Jazz Plaza con batería bien cargada

Por Irina Echarry  (Fotos: Elio Delgado Valdés)

jazz-plaza-1HAVANA TIMES — Cuando en 1980, para celebrar el día de los enamorados, se realizó el primer Festival Jazz Plaza, muchos no tenían idea de cuán lejos llegaría. Su fundador, Bobby Carcassés, ya venía haciendo descargas jazzísticas que devinieron en algo más formal.

Durante todo este tiempo en la Casa de Cultura de Plaza —sitio emblemático del festival— y otros sitios como el teatro Mella, sus jardines, la Zorra y el Cuervo, hemos podido disfrutar de la música de figuras renombradas como Dizzy Gillespie, Leon Thomas, Richie Colt, Gonzalo Rubalcaba, Pucho López o Arturo Sandoval. El Jazz Plaza ha sido un espacio donde confluyen diferentes tendencias y generaciones, para el agrado de los amantes del género.

Transcurridas más de tres décadas se celebra la edición número 30 —en algún momento el festival tuvo frecuencia bienal— y fue Bobby el indicado para la gala inaugural en el teatro Mella. Allí, lo vimos de solista, haciendo scat o cantándole a Benny Moré; acompañado por su hijo Robertico e invitando a Carlos Rojas (el Peje) y la Camerata Romeu. Para interpretar una versión de Caravana a golpe de rumba llamó a la flautista norteamericana Andrea Brachfeld, una “americana, pero charanguera”, a quien según Carcassés “le gusta la timba”, a Pancho Terry con su chéquere y a algunos jóvenes talentos.

jazz-plaza-2-Rolando-LunaMagic Sax Quartet, de Santiago de Cuba, refrescó la noche sobre todo con su versión de Huapango, de Paquito de Rivera y el tema Sueño de Ogún.

Para finalizar la primera jornada del Jazz Plaza Rolandito Luna hizo gala de su humildad y tocó como los grandes; Gastón Joya al bajo y Rodney Barreto en el drums, completaron el trío. Aunque han grabado juntos, era la primera vez que coincidían los tres en el escenario. Sin ensayo previo, nos regalaron temas de un DVD dedicado a la música de los grandes compositores cubanos de la guitarra, en el que incluyeron desde una versión de Lucía (tema de la película homónima) hasta Preludio, de Carlos Fariñas, en un arreglo para balada.

Intensa y extensa fue la segunda noche del Festival; después de disfrutar de CaboCubaJazz (Cabo Verde) y del cubano Lázaro Valdés en los jardines, abrieron las puertas del teatro Mella para dar paso a un programa no muy bien conformado. Primero salió a escena el saxofonista Michel Herrera y su proyecto Madre Tierra, arrancaron con un homenaje especial a Emiliano Salvador, luego de interpretar otros temas se sumó al escenario la cantante Yanet Valdés para regalarnos Nostalgia, arreglada por Alejandro Meroño.

La segunda parte del espectáculo estuvo reservada para el pianista Arturo O´Farril quien, luego de dar las gracias a Raúl Castro y a Barak Obama, expresó emocionado: “es un momento histórico y muy profundo para las dos naciones”, refiriéndose al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. Nacido en México y radicado en Nueva York, gracias a su padre se siente muy cerca de nuestro país y ya se ha hecho casi costumbre su presencia en el festival Jazz Plaza.

jazz-plaza-3Para esta ocasión O´Farril, laureado en los Grammy del 2014 (Mejor Álbum Instrumental: Final Night At Birdland), invitó a un amigo especial a quien considera un visionario y calificó como el “Charly Parker de estos tiempos”: Rudresh Mahanthappa. Otra invitada fue la pianista y “compositora sin paralelo” Michelle Rosewoman.

Algunos músicos cubanos también intervinieron en escena: Yasek Manzano, Jesusito, Michel Herrera, Alexis Bosh, Cotó.

Después de más de dos horas ininterrumpidas de música, al fin llegó lo que estaba anunciado y muchos esperaban: el binomio creativo de O´Farril y la compañía danzaria Mal Paso. Con coreografía de su director Osnel Delgado, 24 horas y un perro recrea la agitada dinámica citadina de un día cualquiera; los bailarines despliegan gran energía y plasticidad provocando los aplausos apasionados de los espectadores. Vestuario sencillo, movimientos precisos, sincronizados y a veces intencionalmente caóticos, caracterizaron la danza. Esta es una compañía joven, pero ya se distingue en la búsqueda de un lenguaje propio.

El Jazz Plaza sigue sonando en la capital, llena los teatros (aunque no los abarrota) y reafirma que 30 años no son nada cuando de música se habla.

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