Exiliados sufren más a su regreso a Nicaragua

Félix Maradiaga fue perseguido por paramilitares armados tras su regreso

Exiliados nicaraguenses asisten a una marcha por la unidad en San Jose, Costa Rica. Foto: Elmer Rivas / Confidencial

El testimonio de activistas, periodistas y políticos que han regresado para continuar protesta cívica, pero enfrentan persecución y hostigamiento

 

By Ivette Munguía  (Confidencial)

HAVANA TIMES – Se marcharon de Nicaragua para salvar sus vidas, resguardar su libertad o su integridad física. En el exilio, algunos durmieron en las frías calles de la capital de Costa Rica, y con el estómago vacío. Otros, desde Estados Unidos, elevaron la denuncia internacional contra las violaciones del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Sin embargo, motivados por la necesidad o el deseo de estar en su país, han vuelto a Nicaragua, pese a la falta de garantías, y hoy enfrentan persecución y hostigamiento, agresiones o incluso la cárcel.

El preso político excarcelado, Alex Hernández, fue uno de los primeros exiliados en regresar. Cuando cruzó por un punto ciego en la frontera que divide Costa Rica y Nicaragua tenía acelerado el ritmo cardíaco, daba pasos largos intentando acelerar el desenlace fatal y pensaba que la Policía iba a regresarlo a la cárcel, o que paramilitares orteguistas podían asesinarlo. Volvió porque extrañaba a su familia y porque en el exilio se sentía impotente “viendo pasar los toros de largo”.

En el exilio, “ves como ocurren las cosas y no podés hacer nada más que preocuparte y asegurarte que los tuyos estén bien”, enfatiza Hernández.

En Nicaragua, tampoco puede hacer mucho: recibe amenazas constantemente, su casa es asediada por la Policía y no puede desplazarse libremente por su ciudad de origen. Sin embargo, participa activamente en varios movimientos organizados contra el régimen, vive en casas de seguridad, y ocasionalmente visita a su familia.

La necesidad de la familia también hizo volver al estudiante universitario Roberto Büshting. Para él no fue fácil desprenderse del lugar donde se sentía seguro para enfrentarse a los riesgos que implica regresar a Nicaragua, pero la carga emocional era muy grande y estaba convencido de que el miedo es “la principal barrera” que impide el retorno de los exiliados.

“La lucha está acá en Nicaragua. En el exilio se puede trabajar también, pero cuando estás involucrado de lleno, de corazón en esto, vos tenés que estar en el territorio”, subraya Büshting. Desde que volvió participa en varios movimientos organizados contra el régimen, pero trata de mantener un perfil bajo y también permanece refugiado en casas de seguridad. El trabajo que realiza es similar al que hacía en el exilio, pero “aquí mi familia me apoya y no me ha dejado solo”, comenta.

El estudiante universitario Roberto Büshting, es uno de los jóvenes que regresó del exilio. Foto: Carlos Herrera.

Agredido y hostigado

Otro nicaragüense que regresó para seguir luchando por las libertades públicas es el director de Radio Darío, Aníbal Toruño. Su retorno fue todo lo opuesto al de quienes cruzan las fronteras de forma silenciosa, pero los temores e incertidumbre eran los mismos. Tras su llegada a Nicaragua, Toruño intentó regresar a León, su ciudad natal, pero fue recibido a pedradas por paramilitares orteguistas.

El retorno “fue desafiante”, valora. “Fue como regresar al tiempo de la Operación Limpieza, ver escuadrones de la muerte que andan en moto, autorizados para asesinar, para matar, para agredir”, describe.

El empresario y periodista decidió enfrentar el riesgo, porque el exilio fue una salida de emergencia y a la vez “una experiencia durísima”, califica. “Extrañás todo y nada es igual a nuestra nación, aun con nuestras dificultades, con nuestras diferencias, con los peligros que nosotros estamos enfrentando”, relata.

Fanáticos del régimen de Daniel Ortega hicieron pintas en radio Darío y la vivienda de su propietario. Cortesía | Confidencial

Retorno sin garantías

En abril de este año, el régimen de Ortega propuso un “Plan de Retorno Seguro” para los exiliados. La propuesta la hizo en el marco de las negociaciones con la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, suspendidas en mayo, pero este fue rechazado por diferentes organizaciones que reclaman la falta de condiciones para que los exiliados regresen al país.

El abogado Julio Montenegro, del grupo de Defensores del Pueblo, explica que la desconfianza en el Plan de Retorno se debe a que las personas que están invitando a que se regrese al país “son autoridades que de alguna manera han perdido la confianza del ciudadano y cuando miramos actitudes concretas, a través de las redes, de personas asediadas, detenidas, golpeadas, maltratadas cuando han intentado hacer algún tipo de protesta cívica, pues genera algo de temor”.

La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez, coincide en que no existen garantías y por eso el retorno de los exiliados es una decisión personal y voluntaria.

La decana defensora de los derechos humanos sigue de cerca el retorno de los exiliados porque lo sufre de cerca: la mayoría de sus defensores se encuentran exiliados en Costa Rica. “Qué más quisiera yo que verlos volver, a Gonzalo (Carrión), a Wendy (Flores), a los muchachos… pero sinceramente a mí me da miedo”, subraya Núñez.

Fabrica de delitos y cárcel

Muestra del peligro al que se enfrentan los exiliados que deciden volver a Nicaragua es el caso de Ulises Rivas, quien fue capturado por la Policía el primero de septiembre y ahora la Fiscalía lo acusa de robar un sombrero y causar lesiones leves a una pareja de extranjeros, en un incidente ocurrido hace dos años. Sus familiares reclaman que el hecho por el que lo acusan es falso y expresan su preocupación por que fue golpeado por los oficiales que lo detuvieron.

Zayda Urbina, tía de Rivas, denunció que su sobrino regresó al país por la enfermedad de su padre, quien tenía cáncer en etapa terminal. Después del exilio, Rivas se mantuvo discretamente en su natal Santo Domingo, en el departamento de Chontales; sin embargo, fue capturado por la Policía mientras veía un partido de béisbol en el municipio de Comalapa.

María Gómez conoció a Ulises Rivas durante una marcha de los exiliados en Costa Rica y desde entonces se hicieron amigos. Él regresó a Nicaragua por la enfermedad de su padre, y dos días después ella hizo lo mismo por otro problema familiar. El arresto de su amigo le ha dolido mucho “porque él no tiene a su mamá, su papá tiene dos meses de muerto, es un chavalo que no se merece eso”, comenta mientras se esfuerza para no llorar.

Gómez también enfrenta sus propios riesgos. Ella sabe que sus vecinos vigilan todo lo que hace, pero trata de “no ponerles mente”. Está convencida de que no debe discutir ni “mostrarle miedo” ni a ellos ni a la Policía que la asedia constantemente en su barrio. “Yo sé que en cualquier momento puede venir una patrulla y llevarme”, pero también “sé que de la cárcel algún día puedo salir, del cementerio no”, reflexiona.

El reto de reinsertarse

Regresar al país también implica un desafío para reinsertarse en la dinámica cotidiana. Algunos deben comenzar de cero, sin seguridad ni empleo, y bajo el estigma o la crítica social.

“Cuando uno se va exiliado, te dicen que te fuiste por cobarde, que la lucha se hace acá… pero si uno toma la decisión de regresar, dicen que estamos diciendo que todo está normal, que sos un vendido”, lamenta Alex Hernández.

El ex preso político, Alex Hernández, uno de los primeros exiliados en regresar. Foto: Carlos Herrera.

Obtener un empleo es poco probable. Los puestos son escasos debido a la crisis económica y vivir bajo asedio también dificulta la búsqueda. Las dificultades son mayores para quienes perdieron sus casas, tuvieron que abandonar sus estudios o deben permanecer en casas de seguridad.

Pero a pesar de los riesgos, los exiliados que han regresado, defienden su decisión. Pese a la agresión sufrida, el director de Radio Darío asegura que “vale la pena volver” y es una decisión “gratificante cuando hay ideales y principios, porque yo no estoy aquí pensando en puestos ni en política… estoy por amor a mi patria”.



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Feliz Navidad, San Miguel de Allende, México. Por Ken Edwards, (EUA). Cámera: iPhone 8

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