La crisis por cuenta propia en Cuba

Fotorreporaje: Natalia Favre (El Toque)

Alfredo, rellenador ambulante de fosforeras, se estaciona en una concurrida esquina de Centro Habana todos los días desde temprano en la mañana. El taller está montado en su triciclo, lo que le permite moverse por las calles del barrio.

HAVANA TIMES – La profunda crisis económica en que Cuba se encuentra, sumada al ordenamiento monetario, ha impactado de lleno sobre los emprendimientos privados. El aumento en el precio de las licencias para operar, además de las restricciones que el Gobierno les impone y la caída de las ventas producto de la propia crisis, convierten el día a día de los cuentapropistas en una eterna batalla por la supervivencia como sector.

En este momento, la prioridad de las personas es garantizar la comida en sus hogares, dice Edel, que recorre las calles de Centro Habana con su carrito de confituras. La venta bajó muchísimo y él es el encargado de llevar el dinero a su casa. La licencia de vendedor ambulante que Edel posee lo obliga a estar caminando todo el día. Detenerse por un tiempo prolongado en una esquina le puede valer una multa que nadie está en condiciones de afrontar.

Otros, como Rosa o Roberto, improvisaron el negocio en sus casas para no tener que salir a la calle, en un momento en que los casos de COVID-19 superan los 1 000 al día y el Gobierno ha anunciado nuevas medidas restrictivas.

La lucha de los y las cubanas por una vida digna es diaria; muchas veces son empujados a la ilegalidad por las mismas medidas que deberían proteger sus derechos, y en su lugar los restringen.

Alfredo, rellenador ambulante de fosforeras, se estaciona en una concurrida esquina de Centro Habana todos los días desde temprano en la mañana. El taller está montado en su triciclo, lo que le permite moverse por las calles del barrio.
Alfredo, rellenador ambulante de fosforeras, se estaciona en una concurrida esquina de Centro Habana todos los días desde temprano en la mañana. El taller está montado en su triciclo, lo que le permite moverse por las calles del barrio.
Sandy pedalea su carrito de helado desde el Cerro hasta Centro Habana todas las tardes. La bocina incorporada al triciclo anuncia a los transeúntes que hay bocadito y paleta.
Sandy pedalea su carrito de helado desde el Cerro hasta Centro Habana todas las tardes. La bocina incorporada al triciclo anuncia a los transeúntes que hay bocadito y paleta.
Un rellenador de fosforeras lee el Granma a la espera de clientes en un portal frente al Parque de la Fraternidad
Rosa, en la puerta de su casa en la calle San Rafael, Centro Habana. Adentro, las demás mujeres de la casa cocinan las comidas que se ofertan en la entrada. Además de la cafetería, Rosa aprovecha para vender artículos de uso, como sábanas, ropa, y zapatos.
Oscar, de 23 años, junto a dos amigos, cuida el puesto de flores que tiene su mamá frente a su casa, en una calle de Centro Habana.
Un barbero improvisa su salón en medio de la calle en Centro Habana.
Roberto solía ser constructor. Desde que empezó la pandemia comenzó a vender artículos varios en un puestito que armó en el frente de su casa, un predio que era antiguamente un restaurante que se derrumbó hace más de 20 años.
Edel empuja un carrito con confituras por las calles de Centro Habana. Una de las condiciones de su licencia, es que se mantenga en constante movimiento. Estacionarse en la calle implica una multa. A Edel se le está haciendo muy difícil llevar dinero a su casa. Los artículos que vende no son de primera necesidad y en este momento de crisis, la gente prioriza resolver la comida.
Edel tiene un carrito con confituras con el cual camina las calles de Centro Habana. Una de las condiciones de su licencia, es que se mantenga en constante movimiento. No puede estacionarse en la calle porque le puede valer una multa. A Edel se le está haciendo muy difícil llevar dinero a su casa. Los artículos que vende no son de primera necesidad y en este momento de crisis, la gente prioriza resolver la comida.
Mirta vende pequeñas tortas de coco hechas por sus propias manos. Todas las tardes recorre las calles de la Habana Vieja con su dulce mercancía.
Mirta vende pequeñas tortas de coco hechas por sus propias manos. Todas las tardes recorre las calles de la Habana Vieja con su dulce mercancía.

Lea más desde Cuba aquí en Havana Times.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *