Esperanza, Arte y Tensión en la frontera de EE.UU. con México

Por Ken Alexander*

HAVANA TIMES – Las tensiones son altas en el enorme campamento de migrantes centroamericanos en el complejo deportivo Benito Juárez, en Tijuana, México. A medida que las cifras se han incrementado hasta sobrepasar los cinco mil, y el alcalde de la ciudad declaró una crisis humanitaria, el estado de ánimo en el campamento ha cambiado de manera dramática. Existe una percepción profunda por parte de quienes observan la situación, de que esto es un polvorín.

Y ese pensamiento fue evidente en la noche del viernes pasado, cuando miles de migrantes, en su mayoría hombres, se agruparon en las calles, en las afueras del reducto. Durante las últimas cuatro a seis semanas, la energía de esas personas se ha centrado en ir de una ciudad a otra y encontrar refugio y comida. Ahora que la caravana ya no se está moviendo, el objetivo está en cruzar la frontera. Parece que nadie les ha dicho lo difícil que será una vez que lleguen.

El campamento está justamente en la frontera. Desde la mayoría de las casas de campaña se puede ver el muro fronterizo y los Estados Unidos de América está al otro lado. Pero, la comprensión de que la legendaria tierra prometida puede ser una ilusión, se está estableciendo para muchos de los migrantes.

El jueves encontré al grupo que le habían negado el acceso al campamento la noche anterior. A las tres de la madrugada, cuando llegó la lluvia, se les permitió entrar. Habían encontrado un pequeño espacio de hormigón sobre el cual acampar. Me dijeron que todo lo que querían hacer era llegar a los Estados Unidos y trabajar.

Llenos de esperanza, preguntaron cuál era el proceso. Ese era su primer día allí. «¿Qué tan pronto podemos empezar a trabajar?»

Alguien les explicó el proceso de ingresar a la lista, obtener un número, ser entrevistado y esperar. Esperar y posiblemente recibir un no como respuesta. Se les hizo evidente que el camino para poder trabajar de manera legal en los Estados Unidos era mucho más largo de lo que ya habían pasado. Demoraría un mes, o posiblemente dos, antes de que se llamara el número de ellos. Y eso sería solo el inicio del proceso. Había unas cuatro mil personas delante de ellos. Los 60 compañeros que se les permitió ingresar a los Estados Unidos ese día, habían llegado allí hace más de un mes.

La esperanza puede estar convirtiéndose en desesperación y desilusión. Solo pude imaginar cómo la reacción que estaba presenciando tan de cerca estaba transformando a esa comunidad de buscadores de sueños en desesperados. ¿Será que toda esa energía se convertirá en miedo, ira y luego violencia?

Pensé cómo eso podría ser utilizado como argumento antinmigrante en las manos del Gobierno estadounidense. Si los migrantes son presionados a condiciones cada vez más desesperadas, mientras los Estados Unidos procesan un número tan pequeño de solicitantes por día, los migrantes terminarán actuando como lo haría cualquiera de nosotros en esas condiciones.

Expresión a través del arte

Una de las personas que está tratando de canalizar esa energía de manera positiva es el artista estadounidense-mexicano Robenz. El viernes por la tarde, las calles fuera del campamento estaban cubiertas de obras de arte a mitad de creación. Robenz trajo grandes lienzos del tamaño de sábanas y galones de pintura con los colores de las banderas de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

Él ayudaría a los artistas callejeros a comenzar su concepto y los alentaría a expresarse de manera positiva. Les animó a que le trasmitieran al mundo lo que querían decir. Robenz me expresó: “Esto no es política. No es un mensaje para Trump. Esto es para ellos. Este es el arte de ellos, sus esperanzas y sueños expresados ​​en lienzos».

Robenz explicó la forma en que ve la situación: «Si tengo un vaso de agua, puedo decir ‘podemos compartir este vaso de agua hasta que se haya ido’, y entonces moriremos, juntos. O puedo decir: ‘Este es mi vaso de agua y lo beberé todo yo solo». Sí, hay derecho a la propiedad privada. Pero entonces he creado un enemigo, y eso me perseguirá. Tenemos tres grandes recursos: dinero, gente y tierra. Podemos construir un muro, o podemos construir negocios y empleos».

En ese momento, tomó su pincel y ayudó a otro grupo de jóvenes a comenzar a pintar su bandera.

Tijuana y la noche

El viernes por la noche las calles parecían tranquilas cuando llegué al campamento. A lo largo de las cercas que conducen a la entrada se encontraban grandes ilustraciones brillantes creadas a primera hora de la tarde. Había arte de la bandera, carteles y escritos en los colores de las cuatro naciones de donde huyeron esos migrantes. La comunidad estaba evolucionando y extendiéndose.

Pero al final de la calle había un grupo muy grande de personas, todos hombres en su mayoría. En un rincón de la calle, un predicador estaba parado encima de un camión con un micrófono y un altavoz para alentar a las personas aceptar a Jesús. Varios cientos de personas se reunieron alrededor con sus manos levantadas.

Pero en la otra esquina un problema se estaba gestando. El más mínimo rumor puede movilizar a cientos de hombres y niños a una frenética emoción. Esta vez un migrante afirmó que un policía lo había golpeado y le había quitado la billetera. Tal vez si, tal vez no; pero el rumor fue suficiente para prender la chispa.

La protesta masiva se produjo y los diez o más policías en servicio estaban rodeados por una multitud molesta. No era una multitud enojada, sino una multitud que exigía respeto por parte de las autoridades mexicanas. Y ese es un punto decisivo ¿Ves violencia y enojo o ves pasión y exigencias razonables?

Los teléfonos celulares de una docena del grupo de migrantes transmitieron la confrontación en vivo a través de Facebook. La policía local de Tijuana observó con calma y sin reacción, incluso cuando el gentío se acercó a centímetros de sus caras. Pero como he visto muchas veces antes aquí, la masa se auto disciplinó.

Dos hombres hondureños crearon un espacio seguro de tres pies entre la policía y la aglomeración y evitaron que las personas cruzaran la línea. La multitud quería un diálogo, no problemas. Querían respeto y ser escuchados, y estaban dispuestos a respetar y escuchar, al estilo latinoamericano en el que todos hablan a la vez con sus manos volando por todos lados.

Cuando me paré en medio de esa confrontación con trescientos o cuatrocientos migrantes que me rodeaban, me di cuenta de que me encontraba justo en el punto caliente de toda esa situación. El punto donde las confrontaciones se interpretan como violentas y el Gobierno de los Estados Unidos puede decir «se los dije».

No tenía miedo por mí, y no tenía miedo por los migrantes. La policía mexicana actuó de manera honorable y los migrantes actuaron de forma apasionada, pero con moderación. Como todas las anteriores oleadas de inmigrantes que han hecho grande a Estados Unidos, estas personas quieren lo que todos queremos: seguridad, una oportunidad para trabajar duro, así como oportunidades y educación para sus hijos. Y como los anteriores a ellos, no perderán la esperanza.

*Ken Alexander es un fotógrafo y periodista independiente de Woods Hole, Massachusetts, EE.UU. Puede ser contactado en: ken@mediaoutreach.org.

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Un comentario sobre “Esperanza, Arte y Tensión en la frontera de EE.UU. con México

  • Las migraciones masivas e ilegales son un tema complejo de ambas partes.

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