La frontera de Estados Unidos y México – el Tercer País

Cruce peatonal de Tijuana, México hacia San Ysidro, EE.UU., al sur de San Diego.  Photo: Ken Alexander

 

La frontera entre Los Estados Unidos de América y México ha sido descrita como un Tercer País que tiene 3,169 kilómetros de largo y 33 de ancho.

 

Por Ken Alexander*

HAVANA TIMES – La vida a lo largo de la frontera ha cambiado, a medida que se ha militarizado más y  la retórica racista de los Estados Unidos afecta a sus vecinos del sur.

“Necesitamos leche”.

“Es tarde. Creo que la tienda aquí en Tijuana podría estar cerrada”.

“Bien, entonces iré a la tienda en los Estados Unidos, ya que está abierta hasta más tarde. Volveré en veinte minutos”.

Antes del 9 de septiembre, la vida de los mexicanos que vivían  al sur de la frontera entre México y Estados Unidos se desarrollaba sin necesidad de considerar el límite entre los dos países. Una simple decisión, como por ejemplo, dónde comprar la leche, ya sea en el lado estadounidense o mexicano de la frontera, era tomada según la hora del día, las condiciones del tráfico o cuáles tiendas estaban abiertas hasta tarde.

Hiram Bellozo, quien ha vivido en Tijuana toda su vida, dice: “Todos los que conocí cuando era niño tenían una visa que les permitía viajar hasta 25 millas dentro de los Estados Unidos, para la escuela, el trabajo o realizar las compras. El cruce de la frontera era un inconveniente menor. La frontera era amistosa. Nosotros éramos  amigables con los guardias fronterizos. No era problema alguno”.

Hoy en día, decenas de miles de mexicanos todavía cruzan la frontera diariamente para ir a la escuela y al trabajo. Alrededor de las 3 y 30 de la tarde, en Nogales, México, se puede ver cómo un flujo constante de niños mexicanos regresa a sus hogares a través de la frontera, después de un día de clases en Nogales, Arizona, en los Estados Unidos.

Vehículos esperando cruzar la frontera. Foto: Ken Alexander

Tijuana, México (conocido como TJ por los lugareños de ambos países) se siente parte de la más grande área metropolitana de San Diego. Miles de personas viven en Tijuana y viajan de manera diaria hacia sus empleos en los Estados Unidos.

Yo estuve en Tijuana en 2018 fotografiando a los centroamericanos en los campamentos de migrantes. Durante dos semanas, mi conductor de taxi, Hiram, me condujo alrededor de TJ en su taxi mexicano. Cuando llegó el momento de partir, simplemente me condujo a través de la frontera hasta San Diego. Dijo que probablemente obtendría un pasaje en San Diego para el regreso a casa.

En San Diego, el conductor del Uber donde viajaba era un ciudadano estadounidense nacido en Atlanta, Georgia. En la noche regresó a Tijuana, México, donde vive porque era más barato. Él realiza ese recorrido 6 o 7 días a la semana. Los alimentos y la ropa son más baratos en los EE. UU., pero el alquiler y los servicios son más baratos en México.

Sin embargo, hoy no hay ningún guardia fronterizo amistoso. Cuando cruzas de regreso a los Estados Unidos, eres recibido con capas de alambre de púas, agentes de patrulla fronteriza fuertemente armados, perros detectores de drogas y sofisticados equipos de vigilancia.

Un chofer con destino a los Estados Unidos puede esperar en la cola de dos a seis horas. Y, una vez que llegue a la frontera, su vehículo será radiografiado, sus documentos escaneados electrónicamente y su automóvil posiblemente será desarmado si existe la sospecha de que está transportando drogas. Es un lugar increíblemente hostil.

La visión típica en Estados Unidos de “la frontera” es tal vez solo lo que se ve en las noticias cuando hay un incidente allí. Imágenes de migrantes huyendo de gases lacrimógenos, de migrantes que son arrojados en estaciones de autobuses en El Paso y otras fotos sensacionalistas.

La realidad es que la frontera, la gente, y la tierra a ambos lados, es un lugar sorprendentemente complejo y diverso, más adecuadamente experimentado como un Tercer País, según lo describe el escritor Tom Miller, más que solo el límite entre dos naciones.

Una breve historia de la frontera

La actual frontera entre Estados Unidos y México fue creado a mediados del siglo 19, después de anexación, guerra y tratados. Ilustración: University of Florida

La de Estados Unidos con México es la frontera terrestre más transitada del mundo y una de las más largas. Cubre casi 3.200 kilómetros que se extienden desde el océano Pacífico hasta el golfo de México.

Se establece de manera adyacente con cuatro estados de los Estados Unidos (California, Arizona, Nuevo México, Texas) y seis estados mexicanos (Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas).

1.240 millas de la frontera, más del 60 por ciento, se compone del Río Grande y partes del río Colorado. Las 750 millas restantes de la frontera terrestre comienzan en el Océano Pacífico y atraviesan vastos desiertos y montañas altas.

La frontera actual se estableció a mediados del siglo XIX. Los Estados Unidos se anexaron a Texas en 1845. Después de la guerra entre México y Estados Unidos, en 1848, el primero cedió a California y la mayor parte de lo que hoy es Arizona y Nuevo México. El Tratado de Guadalupe de 1848 estableció el Río Bravo como la frontera internacional oficial. Y la Compra de Gadsden, en 1853, extendió las fronteras de Arizona y Nuevo México hacia el sur hasta donde están hoy.

Vallas fronterizas

Mientras que el Rio Grande forma mucho de la parte este de la frontera entre EE.UU. y México, cercas para peatones y barreras para vehículos fueron construidos en la parte occidental.

No fue hasta después de 1910, durante la Revolución Mexicana y después la Primera Guerra Mundial, que ambos países erigieron las primeras vallas en un intento por restringir la migración transfronteriza. Estos parecen haber desaparecido en 1920.

En la década de 1940 se construyeron vallas cerca del Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, no para mantener a la gente fuera, sino para evitar que el ganado mexicano pastoreara en las tierras de los Estados Unidos e infectara el ganado de ese país.

Pero en la década de 1990, George H. W. Bush ordenó que se construyera un muro fronterizo que comenzara en el océano Pacífico y se extendiera 66 millas hacia el interior. Eso se conoció como el sector de San Diego. El consenso general por parte del Congreso años más tarde fue que ese muro no era efectivo para nada. Eso es lo que sucede con los muros.

Bill Clinton autorizó una extensión de 14 millas al sector de San Diego. George W. Bush ordenó otras 670 millas de cercado fronterizo en 2006, muchas de ellas en Texas. Sin embargo, ese esfuerzo hubiera requerido la renuncia de 36 regulaciones ambientales. Las demandas de grupos ambientalistas retrasaron y limitaron el proyecto. Para el 2009, 450 millas de ese muro fronterizo fueron finalmente erigidas.

En los últimos años, los Estados Unidos han erigido más de 650 millas de cercas permanentes en la frontera. Aproximadamente la mitad está diseñada para evitar que los peatones crucen, mientras que la otra mitad está destinada solamente a detener vehículos. La mayoría de los 48 puertos de entrada a lo largo de la frontera están fortificados con cercas peatonales altas en ambas direcciones, y al final se convierten en barreras para vehículos a media que el muro abandona las áreas urbanas.

Más paredes

El Bosque Nacional Coronado es el hogar de varios picos de casi 3,000 metros, considerado muy difícil de cercar. Photo: Mason Commings

La mayoría de los expertos coinciden en que el muro propuesto que se está debatiendo ahora en los Estados Unidos no sería efectivo y no lograría el objetivo de “seguridad fronteriza”.  Muchos están de acuerdo en que la aprobación de un proyecto de ley de financiamiento para el muro solo serviría para las necesidades políticas de un solo hombre y de aquellos que viven bajo sus faldas.

Sin embargo, cualquier expansión del muro fronterizo tiene serias implicaciones ambientales y desafíos logísticos.

Según la Sociedad de las Américas, un desafío logístico para la construcción de dicho muro es la naturaleza increíblemente variada del terreno a lo largo de las casi 3,2 mil kilómetros de frontera. Para reforzar la cerca que comienza en el Océano Pacífico, los materiales de construcción tendrían que lidiar con el rocío de la sal corrosiva, las mareas cambiantes y los fuertes vientos.

Más al este, en el interior de California, se encuentran las Dunas de Algodones, también conocidas como las Dunas Imperiales, el ecosistema de dunas de arena más grande de los Estados Unidos. La actual cerca flotante de 12 kilómetros está diseñada específicamente para trabajar con las arenas movedizas. El territorio fronterizo más al este, en Arizona y Nuevo México, es tan montañoso: el Bosque Nacional Coronado es el hogar de varios picos de casi 3,000 metros, se ha descrito como imposible de cercar.

Alrededor de 120 kilómetros de frontera en Arizona es parte de la reserva indígena Tohono O’odham, La tercera reserva más grande de los Estados Unidos de América. El territorio original de Tohono O’odham fue bifurcado por la Compra de Gadsden. Los miembros de la tribu aún viven en ambos lados de la frontera y se cruzan libremente entre las dos secciones, ya que consideran la totalidad del territorio como sus tierras ancestrales.

Actualmente

El lado estadounidense de la frontera es cada vez más militarizado bajo la presión de las caravanas de migrantes. Foto: Getty Images

La vida es diferente hoy en la frontera, particularmente en Tijuana, el puerto de entrada más transitado entre los Estados Unidos y México. El turismo se ha desacelerado de manera considerable, debido al temor a la violencia relacionada con los migrantes. La xenofobia se ha hecho cargo de una parte de la población quienes culpan a los centroamericanos por el problema. Las amenazas recientes del gobierno Trump de cerrar la frontera han paralizado partes de la economía. Los agentes fronterizos con ametralladoras estan visibles en todos los lugares.

Recientemente, esperaba en una cola en el cruce peatonal en San Ysidro, California, camino a Tijuana. Allí hay dos colas: una para los mexicanos y otra para los extranjeros. Mientras cientos de mexicanos pasaron por la frontera y regresaron a casa con bolsas de compras y mochilas escolares, me di cuenta de que yo era la única persona en la cola de los extranjeros.

“La gente de los Estados Unidos ha dejado de venir”, es lo que escuché de los comerciantes locales, los taxistas y los dueños de restaurantes con los que hablé en Tijuana. “Mira, es sábado por la noche y solo hay mexicanos en los clubes y restaurantes”.

La vida de quienes viven al sur de la frontera ha cambiado mucho. El muro de la xenofobia y el racismo de Estados Unidos es bastante visible. Y no hay duda sobre dónde comprar ese galón de leche.
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*Ken Alexander es un fotógrafo y periodista independiente de Woods Hole, Massachusetts, EE.UU. Puede ser contactado en: ken@mediaoutreach.org.



Un comentario sobre “La frontera de Estados Unidos y México – el Tercer País

  • Son espantosos los daños sociales que generan la discriminación generalizada. Aunque bien es cierto que hay personas capaces de lastimar y destruir de cualquier nación, raza, sexo o religión, se hace muy duro para quienes son nobles el ser juzgados con prejuicios de los que no son responsables. El miedo es normal, incluso alguien íntegro puede por segundos caer en la Xenofobia, Racismo u otras exclusiones humanas, pero estatificarlo es algo que como especie inteligente y sensible tenemos que aprender a evitar. Me compadezco de los migrantes que sufren estos tratos y atmósferas tan discriminatorias, porque lo peor es que no serán culpables sino víctimas de los conflictos que puedan generar crear ellos mismos después por resentimiento.

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