El relevo de los Puig y Céspedes

Por Ronal Quiñones  (Fotos: Juan Suárez)

HAVANA TIMES — Es posible que quienes no conocen la tradición del béisbol cubano se asombren con la nueva hornada de talentosos peloteros que brillan actualmente en las Grandes Ligas, pero la realidad es que Cuba siempre ha sido una cantera inagotable de peloteros.

En este último Juego de Estrellas estuvieron cinco cubanos, pero pudieran ser incluso más si las relaciones fueran normales entre Cuba y Estados Unidos, porque material sobra en la Isla, donde cada niño nace prácticamente con un guante y una pelota en la cuna.

Las dificultades económicas han sido un duro escollo para desarrollar el béisbol desde las categorías tempranas hasta el alto rendimiento, que tampoco escapa a estos problemas.

Por ejemplo, en la más reciente Serie Provincial de la capital, la de primera categoría donde juegan los futuros integrantes de Industriales, dejaron de celebrarse varios juegos por dificultades con el transporte, y así sucede también en el resto del país, donde a veces se ha dejado de jugar por falta de pelotas.

Pero contra viento y marea los entrenadores de base y los padres hacen grandes esfuerzos para que los niños jueguen, y se sienta lo menos posible el impacto de la desidia.

Havana Times acudió a la Ciudad Deportiva, donde cada tarde se entrenan equipos de varias categorías, para conocer de primera mano la realidad de la pelota de base.

El entrenador del equipo no quiso ofrecer declaraciones y nos remitió a los padres, que sí dieron sus opiniones.

“Aquí las cosas caminan por nosotros”, me dijo Roberto, “lo que da el Estado es prácticamente nada, ni siquiera los uniformes, que tenemos nosotros que encargárselos a costureras particulares y pagarlos de nuestro bolsillo. Para qué hablar de los guantes y las pelotas, y hasta del transporte, porque muchas veces somos nosotros los que resolvemos una guagua para que jueguen en otros municipios.”

Sin embargo, Javier considera que esto no es suficiente, porque ellos no pueden asumir todos los gastos. “Todos los padres no tenemos los mismos ingresos. Mi hijo juega con un guante de uso, porque no puedo pagar 60 dólares por uno nuevo cuando mi salario mensual es menos de 20. Lo de los juegos es parecido, deberían jugar todos los fines de semana, y no entre ellos, para irse adaptando al rigor de la competencia, las tensiones de un juego importante, etc., pero no siempre se puede alquilar una guagua. Algunas veces nos movemos en el transporte público, pero en total somos como 40 personas, tenemos que salir con bastante tiempo de antelación para ir llegando poco a poco.”

Gisela, madre de un muchachito de 12 años pero con estatura de 18, nos dice: “La alimentación es otro problema. Ellos necesitan una dieta diferenciada, y si no están en una escuela interna no tienen ese privilegio. Aquí mismo están toda la tarde casi hasta el anochecer y no tienen ni un bebedero con agua fría, tenemos que comprarle merienda a los particulares y esto es todos los días, no hay bolsillo que aguante.”

“Si se saca la cuenta de lo que cuesta mantenerle la ilusión a un niño de llegar a ser pelotero”, me dice Fernando, “prácticamente nadie en Cuba podría hacerlo, pero por suerte entre los amigos, los familiares en el extranjero y un esfuerzo más, se logra por lo menos que jueguen dignamente. El mío todavía juega con tenis, porque no he podido conseguirle los spikes, pero se mantiene entrenando. Uno ve como le gusta, como disfruta, y hace cualquier cosa por complacerlo. Además, no es porque sea mi hijo, pero juega bien”, indica sonriente hacia la primera base, donde Fernandito se desempeña habitualmente.

Joao sufrió una decepción con su hijo mayor, y no quiere pasar por lo mismo con el pequeño. “Como no juegan mucho, para hacer los equipos al Nacional todo queda a criterio del director, y eso se presta para amiguismos, poner al hijo de papá, etc. Espero que esta ves no me dejen fuera al niño, porque el grande se decepcionó y no quiso jugar más”.

Damián no quiere pasar por alto un reconocimiento a los entrenadores, porque a pesar de que ese es su trabajo, se entregan con pasión. “Oígame, por 200 pesos no es fácil dedicarse a esto, venir aquí a coger sol todas las tardes y llegar todo sudado a la casa a las mil y 500”, apunta.

En estas edades es vital el trabajo diario, el poder jugar la mayor cantidad de juegos y tener cerca el apoyo de buenos entrenadores, porque los encuentros oficiales (11-12 años, 13-14, 15-16 y juveniles) son muy pocos, sobre los 20, y por eso luego cuando estos muchachos llegan a la Serie Nacional tienen lagunas en su formación.

Los propios profesores tampoco se sienten estimulados cuando chocan con tantas adversidades, y prácticamente los mueve el amor por lo que hacen o el mismo interés de padres y alumnos por seguir adelante.

Con los pequeños también hicimos un aparte, para saber con qué sueñan en el futuro.

“Yo quiero ser como Javier Méndez”, dice Jorgito. “Juego en el center field y quiero fildear como él lo hacía, como soy zurdo también dicen que me parezco a él, y querría jugar con los Industriales y ser campeón nacional.”

“Mi ídolo es Yasmany Tomás. Esos batazos grandes los voy a dar yo también, con Industriales y con el equipo Cuba, para ganar por fin un Clásico. Ahora tengo 11 años nada más, pero voy a seguir esforzándome para lograr grandes cosas en la pelota”, comenta Leonis.

“Nosotros vamos a cada rato al estadio Latinoamericano cuando está la Serie y cada vez que hablamos con algún pelotero nos dice que hay que sacrificarse mucho para llegar ser bueno, por eso venimos todas las tardes y le hacemos caso al profe, porque sabemos que es la única forma de poder llegar a algo”, opina Maikel.

“Yo voy a ser como Odrisamer Despaigne, para lanzar y ganar los juegos buenos. No se ponía nervioso y casi nunca perdía. Además, también soy seguidor del Real Madrid, como él”, señala Yurizander.

En la mente de ellos están sus ídolos más cercanos, por supuesto. No piensan todavía en las Grandes Ligas, aunque probablemente algunos de ellos dentro de algún tiempo estén siguiendo los pasos de Puig y Céspedes.

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4 thoughts on “El relevo de los Puig y Céspedes

  • el 6 febrero, 2017 a las 1:25 pm
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    Hola:
    Hay de todo, como en cada lugar de este país negros, blancos, chinos, pobres, menos pobres, esforzados, luchadores, inteligentes, mediocres… y si, muchos padres se quitan TODO para que sus hijos jueguen y los estadios estan malos y todo es caro, y no hay condiciones para nada; y muchas veces no hay… y los entrenadores -que tampoco devengan un salrio decoroso ni tienen condiciones- dan peso a un niño con posibilidades; y todo es por parte de los padres y de esos profesores que se les exije a cambio prácticamente d eNADA…; pero alguien se ha puesto a pensar que la raíz de todo este mal es una Dirección de Beisbol descabezada, arcaica, obsoleta, instransigente, enquistada que no deja que se busquen métodos que ni siquiera son nuevos en el país y que tiene al deporte -no solo al beibsol-, en una crisis interna TOTAL? Que la prensa es superifical y triunfalista y NUNCA se ha hecho un análisis objetivo y realisata de lo que ha pasado en nuestro beisbol? Que nadie dice NADA en favor de una solución real? El beisbol cubano NO esta en crisis, está en crisi el beisbol EN Cuba, porque los cubanos lo estamos dejando morir dentro.

  • el 29 julio, 2014 a las 2:38 pm
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    en la foto vi bastantes ”negritos”

  • el 29 julio, 2014 a las 4:33 am
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    Con todo respeto no me parece que el Estado tenga que suministrar uniformes para correrle el gusto a los niños por el béisbol. El Estado debe encargarse de que haya estadios funcionales, con luz y agua, mantenidos correctamente. Mi hijo ha pasado por varios deportes y el Estado no da ni una media, eso sí, pone los estadios, las canchas y las piscinas.

    Hay que ir buscando la manera de legalizar el patrocinio.

  • el 27 julio, 2014 a las 5:06 am
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    Estimado Ronal:
    Sin ánimos de buscar la cuatro patas al gato, ni ser francotiradora. Si vuelves a dar una vuelta por la Ciudad Deportiva te darás cuenta que en esas edades infantiles los que más juegan son niños blancos, hijos, sobrinos de familiares con acceso a la moneda dura por cualquier vía. Son esos padres los que pueden comprar los guantes, las meriendas e invitar de vez en cuando al profesor a una fiesta, a Varadero o a tomar una cervezas. Es una tendencia de los hijitos de papá querer jugar a la pelota, aunque después ninguno de esos “blanquitos” llegue a las series nacionales. Es una paradoja. Pocos blancos en los Industriales o antiguos Metros, pero casi todos blancos en esas edades infantiles. A los padres negros les cuesta muchísimo poder apoyar a sus hijos en esas edades, cuando no están internados en las EIDE. Ronal vuelve por la Ciudad Deportiva y verás lo que te digo. Te lo dice una madre blanca que se dio cuenta una vez que fui a ver a mi sobrino entrenar. También hay corrupción en esas edades y amiguismo. Todo tiene su precio. Los dos mejores bateadores del equipo de mi sobrino eran negros sin spikes, sin guantes, sin uniforme, pero que duro le daban a la pelota. Los hijitos de papá vestidos con todo de Miami, pero muy malos como deportistas. No es fácil Ronal

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