Haulover, la comunidad que arrasaron dos huracanes

El campanario de la Iglesia Morava de Haulover sobresale entre los escombros de la comunidad arrasada por el huracán Iota. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

Pobladores evacuados intentan regresar a su lugar de origen ante la falta de condiciones en los albergues, pero ya no tienen una casa donde volver

Por Ivette Munguía / Elmer Rivas (Confidencial)

HAVANA TIMES – El sol volvió a salir en el Caribe Norte de Nicaragua, pero la vida en esta región nunca volverá a ser igual tras el impacto de los huracanes Eta e Iota en las últimas dos semanas. El vendaval y las enormes olas que —el 03 y el 16 de noviembre— azotaron el litoral destruyeron comunidades enteras, como Haulover y Wawa Bar, donde los pobladores comienzan a volver para buscar entre los escombros algo para comer o para protegerse de la próxima tempestad.

Haulover era una comunidad turística ubicada a 45 kilómetros al sur de Bilwi, la cabecera departamental. Hasta este lugar “venían turistas de Suiza”, evoca uno de los pobladores que este viernes regresaron al punto donde dejaron sus casas para resguardar sus vidas en un albergue de la ciudad. Ahora el panorama es lúgubre, un olor a animal muerto emana entre la vegetación muerta y el agua de la laguna del mismo nombre es una combinación de lodo y agua salada.

En esta tierra arrasada por dos huracanes sobresale el campanario de la Iglesia Morava, las ruinas de la clínica médica y la escuela Brisa María. Todas eran construcciones de concreto que sucumbieron ante la fuerza de los vientos y lluvias. De las casas de madera solo quedan recuerdos y algunos pilares que indican el lugar donde estaban ubicadas.

La escuela Brisa María de Haulover totalmente destruida por la marejada que causó el huracán Iota. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

Entre los escombros de la escuela de Haulover todavía hay pedazos de los libros y juguetes que usaban los niños que, antes antes de la tempestad, recorrían el lugar. Algunos de esos niños ahora están expuestos a enfermedades como malaria, que ha repuntado en las últimas semanas, según declaraciones de la vicepresidenta Rosario Murillo el pasado nueve de noviembre, después que el primer huracán impactó el Caribe nicaragüense.

De acuerdo con Murillo, una semana antes que el huracán Iota terminara de destruir lo que había estremecido su predecesor, Nicaragua ya registraba un aumento del 33% de los casos de malaria y 32% en casos de dengue; sin embargo, en esa ocasión la funcionaria se mostró optimista con una disminución del 61% en los casos de leptospirosis y 25% en neumonía. La funcionaria no se ha vuelto a pronunciar sobre el tema tras el paso del segundo huracán.

La casa de David fue dañada por el huracán Eta y dos semanas después el huracán Iota la terminó de destruir. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

Las enfermedades son la primera de tantas calamidades que enfrentan quienes lo perdieron todo. Dos días después del paso del huracán Iota, David regresó a Haulover. Él es originario de Puerto Cabezas pero hace 20 años se mudó a este lugar, aún no supera la impresión que le causó ver su pueblo arrasado.

En el lugar donde estaba la casa de David solo quedan algunos pilares caídos sobre la arena que se hunde con cada paso que da. Se siente un calor húmedo y no hay nada que cubra los rayos del sol que caen verticalmente, los cocoteros de más de 25 metros de altura fueron arrancados desde la raíz y se encuentran apilados entre montones de basura. Haulover es ahora un pueblo desierto en el Caribe.

Algunos pobladores de Haulover regresaron a su tierra a intentar recuperar lo que quedó entre los escombros. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

A pesar de la falta de infraestructura, agua potable y comida, algunos pobladores de Haulover abandonaron los albergues en Bilwi para volver a la tierra que los vio crecer. Regresaron porque —aseguran— estaban durmiendo en el piso, hacinados y solo recibían un tiempo de comida.

Algunas mujeres buscan entre los escombros ropa, enseres de cocina o cualquier objeto que les parezca útil. Los hombres en cambio recogen pedazos de zinc, clavos retorcidos y pedazos de madera para reconstruir las viviendas que los huracanes destruyeron.

Las grandes olas causadas por el huracán rompieron la barrera que separaba la laguna de Haulover con el mar Caribe. Foto: Elmer Rivas Confidencial

Las olas también rompieron la barrera de tierra que separaba la laguna de Haulover del mar Caribe, formando un canal que partió el poblado en dos. En el lugar todavía se perciben los pilares de concreto de las viviendas, algunos cocoteros caídos y el punto donde se mezclan las aguas de la laguna con el mar.

El barrio El Muelle de la ciudad de Bilwi fue destruido por las olas. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

En Bilwi la zona costera fue arrasada por las olas. Los pobladores que intentaban recuperarse de los daños causados por el huracán Eta vieron con tristeza como el segundo huracán acabó con todo su trabajo. Levantarse por segunda vez es todavía más difícil, aseguran, que los materiales de construcción son escasos y han subido los precios.

Uno de los barrios más afectados es El Muelle, donde el Gobierno inició a distribuir láminas de zinc a sus simpatizantes mientras el resto de pobladores se quejan del abandono estatal y recienten la falta de ayuda humanitaria para la reconstrucción de sus viviendas.

Pobladores evacuados permanecen hacinados y durmiendo en el piso. Foto: Elmer Rivas | Confidencial.

En el albergue ubicado en la Bluefields Indian and Caribbean University (BICU) se come arroz blanco una vez al día. Más de 2000 personas, que fueron evacuadas un día antes que Iota impactara el litoral caribe, permanecen hacinadas durmiendo en el piso y la presencia de las autoridades es mínima.

El muelle de Bilwi se partió en varios segmentos y algunos de ellos fueron expulsados a la orilla de la playa. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

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