En los zapatos del otro

Rosa Martinez

El transporte popular en muchas provincias cubanas. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 8 marzo — Desde principio de año, la población guantanamera y la de otras provincias cubanas enfrentan una nueva problemática en la vida diaria: el alza de los precios del transporte privado debido a la aplicación de la Ley de Oferta y Demanda que permite que los transportistas cobren lo que se les antoje, sin que el gobierno, o las autoridades competentes hagan algo para que el pueblo trabajador no se afecte.

Dicha ley comenzó a aplicarse en Guantánamo durante los primeros días del mes de enero.  La protesta de la población no se hizo esperar, tanto en las calles como en los medios de comunicación de la localidad.  Aunque la radio y la televisión publicaron varios trabajos relacionados con el tema, donde los afectados manifestaron su malestar por el incremento de estos precios, nada cambió, hasta ahora.

Como el coche es uno de los medios de transporte que más se usa en Guantánamo, es el que más crítica ha recibido de trabajadores y estudiantes que sienten una seria afectación en sus bolsillos cada vez que deben pagar dos pesos por el mismo tramo que antes pagaban solo uno.

Los que deben tomar dos o más coches diarios para ir a sus puestos laborales o de estudios, tratan de evadirlos, toman otros medios alternativos o simplemente andan a pie; pero los pobladores de San Justo, el Reparto Obrero, y el Sur de la ciudad, no tienen muchas opciones, y se ven obligados a desembolsillar los dos pesos y acceder ante una ley que la mayoría consideramos arbitraria e injusta, especialmente para los de menos ingresos.

Aunque los guantanameros han expresado sus insatisfacciones de diferentes maneras, no ha llegado una solución para una problemática que por ser diaria se torna preocupante.

Durante la semana de receso escolar me vi obligada a cargar con mis dos pequeñas para el trabajo pues, no tenía quien cuidara de ellas.  A falta de ómnibus local o camionetas, que todavía cobran un peso dentro de la ciudad, tuve que dirigirme a una de las piqueras de coches, que ahora se mantienen vacías, con largas filas de cocheros ávidos por pasajeros, que cada vez lo piensan más para montarse.

Rápidamente nos acomodamos en nuestros puestos.  Quise cargar a la más pequeña para ahorrarme dos pesos, pero ella forcejeaba por sentarse sola.  El cochero se percató de la disputa entre madre e hija y me dijo: “pero siéntala sola, y así irás más cómoda tú también.”

“Depende de donde mires la comodidad.” le dije, “estaré cómoda en el asiento, pero mi bolsillo no estará más cómodo.” El cochero entendió el mensaje rápidamente, y creo que los compañeros de viaje también porque algunos sonrieron.

“No te preocupes siéntala, no te voy a cobrar dos pesos por ella,” dijo el cochero sonriendo.   Finalmente accedí al deseo de la pequeña.

La aptitud del cochero motivó al debate de los pasajeros, quienes aprovecharon  para decir que cobrar dos pesos era abusivo, aunque no culpaban a los cocheros, al contrario los comprendían.

Yo no sé si en verdad los entienda, y les aseguro que lo intento, pero por más que pienso en ellos como trabajadores privados que intentan sobrevivir en un país colmado de regulaciones que nadie entiende y muy pocos aprueban, cuando pienso en mi bolsillo, consigo un único pensamiento: con esta nueva tarifa mi pobre salario alcanza menos.

Cuando me bajé de la carriola, pagué con diez pesos y el dueño  me devolvió 8.

Me percaté del error y le dije -se equivocó, me dio 4 pesos de más.

Me respondió, “No, no me equivoqué, no te voy a cobrar por las niñas.  Yo estoy de este lado, pero me pongo en tu lugar, y sé bien que no es fácil, quisiera poder llevar a todo el mundo sin cobrar, pero no puedo, todos necesitamos el dinero para sobrevivir y esta es la única forma que tengo para hacerlo.”

Solo pude decirle gracias.  Me prometí que en lo adelante intentaría ponerme del otro lado, quizás pueda entender mejor la posición de estos necesarios transportistas, y de los dos pesos, bueno, eso no sé si lo logre.

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