La combinación de tres crisis en la economía nacional: “causas y azares”

Tomada de Progreso Semanal

Por Julio Carranza (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES – A continuación un texto síntesis para tratar de resumir de manera concreta los principales factores que inciden, caracterizan y desafían a la economía cubana en estos momentos.

En primer lugar hay que tener en cuenta que se viene de un largo periodo de crisis con algunas intermitentes pero insuficiente recuperaciones, que comienza en la década de los 90s, cuando la caída del campo socialista y la desaparición de la URSS, sumada a la intensificación del bloqueo norteamericano, dio lugar a la obsolescencia del modelo económico que, sin entrar ahora en detalles y matices, fue esencialmente inspirado en las economías de los países socialistas de Europa del Este y que había sido establecido durante las primeras décadas de institucionalización de la revolución, sobre todo en las décadas de los 70s y los 80s. A esa etapa, por cierto, correspondió el periodo de mayor crecimiento y estabilidad de la economía.

En otros textos hemos intentado hacer una periodización de esta larga etapa de crisis que se extiende ya por más de tres décadas hasta llegar a este último segmento crítico que comienza en 2020, cuando nuevamente los principales indicadores económicos han vuelto a caer notablemente y el nivel de vida de la población se ha contraído quizás como en ningún otro periodo anterior, incluido el periodo especial de los 90s. En este caso con una generación diferente y bajo la conducción de un gobierno que, por razones lógicas, no tiene ni podría tener la influencia, la autoridad histórica y el liderazgo del de entonces.

Factores que inciden sobre la actual situación:

  • El mayor reforzamiento del bloqueo de EEUU que, después del importante, pero muy breve momento de notable mejoría en las relaciones con ese país durante el final de la administración de Barack Obama, ha llegado a extremos fortísimos bajo la delirante administración de Donald Trump y que, hasta el momento, no ha sido esencialmente modificado durante los dos primeros años del demócrata Joe Biden.
  • El impacto de la pandemia global de COVID 19, que ha significado por más de dos años la pérdida casi total de los ingresos del turismo y el comprometimiento de importantes y muy escasos recursos para enfrentar sus diversas consecuencias internas. 

Es muy notable durante este periodo el extraordinario logro, quizás el único significativo en este contexto, alcanzado por la comunidad científica cubana al obtener de manera rápida y efectiva más de una vacuna para garantizar la cobertura total de la población.

  • El peso de la deuda externa, una y otra vez parcialmente renegociada con los principales acreedores de Cuba (incluidos China y Rusia, con los que se logró suspender el pago de su servicio hasta el 2027), pero que sigue limitando el acceso del país al crédito, al comercio y a la inversión internacional.
  • El deterioro de la situación internacional, impactada por la guerra de Ucrania, que, en términos económicos, se caracteriza por la volatilidad y la incertidumbre de los mercados, así como por un fuerte proceso inflacionario a nivel mundial.
  • Por último, un factor esencial de carácter interno que es la tardía, lenta y no suficientemente integrada reforma económica que debe tener la economía nacional. 

Si se tiene en cuenta la combinación de los factores anteriores se podría afirmar que, los retos y presiones han sido enormes y la respuesta no ha estado a la altura y con la certeza y agilidad que ellos demandan. Aunque se debe reconocer la capacidad de resistencia que hasta ahora ha tenido el país ante las dificultades y la agresión, a pesar de momentos de aumento de la tensión social.

La combinación de tres crisis a la vez

Tratando de diseccionar la actual situación se podría decir que la economía nacional enfrenta al menos tres crisis que se superponen y refuerzan unas a las otras en el mismo tiempo y espacio:

La crisis estructural del modelo económico:

Cómo afírmanos antes, más allá de la discusión de si fue o no la mejor opción, la realidad es que durante años la economía cubana estableció un modelo de organización de la economía inspirado en las economías socialistas de Europa Oriental y acompañado de un proceso de integración en el espacio económico que estas conformaron con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). 

La desaparición de ese mundo y el cierre del espacio económico que había permitido a Cuba suplir en gran medida el aislamiento impuesto por el bloqueo norteamericano, hacía evidente desde muy temprano en la década de los 90s la necesidad de una reforma económica fundamental de la economía, no para abandonar su horizonte socialista, pero sí para adaptarla a las nuevas y difíciles condiciones internacionales. Contribuir y debatir sobre ese cambio que apreciábamos como necesario es lo que motivó nuestro libro publicado en La Habana en 1995 “Cuba la Reestructuración de la Economía, una propuesta para el debate” (Carranza, Gutiérrez y Monreal, 1995) ,sin embargo, más allá de cambios puntuales, algunos de ellos ciertamente muy importantes, el modelo de organización de la economía nacional no ha sido hasta el momento reestructurado en la medida y con la profundidad necesaria.

Después de casi dos décadas de debates y sobre todo de acumulación de evidencias, los congresos del partido discutieron y aprobaron documentos que abrían el espacio político para avanzar en la reforma económica necesaria, principalmente “La conceptualización del modelo económico”, los “Lineamientos” y finalmente la nueva Constitución de la República aprobada por el voto mayoritario de la población. Sin embargo, las medidas de cambio comenzaron a avanzar de manera tardía y sin suficiente integralidad, lo cual ha demorado y demora la articulación de la única solución estratégica que, en nuestra opinión, tiene la economía socialista cubana para plantearse superar los inmensos desafíos que enfrenta y las enormes presiones que se le oponen.

Integrar los diferentes actores económicos a partir de sus diversas formas de propiedad y gestión, reforma profunda de la empresa estatal (líder del sistema), reforma del subsistema de producción agropecuaria, modificación de la relación entre planificación y mercado, mover el modelo económico hacia la mayor descentralización, construcción de los mercados -incluido los mercados de medios de producción y monetario-, con sus correspondientes regulaciones, una política monetaria, cambiara y fiscal activa, económicamente fundamentada y rigurosamente implementada, una política social focalizada y efectiva, una política inversionista que responda a las prioridades nacionales, etc y todo en la secuencia adecuada, es esencial para ese proceso. 

La reforma de la empresa estatal es un punto clave. Hacer los cambios tanto de su organización interna (para que expresen mejor los intereses de su dueño que es el pueblo), como las formas bajo las cuales se relacionan entre ellas y con el resto de los actores económicos para crear las condiciones que permitan elevar su eficiencia, misma que hoy, en términos generales, se encuentra en niveles claramente bajos. 

Una dinámica económica con mayor autonomía y en un contexto competitivo y de restricciones financieras recias. El liderazgo de la empresa estatal en la economía nacional no debe ni puede ser establecido por “decreto”, sino resultado de su escala, eficiencia y rentabilidad. 

La adecuada operación de los mercados, con las regulaciones necesarias, incluido el mercado monetario, es un imposible sin una empresa estatal reformada que le permita asistir a estos sin provocar fuertes distorsiones. Los mercados deben integrar a la totalidad de los actores económicos (estatal, cooperativo y privado, más las empresas de inversión extranjera), bajo el liderazgo de la empresa estatal la cual además debe responder a una planificación más estratégica y financiera que a la tradicional planificación burocrática que ha afectado a las economías socialistas, la cubana incluida.

La crisis macroeconómica:

En segundo lugar, la crisis macroeconómica precipitada después del 2020 con la llegada de la pandemia de COVID 19, en dos años la economía se contrajo más de un 13 %, con una muy ligera recuperación del 1,3% durante el último año, las importaciones se redujeron de manera drástica y abrupta, con lo cual la escasez de prácticamente todo invadió los espacios de la economía nacional, con la generación de dificultades múltiples y malestares crecientes en la población.

Todos los espacios de comercialización se han caracterizado durante los últimos dos años y medio por una escasez sostenida y permanentes colas, más en los que ofertan en moneda nacional, pero también en los que ofertan en MLC, esto último más difícil de comprender puesto que es un segmento que puede autofinanciarse y sostener el flujo de divisas que favorezca a la economía. (En este sentido y como varios economistas venimos proponiendo desde hace tiempo, se ha decidido recientemente una mayor liberalización de los mercados mayoristas y minoristas, medida aún por implementar)

La expresión más evidente de esta dimensión de la crisis es la fuerte inflación y el caos monetario que permanece y crece en el país, resultado de la contracción de la economía y también de las insuficiencias e imprecisiones  con las que se ha conducido la política económica durante los últimos dos años y medio, incluida la manera en que se concibió e implementó el llamado “ordenamiento monetario” comenzado en enero de 2021.

Sobre las razones del impacto de este en el crecimiento de la inflación nos hemos extendido en otros textos. Las causas de la inflación no están solamente en la política económica y monetaria, sin dudas hay también factores externos, pero la política económica interna la ha alimentado notablemente.

De una parte, la multiplicación de los costos empresariales con la devaluación de la moneda nacional desde enero de 2021 y luego, pretendiendo compensar la subida de precios, con una expansión excesiva de la demanda con el incremento de los diversos ingresos y el reparto de “utilidades” sin los respaldos productivos y los cálculos precisos que permitan mantener los equilibrios macroeconómicos y mantener bajo control el déficit fiscal, factores indispensables para la estabilidad y el crecimiento de cualquier economía. 

La fuerte expansión de la demanda en una economía como la cubana, donde la base industrial y productiva en general del país, la agricultura incluida, esta tan afectada, a la vez que atada aún por limitaciones a todas luces injustificadas (además de la presión del bloqueo), hace que la respuesta a esa expansión monetaria no sea productiva sino inflacionaria, no existe, de manera que se pueda activar rápidamente, lo que las propuestas keysesianas llamaban “factor de multiplicación”.

De ahí la importancia de la subestimada secuencialidad e integralidad de la reforma. Antes de multiplicar los costos y expandir la demanda se deben crear las condiciones para la recuperación de la oferta vía producción (con el avance adecuado de la reforma económica integral, incluida la consolidación de los diferentes actores económicos entre ellos el emergente sector privado de PYMEs y cooperativas, así como y de manera esencial, insistimos, la reforma de la empresa estatal, (sobre este último punto publicaremos próximamente un nuevo texto en el que estamos trabajando conjuntamente con el economista Luis Gutiérrez), también con una parte de las divisas disponibles dedicadas a mantener importaciones fundamentales, sobre todo medicamentos, alimentos y determinados medios de producción, aun cuando eso implique una reducción de la tasa de inversión en sectores como el turismo.

O sea, por supuesto que el establecimiento de un mercado cambiario integrado y el ordenamiento monetario deben ser un componente muy importante de la reforma, pero no de cualquier forma, con cualquier orden ni en cualquier momento.

Al ordenamiento se suman las medidas recientes para el establecimiento de un mercado monetario de compra y venta, pero vuelve a realizarse de manera parcial, limitada y desintegrada, lo cual ha motivado una nueva espiral de crecimiento del precio de las divisas en el mercado paralelo con todas sus implicaciones, entre ellas el alimento de la inflación. La inflación afecta principalmente a los sectores de menores ingresos que en Cuba corresponde a un amplio sector de la población.

Es de notar, que determinados precios oficiales (entre ellos el combustible y otros servicios y productos ofrecidos en la red estatal) han mantenido su nivel anclados en el cambio de 1 usd por 24 CUP, que se estableció en Enero del 2021, sin embargo, debido a la nueva tasa paralela oficial 1 USD por 120 CUP, más la informal que ya anda por 150 CUP, resulta que para los tenedores de divisas o MLC (no para la mayor parte de la población que solo recibe bajos ingresos en moneda nacional) estos productos y servicios tienen, vía tasa de cambio, un precio extremadamente bajo (la gasolina es un caso típico), lo cual ocasiona notables pérdidas al estado, es la expresión de la gran distorsión  del mercado monetario a que ha dado lugar  este proceso.

La política monetaria es un instrumento fundamental de la política económica y también de la política social, no se le puede tratar simplemente como un mecanismo de “recuperación” de divisas porque se generan estas negativas distorsiones. En un texto anterior avanzábamos incluso la idea de evaluar la posibilidad de invertir algunos millones de dólares para ampliar y poner bajo control el mercado monetario, claro que no hay suficientes divisas, pero esto no es un asunto menor, es un factor fundamental para contribuir a poner bajo mayor control el mercado cambiario y la inflación y esa es una prioridad social fundamental. Podría incluso ser posible la obtención de créditos internacionales con este objetivo. Es un tema tan complejo como esencial, por eso sería muy conveniente una discusión al respecto con los especialistas correspondientes, calculando y revisando los datos.

Por otra parte, continuar buscando y aplicando diversas formas para aliviar la presión de la deuda externa es también un factor de la mayor importancia, incluyendo el cambio de deuda por inversión, emisión de bonos, etc; sin garantías de pago no hay posibilidad de obtener los recursos que el país necesita a través del crédito y la inversión. Este es un punto crítico.

Mucho han hablado los economistas del país y con razón, de la necesidad de una política inversionista más balanceada y ajustada a las prioridades nacionales, donde destaca el sector agropecuario por su papel en garantizar la seguridad alimentaria de la población, ahora notablemente afectada.

Según cálculos realizados por los economistas, serían necesarios entre 2 000 y 2 500 millones de dólares anuales de inversión para sostener una tasa de crecimiento del PIB superior al 5 % anual. El nivel actual está muy distante de esa cifra. Esto supone mayores incentivos y actualizaciones de la política para la inversión extranjera, incluyendo aspectos como el pago directo a los trabajadores contratados por los inversionistas, etc. Pero para volver a nuestro punto esencial, también en este asunto es determinante un modelo económico que funcione de manera integrada y eficiente, incluida la existencia y funcionalidad de estructuras como servicios financieros, seguros, correos, conectividad. ¿Existen? Sí. ¿Funcionan de manera efectiva? No.

La crisis sectorial:

A las dos dimensiones anteriores de la crisis se suma la crisis específica de importantes sectores de la economía: principalmente el energético y el agropecuario.

El primero afectado no solo por los precios y las dificultades de acceso al combustible, también y de manera muy importante por la falta de suficiente previsión en los ciclos de mantenimiento de las principales plantas generadoras del país, así como en los depósitos de combustible, motivo de constantes roturas y accidentes, ¿causas o azares?

Por supuesto que la falta de divisas y el bloqueo limita los debidos mantenimientos y reparaciones capitales, pero es un factor con el que la economía debe contar con suficiente tiempo y colocarlo en sus planes estratégicos. En ello no hay solo un problema económico, hay también un problema de seguridad nacional.

Cabe aquí también mencionar el insuficiente avance de la instalación de fuentes de energías alternativas que contribuyan a cambiar la matriz energética nacional, aún dispone Cuba de un espacio inmenso y de condiciones para avanzar en este campo.

De otra parte, la crisis del sector agropecuario, que a pesar de haber sido beneficiado con un conjunto de medidas liberalizadoras, aún no ha tenido la transformación estratégica que necesita, o sea, como hemos expresado en otras ocasiones, lo que se necesita es un cambio profundo del sub sistema de producción agropecuaria como parte de la reforma general e integral de la economía, no basta “un grupo de medidas” por positivas que estas sean. Los incentivos, las articulaciones y las formas de gestión en todo el sector agropecuario, desde la producción y la distribución, hasta la comercialización y el consumo deben ser integralmente transformadas.

El país no se puede permitir el tener fuertes limitaciones en la oferta de alimentos y a la vez tierras ociosas y otras con niveles de productividad muy por debajo de los que se pudieran obtener aun teniendo en consideración las fuertes limitaciones que impone el bloqueo.

Aquí se debe mencionar también el deterioro del tradicional sector azucarero, cuyos actuales niveles de producción son aún insuficientes hasta para cubrir la demanda nacional.

Concluyendo: 

Es un imperativo que la estrategia económica y la política económica respondan a estas tres crisis al mismo tiempo, con la integralidad y la secuencia necesaria, sin que las soluciones a las emergencias desarticulen o traben la solución estratégica que está, insisto, en la transformación integral y profunda del modelo de organización de la economía, 

preservando su carácter de justicia e inclusión social, complejo y difícil, sí, imposible no. Está en juego el futuro del país. El tiempo corre rápido y es una variable crítica.

*Julio Carranza, Doctor en Ciencias Económicas, está considerado entre los más lúcidos especialistas cubanos.

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