La historia del Cacique Mayarí

Por Osmel Ramírez Álvarez

HAVANA TIMES – “Todo comenzó como un juego”, me dijo el joven Fermín Olivero Bárcena el día en que le conocí, a principios de julio. Confieso que cuando subí las lomas para ver su proyecto cultural espontáneo lo hice con poca fe. Me hablaban de un indio viviendo en una cueva y me imaginaba a alguien medio enfermo de la mente, buscando un escape. Pero no fue así.

Llegué a la colina donde se emplazó con su personaje del “Cacique Mayarí”, empapado de sudor y casi sin aliento, y no pude más que incorporarme a dos grupos de visitantes (de media docena cada uno), que ya atendía.

Les acababa de dar las explicaciones y mostrado su museo de piedras raras, presumiblemente de valor arqueológico, que recolecta en las cuevas aledañas. Luego fuimos con él a las propias cuevas, por senderos amplios que mantiene limpios y con asientos rústicos para descansar, hasta llegar finalmente al árbol más prominente de toda la elevación, donde construyó un mirador rústico.

Fue muy emocionante. Pero lo que más me gustó fue el interés que despertaba en las personas, con deseos de volver, de celebrar allí el cumpleaños de alguien,  extasiados con el encanto de aquel lugar. Fue bueno ver a la gente interesarse por la cultura aborigen, por la vida natural y por la belleza de nuestra naturaleza. Evidentemente “el proyecto del indio”, como le dicen, le interesa mucho a las personas.

Al salir llegaban más jóvenes a visitarlo y él se prestaba sin vacilar a atenderlos. Descalzo entre las piedras calientes por el sol del mediodía, sin cobrar nada y aceptando a muchos ruegos algunas donaciones voluntarias de dinero, con miedo, pues no tiene permiso para tener el proyecto ni cobrar por su sacrificado trabajo.

A todos contaba su historia, cómo surgió la idea poco a poco enriquecida y finalmente el temor de que tuviese que destruirlo. Al final le pedí permiso para escribir al respecto y publicarlo. Estuvo de acuerdo, pues necesitaba divulgación, “para salvar el proyecto, porque me lo quieren destruir”, aseguró. Treinta días  antes un inspector de Planificación Física le había dado un mes de plazo para que desarmara las construcciones de yagua, hojas de palmeras y bejucos.

Había ido a Cultura municipal y logró traer hasta allí, en un vehículo resuelto por los vecinos, a sus funcionarios, que encantados prometieron ayudar, pero nada se resolvía. Gestionó con la cooperativa local, y su presidenta, que enfrenta muchas acusaciones por corrupción, le negó ayuda. La presidenta del Consejo Popular le prometió apoyo, pero las trabas burocráticas impidieron soluciones.

Publiqué un primer trabajo en Diario de Cuba en ese mismo mes de julio. Un mes después volví con mi esposa para que conociera el lugar antes de que lo destruyeran, como presumiblemente sucedería. Lo encontré desesperado y nervioso. Los inspectores de Planificación Física habían vuelto como prometieron y le impusieron 900 pesos de multa, con orden de demolición. Había ido a todas partes y nada resolvía, solo trabas.

Renuente a destruir su trabajo, a menos que hubiese una solución, se atrincheraba en su impotencia. Ideas terribles rondaban su cabeza abrumada. Le aconsejé insistir en ver al presidente del Poder Popular, como última alternativa. No lo conozco personalmente, pero tengo amigos que sí y sé que no es mala persona.

Le expliqué más o menos cómo funciona nuestro sistema político y el por qué los dirigentes no tienen imperativo en los problemas del pueblo o en lo que le gusta al pueblo, porque no es el pueblo el que los elige ni evalúa su trabajo ni los promueve, sino el Partido. Sin embargo, una vez traspasadas las inmensas barreras entre el ciudadano y esas instancias de poder, si uno logra sensibilizarlos como seres humanos pueden cooperar en lo que importa.

Y así sucedió. Tras muchos días infructuosos, en los que estuvo a punto de desistir, pues  tanta antesala sin resultados laceraba su dignidad, pudo ver al presidente y este prometió ayudarlo.

Tras esa promesa una solución se ha abierto finalmente y el Cacique Mayarí podrá salvar su trabajo. Tendrá que demoler sus construcciones rústicas en la colina y trasladarlas a un kilómetro de distancia, en las inmediaciones de la Cueva de Seboruco, un sitio de gran valor arqueológico que es monumento nacional, pues allí se hallaron en 1948, por Núñez Jiménez, los restos más antiguos de habitantes de esta isla.

Esperemos que esa solución sea finalmente feliz y no aparezcan más obstáculos. Sería incluso un mejor enclave que el anterior, no solo por lo ya explicado, sino también por ser más accesible para el público, rodeado de un arroyo que en verano es muy frecuentado por bañistas y visitantes campistas por el atractivo de la cueva.

Cabe señalar que la solución no pudo salir por las vías más lógicas, a través de Cultura municipal, de la Cooperativa, del Consejo Popular o de que existiera un mecanismo por el que el propio Fermín pudiese legalizarlo como un emprendimiento independiente. Fue necesario mover corazones y voluntades por vías informales.

Reconocemos también del rol que tuvo la divulgación oportuna y precisa en la prensa independiente, que ayudó a visibilizar el caso, porque increíblemente la emisora de radio municipal Radio Mayarí ni el telecentro Tele cristal se dieron por enterados. Aunque la ciudad esté ardiendo no cubren la noticia sin una orden del Partido y del Minint. ¿Quién tiene dudas de la importancia de una prensa libre?

El Cacique, sus vecinos y todos los que hemos sabido la buena nueva estamos muy contentos. Es una gran victoria del tesón de este joven. “Agradezco a todos los que han ayudado a esta solución”, me dijo entre lágrimas. “Se me estaba cayendo hasta el pelo de la preocupación y la impotencia y un indio sin el pelo largo no es un indio de verdad” –sonrió. ¡Qué bueno!, finalmente el joven Fermín puede sonreír.

Haga clic sobre las imágenes reducidas para ver todas las fotos de esta galería. En tu PC o Laptop, puedes usar las flechas direccionales del teclado para desplazarte dentro de la galería. En dispositivos móviles, utilice las teclas en pantalla.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.


2 thoughts on “La historia del Cacique Mayarí

  • el 1 diciembre, 2019 a las 7:00 am
    Permalink

    Que interesante la historia, quiero ir a conocer, cuando vaya a Cuba también lo visitaré, hay algo que me incomoda y es que tanto que me hablaban de pequeño en la escuela de la extinción de nuestros indios, nuestros aborígenes, y cómo alguien ahora que quiere de alguna forma recrear un escenario ya perdido, le vayan a obstruir su iniciativa, esas cosas de los mandos bajos de Cuba son despreciables, es como que los líderes no tuvieran sentido común y se ciegan con la prepotencia que les da el poder! Bravo por el muchacho!! Eso es cultura….y Cuba es un país Culto!!!

  • el 15 enero, 2019 a las 7:22 am
    Permalink

    Gracias Osmel por ese trabajo periodístico soy de mayari no conocía del cacique cuando vuelva a cuba lo iré a conocer su proyecto me resulta interesante
    Saludos desde spring texas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *