La Iglesia católica, en el centro de la crispación política cubana

Por Isaac Risco

HAVANA TIMES (dpa) — La Iglesia católica gana un incómodo protagonismo político en Cuba. Dos meses después de la visita del papa Benedicto XVI, la jerarquía eclesiástica de la isla hace frente a un creciente número de críticas por su diálogo con el gobierno de Raúl Castro, una línea que le había traído elogios y espacios inesperados en años anteriores.

Varios analistas han salido estos días en defensa de la cúpula católica cubana, entre ellos el conocido escritor Leonardo Padura y representantes moderados de la oposición, tanto dentro como fuera de la isla. Por otro lado, algunos disidentes atacan con dureza a la Iglesia por su nuevo papel como interlocutora del castrismo.

Mientras sus detractores acusan a la jerarquía eclesiástica de “contubernio” y una “actitud lacaya” con el gobierno, las voces más favorables elogian su labor a favor de la “reconciliación” de los cubanos.

El blanco de las críticas es el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega. Como máximo representante católico en la isla, Ortega ha impulsado en los últimos dos años un inédito diálogo con el gobierno, que condujo en 2010 a la liberación de más de un centenar de presos políticos y que ha dado a la Iglesia más espacios públicos que nunca en la isla, medio siglo tras el triunfo de la Revolución.

En un país donde todos los medios de comunicación tradicionales están en manos del Estado, los círculos intelectuales en torno al Arzobispado de La Habana han podido crear publicaciones que constituyen una forma de opinión pública alternativa tolerada por el oficialismo.

Las revistas “Palabra Nueva” y “Espacio Laical” abogan abiertamente por una mayor apertura que refleje la “pluralidad” de la sociedad cubana y piden una “transformación gradual” de la isla.

El pragmatismo y el talante conciliador de Ortega para evitar roces con el gobierno, sin embargo, han disgustado también a muchos.
El punto álgido fueron unas polémicas declaraciones de Ortega durante una visita a la Universidad de Harvard en Estados Unidos en abril, en las que criticó como “delincuentes” a un grupo de opositores que ocupó una iglesia en La Habana poco antes de la visita del papa.

Esa actitud “responde a su contubernio político con el gobierno”, señaló en un editorial uno de los medios del ala más dura del exilio cubano en Miami. Pero también en la isla el disidente Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación, acusa a los laicos cercanos al arzobispado de “desprestigiar” y “calumniar” a la proscrita oposición cubana.

“Son los mismos que están pidiendo el voto de confianza para el gobierno de Raúl Castro”, señaló el opositor.

Las revistas católicas respondieron a los ataques. La postura de Ortega es la de buscar “nuevos modelos sociales con paciencia y sin traumatismos”, señaló “Palabra Nueva”. “Espacio Laical”, por su parte, defendió la “propuesta de diálogo” del cardenal y reprochó a sectores opositores su “escasísima inteligencia política”.

Ésta última publicó también una serie de opiniones de conocidos representantes de la oposición más moderada dentro y fuera de la isla, e incluso de intelectuales cercanos al gobierno.

Algunos “se han dejado arrastrar quizá por la desesperación, por el deseo del cambio”, criticó por ejemplo el economista disidente Óscar Espinosa Chepe, un ex preso político detenido durante la llamada “primavera negra” de 2003.

Los progresos de los últimos dos años “han vindicado la posición constructiva del cardenal”, sostuvo también el cubano-estadounidense Arturo López-Levy. En recientes declaraciones a dpa, el investigador de la Universidad de Denver saludó asimismo la política de “diálogo”
y “distensión” impulsada por la jerarquía católica.

La Iglesia ha organizado en los últimos meses algunos eventos públicos en la isla inéditos por la pluralidad de su auditorio. En ellos han participado tanto empresarios del exilio como Carlos Saladrigas, como la bloguera disidente Yoani Sánchez o el sociólogo progubernamental Aurelio Alonso.

La jerarquía eclesiástica retomó esta semana el diálogo con sectores opositores. Ortega se reunió el jueves con representantes de las Damas de Blanco, el grupo de esposas de ex presos políticos.

“Las puertas de la Iglesia nunca han estado cerradas para las Damas de Blanco”, aseguró la líder del grupo, Berta Soler.

La activista también agradeció al cardenal su mediación ante el gobierno para detener los llamados “mítines de repudio” en su contra en el pasado, aunque otras fuentes disidentes hablaron también de algunas “tensiones” en el encuentro.

El propio Ortega no ha abordado hasta ahora públicamente el debate tras sus declaraciones en la Universidad de Harvard.

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