Hierro, la dura realidad de lo que somos y siempre hemos sido

Por Adonis Milán 

Fotos tomadas de la página de Argos Teatro en Facebook

HAVANA TIMES – Argos Teatro estrena la obra Hierro, un texto y puesta en escena de Carlos Celdrán, una especie de memoria sobra el exilio de José Martí en Estados Unidos. Tanto el texto como la puesta en escena adopta una mirada aguda y desgarradora sobre la condición de la cubanidad, huyendo de la imagen estereotipada del isleño tropical se acentúan un aire melancólico y existencialista en cada personaje.

La obra tiene un porte chejoviano, los pensamientos se trasforman en emisiones. 

Celdrán no pretende hacer biografía sobre el Apóstol, él quiere crear una mirada más íntima, más personal, un verdadero acercamiento en el aquí y el ahora con el humano atormentado que se esconde en Martí.

La acción trascurre entre los años 1885 y 1892, los escenarios se mueven entre Nueva York y Tampa. La narrativa le da gran importancia a dos mujeres eclipsadas por la historia, pero decisivas en la vida de José Martí, me refiero a su esposa Carmen Zayas-Bazán y su amiga Carmita Miyares. Los conflictos aquí expuestos danzan sobre el discurso del autor.

Confieso que mi relación con la figura del Héroe Nacional está llena de contracciones por la sobresaturación oficialista. Mi pregunta en un principio era ¿Por qué esta abre hoy?, ¿qué significado puede tener para nosotros en este momento? Pero en un instante la puesta develó frente a mí un universo de razones.

Asistimos a una exhumación del Apóstol de todos los cubanos, un espejo frio y cortante se trasforma en la escena de Argos Teatro. Pero aquí no hay espacios para hacer catarsis, el dolor no lo podemos expulsar, se entierra con profundidad en nuestro ser, ese pedazo de espejo roto que refleja nuestra maldita condición de insulares.    

Una vida fracturada entre pasiones y deberes, la trama manifiesta de forma desencarnada el caudillismo que siempre nos ha caracterizado como cubanos. José Julián era un hombre de principios que se abatía por tantas divisiones entre los compatriotas, al mismo tiempo se muestran sus aristas de padre y esposo ausente.

Él no tenía todas las respuestas, las frases aquí expresadas nos permiten replantearnos nuestra realidad y llenarla de cuestionamientos. Los silencios se contaminan de pensamientos, de ideas, de preocupaciones y pesares.

José Martí se nos presenta tan específico, tan humano, tan sensible que podemos palparlo, imposible despegarnos de su impronta después de ver esta obra. Una experiencia única como hace mucho tiempo no experimentábamos con la figura del Apóstol. Hay algo de él que nos identifica a todos.

La puesta en escena es verbalista, pero lo sorprende es como Celdrán alcanza una belleza y precisión en cada imagen. Los actores se mueven a un tempo-ritmo de melancolías y ausencias, las posturas y desplazamientos son marcadas por esta sensación.

Los elementos escenográficos son corridos por los actores en los cambios de lugar en la ficción, un distanciamiento elegante acompañados para la veracidad de las entradas y salidas de los histriones en escena. Cada elemento tiene un valor para la composición de la imagen y el balance en el escenario, reflejando la época en la trascurre.

Polvorienta y fría es la atmosfera, asfixiante solo en los momentos de clímax dramático. 

El diseño de vestuario es encargado a Vladimir Cuenca, quien con precisión crea unos trajes que contribuyen en el carácter sobrio de la obra y acordes al tiempo de la narrativa. 

La calidad del trabajo de los actores siempre distingue las puestas en escena de Argos Teatro, Celdrán es un meticuloso escultor de grandes interpretaciones.

Caleb Casas encarna a Martí, las cadencias, el tono, los matices, las transiciones justas, los estados de ánimos, los pensamientos y las emociones, crean una actuación virtuosa. Casas es un actor que ha logrado en los últimos años, de la mano de Celdrán, de las mejores actuaciones masculinas en el teatro de la década en Cuba. Aquí construye un Martí lejos de los estereotipos creados por las sutilezas y la introspección.  

Sorprendente sin lugar a duda resulta el trabajo actoral de Rachel Pastor como Carmita Miyares. Este personaje es la cúspide de su carrera. Diseña su rol a partir de la calidez y el sufrimiento contenido que trasmite, recordando la maternidad sensual de una escultura de la virgen María de Miguel Ángel. Memorable el monólogo en el que el personaje habla de su lugar olvidado en la historia, su profunda abnegación y amor por José Julián. La actriz deja el alma en el escenario se descompone para hacernos vibrar por dentro.

Carmen Zayas Bazán es interpretada por Maridelmis Martín, quien en mi opinión debería trabajar más la economía de gestos, los silencios y el ritmo del decir, pero en lo general su actuación es eficaz. El elenco lo termina de conformar José Luis Hidalgo, Waldo Franco, Daniel Romero y Abel López, todos resuelven con veracidad las situaciones y demuestran que en esta agrupación teatral se respeta el equilibrio y la medida, sin grandilocuencias.

Argos Teatro se ha convertido en la columna vertebral del teatro cubano, apostando siempre por una visión aguda sobre nuestros problemas. Es un espacio en el cual la verdad resiste en medio de una crisis artística y espiritual que amenaza a nuestra escena.

Con la fuerza de un guerrero y la inteligencia de un sabio, Carlos Celdrán conduce a la nave Argos sobre las peligrosas aguas de desenterrar las pasiones que perviven entre nosotros, los cubanos de este convulso siglo XXI. Él es uno de los intelectuales más importantes que ha visto la isla de Cuba en los últimos veinte años, ha creado una escena trasparente donde se muestra una radiografía psicológica del cubano de hoy con su dolor y frustración.

El teatro es la puerta para descubrirnos, toquemos entonces las puertas de Argos Teatro en la esquina de Ayestaran y 20 de mayo en Nuevo Vedado. Hierro permanece en cartelera durante todo el mes de febrero en sus horarios habituales.   

(Haga clic en una imagen para ver la galería.)

 



Un comentario sobre “Hierro, la dura realidad de lo que somos y siempre hemos sido

  • Vi la obra 100 millones de Celdran y me di cuenta de su grandeza como dramaturgo, es un artista que va a lo visceral de la historia pero desde una vision intima. Usa recursos como la introspeccion en sus personajes. La obra sobre Vicente Revuelta refleja las aristas de un maestro sui generis. Quiero ver esta puesta.

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