Importar paneles solares: ¿se despeja el horizonte de la energía en Cuba?

Foto: Sadiel Maderos

Por Amaury Valdivia (El Toque)

HAVANA TIMES – La Empresa Eléctrica de Villa Clara anunció recientemente dos nuevas modalidades de negocio relacionadas con la generación de energía. Su público meta son las personas naturales “que deseen instalar sistemas solar fotovoltaicos en sus hogares”, y aquellas que se interesen en financiar, a través de depósitos en Moneda Libremente Convertible, la estrategia nacional de fuentes renovables.

Entre ambas propuestas, la primera parece ser la más atractiva. Con las tecnologías fotovoltaicas actuales cualquier casa cubana podría satisfacer sus necesidades de energía eléctrica e, incluso, las de viviendas vecinas.

Al cierre de 2020 el consumo promedio de los clientes privados en el país era de 185 kilowatts/ hora (kWh) por mes: poco más de 2 200 KWh al año. Prácticamente la cantidad de energía que en forma de radiación solar se recibe en cualquier punto de la geografía nacional en un año (en torno a 1 825 kWh por metro cuadrado).

Un estudio reciente realizado por profesores de la Universidad de Cienfuegos, cita planes del Ministerio de Energía y Minas (Minem) para que la empresa de componentes electrónicos Ernesto Che Guevara, en Pinar del Río, produzca módulos fotovoltaicos con una capacidad de generación anual de 15 000 kWh. El potencial ahorro de combustible que propiciaría esa tecnología (alrededor de 170 kilogramos anuales de petróleo por cada metro cuadrado de celdas fotoeléctricas) justifica no tomar el asunto a la ligera. Un solo módulo bastaría para cubrir las necesidades de energía de seis familias tipo en Cuba.

Entre ellas pudiera estar la de Reinier Zayas, un camagüeyano al que la pandemia sorprendió alistando la vivienda familiar para convertirla en un alojamiento para turistas extranjeros. Año y medio atrás solo le faltaban detalles para salir al mercado con dos habitaciones con agua caliente y climatizadas.

La primera sería surtida por un calentador solar comprado a la empresa Copextel; la segunda, dependería del servicio público, sobre la base de cuentas sacadas antes del ordenamiento monetario. “En diciembre, cuando aumentaron la tarifa eléctrica, pensé en desistir de la idea de la renta. A pesar de la rebaja que aprobaron después, era demasiado alta como para embarcarse en un negocio con tanta dependencia de la energía”, confesó.

Fueron las recientes resoluciones de los ministerios de Finanzas y Precios y Energía y Minas, que autorizan la importación sin aranceles de paneles fotovoltaicos por parte de personas naturales, las que lo han hecho retomar sus planes.

Ahora pretende comprar en Panamá o México un sistema fotovoltaico con el que rebajar el monto de su factura eléctrica. “Con unas buenas baterías hasta puedo librarme de la incertidumbre de los apagones nocturnos. Es una inversión que quiero hacer con calma, en previsión de que la situación mejore y pueda volver a desenvolverse el turismo”, reflexionó Reinier. El restablecimiento de la actividad económica se perfila como condición esencial para que la nueva norma beneficie también a muchos casos similares al suyo.

Tomando en cuenta los precios de los sistemas fotovoltaicos y el costo de su traslado a Cuba, las casas de renta y otros negocios privados, parecen ser los llamados a aprovechar esta nueva oportunidad. Al menos al comienzo. Pero también al Estado le convendría que la masificación de la tecnología fotovoltaica no quedara en letra muerta.

Desde el año 2000 el consumo de electricidad de los hogares cubanos creció un 122 %: el triple de lo que lo hizo la capacidad industrial de generación. Esa tendencia se acentuó durante 2020, a tenor de la pandemia, cuando el sector residencial consumió 9 428 Gigawatts/hora (GWh), alrededor del 55 % de la energía servida por la Unión Eléctrica (UNE).

Para cubrir los déficits, la UNE lleva años recortando las partidas de sus clientes estatales. Entre 2016 y 2020 las asignaciones de electricidad con ese destino se contrajeron un 10 %, lo cual afectó de manera especial la agricultura (su gasto se redujo un 28 %) y la construcción (11 % menos).

Ni siquiera el aumento de la tarifa eléctrica en el contexto del Ordenamiento ha modulado la parábola creciente de la demanda. El ministro del Minem, Liván Arronte, ha ratificado que la prioridad es el abastecimiento de energía a la población; lograrlo muchas veces solo es posible si se paralizan empresas y entidades presupuestadas, con la consiguiente afectación a la economía y los salarios de los trabajadores.

El Gobierno tiene la meta de cambiar la matriz energética para que en 2030 las fuentes renovables satisfagan la cuarta parte de la demanda nacional. Pero desde hace años los aportes de esas tecnologías oscilan en torno al 5 % de la generación, lejos incluso de los indicadores que se registraban en la década de 1970, cuando la biomasa cañera contribuía con un 18 % de la electricidad que consumía el país.

La posibilidad de que personas naturales puedan traer a Cuba sus propios sistemas fotovoltaicos pudiera cambiar esta situación. Con apenas 20 000 calentadores de agua y un millón de kWh diarios de potencia instalada en sus parques fotovoltaicos, Cuba desperdicia prácticamente toda la energía solar de que dispone.

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