Indígenas nicaragüenses: el desafío de preservar su identidad

Maritza Centeno en una ceremonia indígena. Foto: Mosaico CSI | Cortesía

Por Mosaico CSI (Confidencial)

HAVANA TIMES – Cada vez que un bebé nace en la comunidad La Laguna, a cuatro kilómetros de la cabecera municipal de San Ramón, en el departamento de Matagalpa, la madre lo presenta a la luna llena. Es un ritual ancestral que debe ocurrir antes de que el recién nacido cumpla dos meses y, en este, la progenitora invoca la “energía protectora” de la naturaleza. La tradición se ha transmitido por generaciones, en ceremonias de carácter íntimo, en el pueblo indígena de Matagalpa, una cultura de las más antiguas de Nicaragua.

Quien cuenta la historia es Maritza del Carmen Centeno González, de 50 años, madre de dos hijos, integrante del Movimiento Indígena de Nicaragua y firme creyente de que los conocimientos tradicionales son sinónimo de sabiduría.

Parece una declaración de principios, pero la hoja de vida de Centeno González está llena de estas ideas. Fundó en 2012 la Cooperativa Agropecuaria de Servicios Tonanzintlalli R.L.  e impulsó un proyecto de siembra de café en parcelas de mujeres, que fue reconocido con el premio Lush Spring durante 2023 en Berlín, Alemania. En esa iniciativa, se combina el conocimiento técnico de la producción y su carrera de mercadeo y publicidad, además de las creencias de sus ancestros.

Maritza Centeno y su mamá Lucía González Martínez al recibir el premio Lush Spring Prize 2023 en Berlín, Alemania. Foto: Mosaico CSI | Cortesía

Según el libro Etnología y Antropología, escrito por los franceses Philippe Laburthe-Tolra y Jean-Pierre Warnier, la identidad es “un principio de cohesión interiorizada por una persona o grupo, la cual permite diferenciarse de los demás, reconocerse y ser reconocidos”.

Parece un tema lejano—hablar de identidad en un mundo convulso— si se intenta poner a un lado para centrarse en las ideas de la lideresa indígena a otras preocupaciones como la sobrevivencia económica, el hambre, la guerra, el terrorismo o las crisis políticas, pero Centeno González explica la conexión existente entre la cosmovisión indígena con la tierra, el conocimiento ancestral de las siembras, la música, la danza, la gastronomía y la medicina natural. Todos son temas esenciales de la vida.

Ceremonia para celebrar el 12 de octubre en Masaya. “Siempre se usa el sahumador para limpias de aura espiritual en círculos de ceremonia”, explica Maritza Centeno. Foto: Mosaico CSI | Cortesía

Víctor Manuel Centeno Rodríguez, habitante de la cañada de Siare, zona de amortiguamiento de la Reserva Natural Cerro Apante, hace temazcales que son baños de vapor de hierbas medicinales y aromáticas cuando percibe “cambios de energía”. Esos baños son también rituales indígenas que suelen realizarse, dice, con la llegada del invierno y verano (solsticio) o primavera y otoño (equinoccio).

Pero Víctor Manuel no solo es Víctor Manuel. Para todos sus conocidos es “Canek”, un nombre que proviene del maya yucateco: Kaan éek. Significa serpiente negra y, aunque su apodo es temible, suele ser fuente de consulta para los comunitarios, un sukia. Él dice sentirse orgulloso de su ascendencia miskitu, el conocimiento heredado por sus abuelos sobre la medicina natural, y de los aprendizajes que ha tenido de quienes llama sus “hermanos matagalpa”.

Víctor Manuel Centeno, conocido en Matagalpa como “Canek”. Foto: Mosaico CSI | Cortesía

La referencia “oficial” sobre la población indígena tiene casi veinte años y muchas preguntas han surgido desde entonces sobre cuántos nacionales son indígenas, las zonas donde se encuentran distribuidos en Nicaragua y la discriminación de la que han sido objeto. Siempre presente está su pasado histórico y las diferencias de las relaciones que tejieron las comunidades indígenas con los conquistadores españoles en el Pacífico y Centro-norte, y los piratas ingleses en el Caribe.

El censo de Población y Vivienda de 2005 afirmó que había entonces menos de medio millón de personas que se percibían como indígenas de una población total de nacionales que era entonces de 5.4 millones de habitantes. De ese grupo, 33 604 personas se autoidentificaban como indígenas en Matagalpa y menos de 150 hablaban en su lengua. Más al norte, en el vecino departamento de Jinotega, la cifra era ligeramente mayor: 36 958 autoidentificados como indígenas y, de estos, un poco más de 7300 eran miskitu, 6600 se reconocían como “chorotega-nahua-mangue” y un poco más de 2200 como mayangna.

La diferencia es que en el departamento de Jinotega también está la llamada Zona Especial Alto Wangki Bocay, donde están los territorios Miskitu Indian Tasbaika Kum —que comprende 14 comunidades en Wiwilí— y Mayangna Sauni Bu, con 9 comunidades en San José de Bocay.

Esta falta de actualización de datos ha llamado la atención incluso de estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, como el elaborado por Laura Acosta y Bruno Ribotta bajo el título Visibilidad Estadística y Mecanismos Participativos de los Pueblos Indígenas de América Latina (Naciones Unidas, 2022),en el cual se indicó que en la década del 2000 sólo 15 países realizaron preguntas sobre identificación indígena en sus censos, mientras el año 2010 fue destacable que tanto El Salvador como Nicaragua no hicieron ninguna medición de este tipo.

A pesar de esa aparente desidia gubernamental, la cosmovisión indígena y su organización son temas muy actuales entre los nicaragüenses. “La gente de aquí sí se reconoce indígena. Hasta los que no son, dicen que son indígenas para tener beneficios, como no pagar el canon de arriendo”, comenta Víctor Chavarría Dávila, expresidente de la junta directiva del Pueblo Indígena de Sébaco, quien ahonda en la tenencia de la tierra como un tópico fundamental para su organización.

Matagalpa es un departamento de 6804 kilómetros cuadrados, dividido en 13 municipios. La influencia indígena es tal que en 11 de estos lugares tienen presencia tres de los 22 pueblos indígenas del Pacífico y Centro-Norte de Nicaragua: Matagalpa, el mencionado Sébaco y Muy Muy. Cada uno tiene su propio territorio con títulos que datan de 1723, 1724 y 1726, respectivamente, es decir, al menos 98 años antes de la Independencia. El dato lo proporciona el Estado nicaragüense en un informe de la Procuraduría General de la República (PGR), publicado durante enero de 2018.

Mosaico CSI revisó documentos oficiales, así como 34 textos —entre libros, monografías y ensayos— y conversó con indígenas y algunos de sus líderes en distintas comunidades, historiadores, arqueólogos y antropólogos matagalpinos para conocer la historia de los matagalpa y el profundo significado de su cosmovisión. El resultado es una fotografía en que se asoma su legado, aparejado lamentablemente a una historia de discriminación. Sin embargo, su influencia en la historia es innegable, a criterio de los especialistas entrevistados.

Sayda Liseth Hernández Herrera, una economista de 41 años originaria de Siare, reconoce que se definía antes como mestiza y ahora adulta reivindica sus raíces indígenas. Ella observa que “la colonización, más la modernización, han hecho que las personas tengan vergüenza de sus raíces y las han ido olvidando”.

Otros culpan al impacto que pueda tener la desorganización indígena. Miguel Ángel Gómez, presidente del Pueblo Indígena de Jinotega y vicecoordinador del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas, apunta a otra razón: la mala administración de los bienes también ha sido causa de que los indígenas dejen de autoidentificarse y hasta se alejen de las estructuras formales y tradicionales. Para él, este es un tema esencial.

Miguel Ángel Gómez, presidente del Pueblo Indígena de Jinotega y vicecoordinador del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas. Foto: Mosaico CSI | Cortesía

Los pueblos indígenas de Sébaco, Muy Muy, Matagalpa, Jinotega, y otros del Centro, Norte y Pacífico de Nicaragua han tenido serios conflictos y han tenido épocas hasta con dos o más juntas directivas simultáneas, aunque mayoritariamente ahora son controladas por el gobernante Frente Sandinista.

“Eso es parte de una pérdida de identidad, porque a veces no somos capaces de manejar nuestros recursos y ese es un problema bastante serio”, admite Gómez en entrevista con Mosaico CSI. Se define como “chorotega” y asegura que las tierras indígenas de su comunidad fueron adquiridas con “tostones de oro”, mientras el título que ellos tienen es matriarcal, porque fueron mujeres quienes viajaron desde Nicaragua hasta Guatemala, sede de la Capitanía, para ver lo de la propiedad de las tierras.

Podés leer el reportaje completo publicado por Mosaico CSI en este enlace.

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