciones– a un viejo disimulo de la espiritualidad popular ante la religión oficial y centro cultural. Cuando se organiza y se celebra el tambor o el cumpleaños de consagración, Ochún es llamada por su nombre propio y va acompañada de toda la riqueza de sus cantos, sus bailes, sus sensuales caminos.

Melvis Sarduy Castellanos, tiene 53 años. Se autodenomina “Trabajadora por Cuenta Libre”:  Soy atea, absolutamente atea. Tengo una estampa de la virgencita colgada en la puerta del cuarto de mis hijos que ya son unos grandotes. Mi suegra me la regaló con mucha fe y solo me pidió que era para proteger a sus nietos. Si de proteger se trata, ahí ella es guardiana, y solo le he pedido pocas cosas en la vida: salud y para ellos; lo demás me lo agencio sola. La Virgen es tranquila, humilde, preciosa… Está y no está, pero por el momento vive resguardando a mis niños. Tengo un relato lindo porque yo estudié en Santiago de Cuba y era una tremenda botellera. Un día salí al atardecer de becas Quintero y solo llegué cerca del Santuario. Me cogió la noche, anduve a oscuras y con miedo ese trecho y allí me dieron cobija. Yo tendría 22 años apenas. Cada cien pasos me detenía, respiraba y recogía una piedrita. Las conservo. Yo creo que la Virgen es una compañera que no hay que molestar mucho, sino venerarla. La Virgen es para mí sábanas blancas cuando tengo miedo y frío, salud y amor cuando hay varicela o una herida profunda en una pierna.


Cortesía de Eric Silva. Proyecto ALTER-NATIVO (el otro nativo), Xilografia 50×70.

Camilo Venegas escritor, poeta y periodista cubano que reside en República Dominicana:  Soy nieto de un ateo y una devota. Mi abuelo nació en 1908 y, a miles de kilómetros de Moscú, sintió siempre una gran simpatía por los primeros comunistas. Nunca perdió la admiración por aquellos ilusos que pretendían un mundo sin explotadores ni explotados. Mi abuela nació en 1914 y, a cientos de kilómetros del Cobre, sintió siempre una gran devoción por la Virgen de la Caridad. Eso explica que hubiera una de yeso en un hogar donde se hablaba de Marx y de Trotsky con cierta regularidad. Como mi abuelo fue mi primera gran influencia, yo solo veía a la Virgen de la Caridad de las piernas para abajo, justo donde había tres navegantes que parecían sacados de “La isla del tesoro” o “El corsario negro”. En eso, para mí, consistía la divinidad de aquella representación, en la suerte de aquellos marineros. Muchos años después fue que entendí lo que significaba de verdad para los cubanos aquella mujer. Entonces a los marineros se sumaron el nombre de Ochún, el de Cachita, los girasoles, los ríos y la miel.
Diana le pone todos los sábados un ramo de girasoles a una Virgen de la Caridad que compramos en la Ermita de Miami. Se los encarga a una anciana que viene desde Haina con un balde lleno de flores sobre la cabeza. En esas flores veo a mi país, a mis abuelos y al resto de las cosas que me definen. A simple vista son siete girasoles dentro de un pomo con agua, pero en verdad ellos representan muchísimas más cosas, incluso para mí, que soy nieto de un ateo y una devota.

Mayte Ávila, tiene 42 años. Es vendedora en una tienda por departamentos en La Habana:  “Mi Santa”, “Mi Cachita”, “Mi Santísima Caridad del Cobre”, “Mi madrecita” o simplemente “Cacha”… Así la invoco muchas veces al día. Para mí significa mucho, forma parte de mis días, de todo lo que hago en mi vida… Todo. Sé que para unos es solo La Patrona de Cuba, para muchos una santa muy milagrosa y para otros no es más que la imagen de una mujercita con su hijo en brazos a la que en un momento de desesperación le piden o le hacen una promesa. Para mí no. Para mí es mi ángel de la guarda, mi protectora, mi guía, mi eterna acompañante, mi amiga. Siempre me agradó esa imagen, pero aprendí a quererla y creer en su protección durante mi embarazo. A los 4 meses de gestación me mandaron para mi casa con la condición de hacer reposo absoluto. Así empecé una espera donde me deprimía, lloraba, pensaba mil boberías que ahora entendí que son normales cuando se está en ese proceso. Un día recibí la visita de una señora que trabajaba conmigo. Recuerdo que en mi cuarto había una estampita puesta en un cuadrito, regalo de una amiga que había visitado El Cobre. Mirando la foto me dijo: “Pídele mucho, ella es muy milagrosa, es la dueña del vientre, protege a las embarazadas y a los niños”. No hizo falta escuchar nada más, noche tras noche le pedía que me regalara la posibilidad de verme como ella con mi hijo en los brazos, le pedía salud para mí y para mi bebé; le prometí que si todo salía bien yo iría a su iglesia en El Cobre llevando a mi hijo en brazos y un ramo de flores bien grande en la otra. Mi placenta dejó de ser previa, con el reposo subió y lo más increíble: mi parto fue natural. Ese día mientras esperaba la llegada de mi hijo, le pedí que me ayudara a que todo estuviera bien, que me diera fuerzas y salud para salir rápido, que mi niño naciera sin problemas … y así fue. En la actualidad mi hijo tiene 11 años, y todavía en las noches le agradezco por ese regalo que me dio. Le pido que siempre me lo cuide y me lo proteja. Mi promesa la cumplí y fue uno de los días más emotivos de mi vida, sentí que ella me estaba esperando, me sentí como una hija cuando va a ver su madre, me sentí en casa, sentí todas sus bendiciones. No me considero religiosa, ni cristiana, no soy santera, ni espiritista, yo soy ”CACHISTA”, yo sola me nombré hija de La Virgen de la Caridad, hay muchos santos milagrosos, pero yo soy fiel devota de Cachita. Donde trabajo hay muchas personas que practican la religión yoruba. En varias ocasiones me han dicho que yo tengo que ser hija de Oshún. No imaginan la felicidad que siento y lo más gracioso es que lo afirmo como si conociera de esas cosas. Será porque lo deseo tanto que se ha hecho una idea fija en mí. Como muestra de mi devoción, en todos los cuartos de mi casa hay imágenes de la virgen y en mi mano izquierda llevo una pulsera donde se bambolea haciendo un sonidito único, una medallita con la estampa de la virgencita a la que le pido siempre, cuando las cosas me salen bien le agradezco y le doy un beso, cuando algo anda mal la miro y le pido. Sé que siempre me escucha. La Virgen de la Caridad es para mí una santa maravillosa que apareció justo cuando más la necesitaba y se quedó conmigo, acompañándome para que nunca estuviera sola por los caminos de la vida.

Violeta Rodríguez Chaviano, actriz, 42 años:  Mi abuela llegó a La Habana muy joven, pobre y con dos hijos. Se instaló en un modesto apartamento de Centro Habana y ejerció disímiles labores procurando el bienestar familiar. Tenía, colgada en la pared de la sala, como buena cubana, su estatuilla de La Virgen de la Caridad del Cobre a la que un día, cansada de tanta miseria, tumbó de un solo golpe con el palo de trapear. “Ay, mi madre, tú estás loca”, le dijo una vecina que en ese momento se asomaba a la puerta de su casa. Mi abuela, con la entereza y testarudez que siempre la han caracterizado y con toda la seguridad del mundo le contestó: “Cuando ella les dé de comer a mis hijos yo la vuelvo a poner en su sitio”. No sé si mi abuela Argelia volvió a colgar en su casa la imagen de la Caridad o si la dejó castigada para siempre. Yo nunca la vi. Crecí escuchando este cuento henchida de admiración por el coraje de mi abuela. Porque evidentemente la Virgen de la Caridad era algo que merecía especial respeto y mi abuela Argelia la había desafiado. Con los años, andando por la vida, descubrí que esa virgen a la que mi abuela le había metido un escobazo era muy querida, respetada y hasta temida por los cubanos. Que era nuestra protectora y que su fuerza se proyectaba también en otras culturas (la identificaban como Oshún), y que la gente ofrecía rituales en su honor y la cortejaban con ofrendas y promesas. Y supe que durante las guerras de independencia el Ejército Libertador sentía gran devoción por la Virgen y a ella se encomendaban. Esa virgencita que mi abuela había tumbado de la pared era La Patrona de Cuba.

1VirgencitaVisité su Santuario solo una vez. La única que estuve en Santiago de Cuba. Atravesé el umbral de su humilde estancia impresionada y perpleja ante tanta devoción. Sintiendo otra vez aquella misma escalofriante y antigua sensación. Me paré muy seria frente a ella convencida de que me señalaría con el dedo y como la hereje que era me condenaría para siempre. Ella, intacta, perfecta en su inmovilidad me miraba contundentemente. Me abrí paso, cobarde, entre la muchedumbre, y en voz muy baja y con mucha vergüenza le confesé que yo era la nieta de aquella irrespetuosa señora que la había tumbado, hacía muchos años, de su altar. Le pedí que perdonara a mi abuela y le rogué salud para los míos. Su mirada clavada en la mía. Su ojo sembrándome en el terror. Y aunque todo el cuerpo me temblaba, logré, como buena cubana, pedirle también bendición para mi pueblo. Y fue entonces, en ese justo momento, al tiempo en que mi débil y quejumbroso aliento largó la palabra “Cuba” que sentí caer su velo inmenso, tibio y protector sobre mi persona junto con el inconfundible desenfado de su sonrisa. Entonces supe que Cachita no solo había perdonado a mi abuela: también la acompañaría siempre.

Yudy Fundora, cubana, graduada de Comunicación Social de la Universidad de La Habana. Vive en Atlanta desde 2011:   En Atlanta, Georgia, donde la gente se entrega con igual devoción a dos cosas: el trabajo y Dios, un customer de un restaurante donde tengo un part-time job a las afueras de la ciudad me preguntó hace unos días: Do you believe in God? Which religion do you practice? A lo que respondí: Bueno yo de Dios no se mucho ni de practicar tampoco, pero creo que soy católica porque soy devota de la Virgen de la Caridad del Cobre. “Believe”, that’s what counts”, me dijo el tipo.

Rebeca Chávez, directora de cine:  ¿Qué es para mí la Virgen de la Caridad? Es ahora, en mi adultez, que tengo una idea más precisa de ella. Antes me sentía más inclinada por Santa Bárbara. Mi mamá tenía una imagen de esta santa con una espadita que se podía sacar y poner en otras posiciones. Ella (pensaba yo) oía a mi mamá y se ajustaba más a sus estados anímicos… Usé esta experiencia-vivencia en mi película “Ciudad en Rojo”. Con el tiempo descubrí a la Caridad del Cobre… y su historia con los mambises, el santuario en medio de las montañas, la leyenda de los tres juanes y así un día del 59 fui con otros miles a pie, por el camino viejo, desde Santiago hasta el Cobre pero no llegué a verla. Hubo un atentado. Un casquito batistiano que huía tiró una granada a la procesión. Mi hermana fue herida y otros muchos también. Muchos años después volví y sí la vi. Aquella imagen tan chiquita, en medio de aquel altar me impactó, no tenía idea de cómo era. Ahora la veo, mejor, la asumo y la sumo a la idea de la raíz de lo cubano, junto a Martí y a los Orishas africanos y también a lo más pagano que está en la vida y al lado de la Santa Bárbara de mi mamá.

Mandy, editor de cine. Es de Santa Clara y vive en Centro Habana. Tiene 32 años:  Mi primer acercamiento a algún tema religioso fue en el año 98, cuando insólitamente en mi familia, y en mi(s) escuela(s), se hablaba con “orgullo” del Vaticano, y de la religión católica. Era miércoles, y en mi preuniversitario nos anuncian que saldríamos de pase porque al otro día nos teníamos que concentrar en algún punto de la ciudad de Santa Clara, y “marchar” hasta un campo de fútbol abandonado que habían remozado fulminantemente porque iba a ser el lugar donde el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica ofrecería una Santa Misa. Algo estaba mal, pero yo no sabía, ni se bien. En mi casa, hasta ese año, cualquier tema religioso era tabú. Mi familia estaba constituida por: mi abuela, presidente del CDR; mi mamá, Cuadro (¿?) del PCC, y mi abuelo, desde bien joven, líder sindical, comunista en todo su ser, persona intachable además. Mi formación era, como se pueden imaginar, comprometida con los valores del socialismo soviético y sobre todo atea. Mis vecinos más cercanos eran católicos escondidos (hasta un día) y en casa de algunos de mis familiares veía algunos íconos y vínculos religiosos “un poco sospechosos”, porque nadie daba fe de sus creencias, no se podía. En mi infancia, cuando terminaba de ojear la revista “Misha”, o de garabatear la “Sputnik” de mi abuela, me daba por husmear en todo (admito que me metía en más de un problema por eso), y varias veces le preguntaba a mi abuela por una lámina con una imagen religiosa que estaba bajo resguardo, junto a un crucifijo metálico (desconozco qué tipo de metal) en el escaparate de mi abuelo, y siempre recibía alguna “curva”, pero nunca obtuve respuesta al respecto. Ese día, en enero del año 1998, asistieron miles de santaclareños y de lugares cercanos y distantes a la Santa Misa, donde el Papa transmitió un mensaje de amor, paz y esperanza a la familia cubana. Muchas cosas cambiaron a partir de ahí, mi abuela me confesó el porqué de la imagen, era un antiguo dibujo de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, que mi abuelo atesoraba, algo de lo que no podía desprenderse, porque era parte de sí mismo. Quizás alguien como yo, que sigo siendo ateo, no comparta sentimientos afines con determinadas religiones o situaciones religiosas, pero qué cubano no se identifica con esa imagen de la virgen María cargando al niño Jesús y los tres pescadores. Es y será parte de todos nosotros, a pesar de todo.

Maykel Colón Pichardo, graduado de Historia en la Universidad de La Habana. Investiga temas relacionados con la raza. Vive en Barcelona desde 2011:  La Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, Oshún o simplemente Cachita está de fiesta. Por ello quiero hacer mías las palabras del Caballero del Son, para venerarla. Este lunes “va a empezar la ceremonia, vamos a hacer caridad”, y contra todos los males y en busca de la luz, posaré ante su venerable imagen y “voy a pedir pa´ ti, lo mismo que tu pa´ mi”.

Daniel Salas González, profesor universitario. Estudia en Canadá su doctorado:  He podido ir muchísimas veces al Santuario de la Virgen en El Cobre, Santiago de Cuba, y a pesar de no tener formación ni creencias religiosas organizadas, cada vez que llego ahí tengo la experiencia de llegar a un lugar al que uno pertenece. Sin saber rezar realmente, le he solicitado salud, prosperidad, alegrías para mi gente querida y los cubanos en general. Es también un paseo de curiosidad que deja ver las ofrendas entregadas por todo tipo de gente. Hoy la llevo en la cartera en un sellito plasticado, un resguardo, que gana valor cuando -como ahora- estoy lejos. A raíz del reciente aniversario redondo de la aparición de su imagen leí con interés sobre su historia: pude entrever por qué ha sido una imagen clave para nuestro pueblo por varios siglos. Sus milagros a los esclavos, su relación con el pueblo de El Cobre, sitio de una rebeldía indómita que no se reconoce como es debido en la historia más manoseada, y más tarde con las luchas por la independencia. Es conocer esa historia lo que me ha permitido encontrar razones no exclusivamente religiosas para querer la imagen como algo propio, una especie de abuelita protectora y justa que comparto con la gran familia cubana.

José María Vitier, músico:  Yo tengo una formación creyente, católica específicamente, en la cual la Virgen de la Caridad, digamos, era como el caso particular de la Virgen María en Cuba. Pero no estaba enfocado realmente en la figura, en la imagen y en la trascendencia de la Virgen de la Caridad como patrona de Cuba y por lo tanto, como patrona también de todos los cubanos y patrona personal. Fueron circunstancias muy específicas y también en parte dolorosas de mi vida las que me pusieron en el camino, se puede decir, de una devoción sí ya muy personalizada, muy profunda, por esa imagen de la Virgen María, que es la Virgen de la Caridad. A mí siempre me gustó la imagen del cobre, porque el cobre es una sustancia como humilde, ¿no?, que ya de entrada está hablando de la humildad. Y, bueno, el sentido de la caridad, que es un sentido que no es privativo de los creyentes ni mucho menos de los católicos, sino que es esencial para el ser humano. Así que por todos esos motivos yo tenía una afinidad, pero una afinidad que no había pasado todavía por el sentimiento, por la vivencia. La vivencia surge por una circunstancia que tuvimos mi esposa y yo, relacionada con la salud de nuestro hijo que, de repente, por un desdichado evento, estuvo en peligro, estuvo en peligro mortal, realmente. Y en esa circunstancia es en la que nosotros, cada uno a su manera, porque al final siempre los momentos dolorosos tú los puedes compartir pero son propios, son de cada quien, hicimos esta invocación. Era una situación en la que estaba involucrada la vida de nuestro hijo a partir de un accidente. Es un cuento que he hecho otras veces y que no todos los días tengo ganas de recordar por completo. Pero, bueno, así fue. Y la sensación de haber sido escuchado y la vivencia concreta de que todo tuvo un desenlace venturoso, en fin, ese sentirse realmente compadecido, realmente apoyado, en un momento de nuestras vidas, muy jóvenes todavía nosotros, nos cambió la vida. Nos cambió la vida y ese día, recuerdo, Silvia me dijo, “Algún día tendremos que hacer algo para dar gracias por esto”. Y de ahí salió la Misa Cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre, que yo vine a estar dispuesto y en capacidad de componer, bastantes años después.

Así que ese es el vínculo, que ya para nosotros es indisoluble, es parte de nuestras vidas, nos partió en dos la vida y nos hizo que ya esta sea una devoción que nos acompaña para siempre. Y no solo hicimos la Misa Cubana, que a su vez también ha reforzado por muchos motivos este sentimiento en nuestras vidas, sino además de eso, yo seguí escribiendo cosas. No hace mucho escribí la canción “Al pie de tus altares”, sobre el tema de la importancia de la Virgen para el pueblo cubano y un poco también para los cubanos, donde quiera que estén, y como ha sido un símbolo unitivo, es un símbolo patrio, no solamente un símbolo religioso. Es muy curioso, porque tocando tantas y tantas veces, más de cien veces, los conciertos de la Misa Cubana, me ha llamado mucho la atención como, a veces, más de la mitad de los músicos son ateos, pero sin embargo a la Virgen de la Caridad nadie le dice que no en este país. No importa cuál sea tu filiación, con la Virgen de la Caridad primera, no se juega, y, segundo, se respeta por encima de todo. Y eso es muy bonito, porque los cubanos, que somos tan irreverentes, es muy bonito que tengamos algo que todos respetamos. Y esa es la Virgen de la Caridad.

De la misma forma que estos amigos quisieron dejar su testimonio este 8 de septiembre especial para todos los cubanos, día en que la fe y el simbolismo se anudan, también lo invitamos a usted a colaborar en esta historia. Puede compartir en la zona de comentarios su propia visión sobre La Patrona de Cuba, homenajeada hoy y amada todos los días.
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Fotos y video: Claudio Pelaez Sordo


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