Inversiones millonarias en Cuba para un turismo contraído

Foto: Ethan Rheams

Por Rachel D. Rojas  (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES – Desde 2019 el turismo fue declarado como uno de los seis sectores estratégicos del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social para el 2030. En palabras del ministro de economía Alejandro Gil, durante la presentación de este plan a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el sector “representa para el desarrollo económico y social del país un potencial de ingresos financieros en divisas, [y] ejerce un efecto derrame y arrastre sobre otras actividades económicas”.

También el presidente Miguel Díaz Canel se ha referido a la importancia de esta actividad para la economía de la nación. Sin embargo las cifras de finales de año que publicó la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI) se observan muy por debajo de lo previsto para la primera etapa (2019-2021) de la estrategia propuesta.

Aunque las previsiones oficiales apuntaban la llegada de casi 5 millones de visitantes a la Isla, los datos muestran que este indicador no llegó a los tres millones y medio. Desde junio de 2019 se concretó la prohibición de los viajes de cruceros, yates y aviones privados desde Estados Unidos, como parte del endurecimiento de las sanciones económicas de ese país contra Cuba. Pero este bloqueo redujo la ya de por sí limitada llegada de norteamericanos, que se había consolidado desde 2015 como el segundo mercado emisor de visitantes a Cuba, en solo un 5,2 por ciento, según cifras de la ONEI.

Ante la contracción de un sector que aporta el 10 por ciento del Producto Interno Bruto cubano, la estrategia del país, según declaró el director general de Desarrollo, Negocios e Inversiones del Ministerio de Turismo (MINTUR) José R. Daniel Alonso, es orientar las inversiones de las empresas estatales cubanas y las empresas internacionales a la ampliación de la capacidad de alojamiento.

En ese sentido existen opiniones encontradas de varios estudiosos del sector. El economista cubano Pedro Monreal lo explica en términos simples: “Se planifica invertir en 2019 más de 3 mil millones de pesos —6 veces más de lo que se invierte en la actividad agropecuaria— en un sector como el turismo, que tiene una capacidad ociosa cercana al 50 por ciento y cuyo estimado de visitantes acaba de ser reducido en un 10 por ciento”.

Por su parte, el profesor y economista Alejandro Figueras, durante muchos años asesor de ministerio en cuestión, explica que desmantelar la organización y coordinación de los proyectos constructivos actuales atrasaría años el proceso de intentar retomarlo en el futuro. Recomenzar la dinámica de expansión que se ha logrado hoy, por primera vez con resultados similares a los de 1998 —cuando el turismo creció tremendamente—, no se lograría en abrir y cerrar de ojos.

“Hacía 20 años que no se construían más de 3000 habitaciones en un año, hasta el año pasado. Creo que la línea actual pudiera revisarse, decidir si construir menos; pero no es el propósito del gobierno, que es seguir creando capacidades, y eso tiene el costo de los hoteles con baja ocupación”, opina.

Según las cifras manejadas por el profesor Figueras en una investigación inédita, en el año 1991 existían en Cuba 12 mil habitaciones hoteleras para el turismo y hubo aproximadamente 340 mil visitantes. En 2019 el país contaba con 72 657 habitaciones (alrededor de 60 mil más) y recibió un total de más de 3 millones de turistas (un incremento de casi el 90 por ciento). Sin embargo, en más de 30 años de desarrollo del turismo como renglón económico, los ingresos por cada turista que llega a Cuba son ahora menores: 700 dólares en 1991, 600 en 2019.

En un contexto que muestra una economía severamente debilitada, queda en el aire la interrogante de por qué priorizar estas inversiones cuando existen tantas otras necesidades en el país, alrededor de la mitad de las capacidades habitacionales están desocupadas y los ingresos netos del propio sector han disminuido al mismo ritmo que la llegada de turistas.

Aun cuando la realidad termina por desbordar hasta la predicción más detallada, para 2025 —año hasta donde alcanza el plan de desarrollo del MINTUR—, tanto en Cuba como en Estados Unidos habrá realidades diferentes a la de hoy. En Cuba, según dispone la Constitución, regirá un nuevo gobierno. En Estados Unidos, incluso aunque Trump gane las próximas elecciones, existirá otra presidencia. Incluso con otro gobierno estadounidense dominado por el partido republicano, quizás las tensiones no se definan de forma tan abrumadora como hoy. Se abrirá, guste o no, un escenario inexplorado, posiblemente con una distinta combinación de opciones.

Cuba, con el deber de trabajar para el presente y para el futuro al mismo tiempo, podría estar apostando a un futuro incremento del turismo, que impacte en la economía nacional de manera tan inesperada como la del boom de 2015 y hasta 2016, luego de declarada la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos por ambos gobiernos.

El turismo fue la salvación de los años 90. Más de tres décadas después las circunstancias externas continúan siendo agresivas contra Cuba, el país ha desembocado en una nueva o quizás una segunda temporada de la misma crisis económica, y los resultados continúan sin ser los proyectados, la tabla de salvación. El milagro esperado, pues, necesita de otras pulsiones que le ayuden a ocurrir.

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