Heladería Coppelia en la diana de los consumidores cubanos (I)

Por Jimmy Roque Martínez e Isbel Díaz Torres

HAVANA TIMES – Regresa la heladería Coppelia a las páginas de Havana Times. El proyecto CUP (Consumidores y Usuarios Protegidos) intenta involucrarse en los problemas de esta institución, y propone al menos una solución a varios de sus problemas.

Coppelia es uno de los pocos sitios de La Habana donde el consumo de helado es en moneda nacional, a buen precio, y no está bajo el monopolio de Nestlé. Es también, nos atrevemos a asegurar, uno de los muy escasos lugares donde los cubanos de a pie podemos invitar a amigos extranjeros.

Este popular centro gastronómico recibe aproximadamente 12 mil clientes entre semana, pudiendo llegar hasta 15 mil los sábados y domingos, por lo que tuvo utilidades en 2014 de un millón doscientos mil pesos, según nos cuenta su director Antonio Reyes.

Se derrite la Catedral del Helado

No obstante, después de los gastos en mantenimiento, jardinería, electricidad, agua, e insumos; quedaron el año pasado 150 mil pesos (7,500 USD) -nos comenta Reyes-, que al repartirse entre sus 275 trabajadores, dio un promedio de 560 pesos (28 USD) por trabajador, que como promedio tienen un salario de apenas 235 pesos (menos que 12 USD) al mes.

Con tan poco incentivo, esta “empresa estatal socialista” adolece de muy conocidos problemas que discutimos cara a cara con sus directivos.

Mesas vacias a pesar de un larga cola para entrar.

Según declaraciones de Pedro Busquet, Director de la Empresa Recreatur, la capacidad instalada en Coppelia es para 680 comensales, “esto hace que haya que tener una rotación muy rápida para que los clientes tengan el menor tiempo posible en las colas”.

Sin embargo, sistemáticamente hemos comprobado que permanecen muchísimas mesas vacías dentro de la instalación, mientras las personas esperan en largas colas en las aceras fuera de la heladería.

Una vez sentados a la mesa, se suma otro tiempo desproporcionado a la espera de ser atendidos y después servidos.

Busquet expresó en la televisión cubana que “se ha mantenido en los primeros días del año quince sabores; fundamentalmente chocolate, fresa, fresa bombón, y almendra”, y aseguró que existe la materia prima para mantener la estabilidad de estos sabores.

¿Cómo se entiende entonces que los usuarios no se percaten nunca de tal exótica variedad? Un solo sabor, y con mucha suerte dos, es lo que se encuentra habitualmente.

La respuesta la da Jorge Barres, otro funcionario del establecimiento. “Las condiciones técnicas requeridas no están para poder ofertar más de tres sabores. Cuando usted lleva un tiempo boleando un tercer o un cuarto sabor, comienza la maduración del helado y sale flojo”, nos explica.

El director de Recreatur había coincidido con esta deficiencia, que catalogó de “dificultad objetiva en las soderas”.

“Aún cuando la industria ha dado quince sabores en el mes, hay días en que podemos fluctuar entre 7, 8 ó 9 sabores”, había expresado el Busquet, y añadió que “en el plan del 2015 está concebido la importación de este elemento que nos garantiza totalmente que la cadena de frío en la instalación este apta”.

La promesa, realizada a inicios de año, parece que no logrará concretarse, dado que estamos en el mes de julio, y la situación se mantiene.

A ello se suma que, aún teniendo varios sabores almacenados, hasta que no se agota un sabor, no ofertan el otro, generando malestar en la clientela.

Los detalles son el infierno…

Actualmente el helado se oferta en moldes plásticos de mala apariencia. José Luis Rosales, Subdirector de Aseguramiento, nos asegura que los moldes plásticos están certificados por las autoridades sanitarias de la ciudad.

Lo cierto es que a los cuentapropistas se les prohíbe ofertar sus productos en recipientes plásticos por ser estos más difíciles de limpiar, y ser proclives a alojar suciedades y trasmitir infecciones; por lo que se les obliga a usar vasos de cristal y platos de cerámica.

Muchos recordamos que en Coppelia las combinaciones de helados se servían en copas de cristal o canoas de acero inoxidable. El tipo de recipiente estaba relacionado con la especialidad que se sirviera, y de paso garantizaba la salubridad.

Explica Rosales que por el momento no existe proyección para cambiar los moldes plásticos. Asegura que no se trata de presupuesto, si no que “no hay una producción en la industria nacional que nos respalde”.

Por otra parte, lo habitual en la heladería es que al pasar, al usuario se le indique qué mesa ocupará. Si se trata de una, dos o tres personas, lo habitual es que completen la cifra de cuatro comensales a la mesa, con otras personas desconocidas.

De tal modo, las personas se ven forzadas a escuchar las conversaciones ajenas, o que ajenos escuchen la conversación de uno, violentando totalmente la privacidad de todos.

Según los funcionarios de Coppelia esto es opcional. Los clientes pueden sentarse en compañía solo de la persona o las personas que lo acompañan, incluso una persona sola puede ocupar toda una mesa.

En la entrevista nos explican que se completan las mesas con otras personas ajenas para agilizar la cola, siendo esto un contrasentido al permanecer otras mesas aledañas totalmente vacías.

Como ejemplo de desprotección al consumidor, no está visible ninguna información al respecto. ¿Cómo un usuario acostumbrado a la mala atención en los servicios podría conocer de esta posibilidad de no ser importunado por extraños, si no le informan?

Son muchas más las deficiencias de este insigne establecimiento, muchas de ellas muy conocidas por los lectores, pero que la administración insiste en no reconocer. La segunda parte de este reportaje informará sobre la postura nada autocrítica de los directivos de Coppelia, y una solución propuesta por el colectivo Consumidores y Usuarios Protegidos.

13 thoughts on “Heladería Coppelia en la diana de los consumidores cubanos (I)

  • Tienes razón El Bobo, me hiciste recordar que se doblaban todas, al final quedaban hechas un garabato. En ocasiones ponían unas plásticas que se partían al momento. Saludos.

  • ¡Bien por usted! y lo digo sin ironía visto que yo también tengo el tiempo de dedicarme a muchas cosas interesantes y creo que lo mismo le ocurre a muchas personas que participan aquí.

    En cuanto a lo de “siempre habrá quien apruebe unas y desapruebe otras… pero eso es el trabajo de otros, no el nuestro” creo que se contradice a sí mismo pues usted continuamente ejerce la crítica en sus post mostrando desacuerdo con lo que usted no aprueba. Ejercicio al que tiene todo su derecho y que yo admiro en usted y en todo aquel que, desde dentro de Cuba, se asume el riesgo de apartarse de los comandamientos de la Dictadura.

    Yo, quizá a diferencia suya, he visto lo que representan los movimientos anárquicos en Europa y como destrozan las ciudades en sus manifestaciones y se infiltran en movimientos pacíficos para convertirles en violentos lo cual, en lugar de ayudar, lo que hace es perjudicar a dichos movimientos.

    Creo que ya Cuba, como nación, ha sufrido bastante las desgracias de dictadores y dictaduras por lo que no le desearía un futuro de anarquía.

    Por eso expresé que ocuparse del problema de Coppelia era más práctico y objetivo.

  • Kamikaze, si vale la pena hablar tambien de las cucharas, todavia me pregunto que aleacion de metales usaban para lograr unas cucharas tan flexibles que se doblaban con algo tan suave como el helado.

  • Casi que es preferible la solución erasmista de robárselo de la embajada.

  • Los moldes de plástico para servir el helado más bien parecen pozuelos para dar de comer a los perros, eso para no hablar de las cucharas. El helado que ofertan en moneda nacional, según recuerdo venía lleno de pedazos de hielo. Las mesas compartidas?, interesante sitio para enterarse de la vida ajena y, de paso, compartir un poco de la propia. Los sabores buenos?, desapareciendo de las neveras hacia otros destinos. Los dependientes?, arreando al ganado para que tragen rápido el pseudohelado y “salgan echando” rápido de allí. Nada, que es mejor pasarse par de meses sin comer helado y……un día!!!! comprar un pote de Nestlé: sin pedazos de hielo dentro, sin mesa socializada; ah! y poder decidir entre diferentes sabores. Saludos.

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