El (no) derecho a viajar en Cuba

Haroldo Dilla Alfonso

El aeropuerto internacional de La Habana. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 31 enero — Hace ya algún tiempo le preguntaron a Ricardo Alarcón, presidente del parlamento y miembro prominente de la élite política cubana, si no sería conveniente permitir que los cubanos tengan derecho a viajar libremente y el dirigente cubano respondió, en el mejor estilo de Tres Patines,  que si existieran esos derechos el cielo se llenaría de aviones que chocarían unos con los otros provocando un desastre grande, mayor, digo yo, que la respuesta del susodicho funcionario.

Pero probablemente no mayor que lo que algo después dijo el presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, el escritor Miguel Barnet, quien afirmó que en Cuba existe total libertad para viajar y que un ejemplo de ello es que él mismo había viajado a una treintena de países, con aspiración, pienso, a seguir haciéndolo. Y para ello, lo sabe Barnet, hay que portarse muy bien, aún a riesgo del descrédito absoluto.

Y esta complicidad se extiende a buena parte del campo intelectual, incluyendo a muchos “progres” y “reformistas” cuyas poses críticas tanto gustan a los corresponsales extranjeros en La Habana.  Hace algunas semanas me escribió un renombrado intelectual cubano radicado en New York, decepcionado de un conocido y activo “reformista” verbal –un compañero de otros tiempos- que dedicó varios minutos en un evento en Pittsburgh a explicar que la única limitante que tienen sus compatriotas para viajar es  la obtención de una visa.

A veces no se menciona directamente el asunto, como sí hicieron Barnet y el amigo de otros tiempos en redituables derroches de impudicia, sino que se desvía la vista, mirando insistentemente hacia el lado norteamericano, sin distinguir nada alrededor, como si se hubiera desatado en la isla una epidemia de retinosis pigmentaria política.

Las convulsivas reacciones del mundo intelectual cada vez que se niega una visa americana a una personalidad en Cuba –como sucedió a Silvio Rodríguez al comienzo de la gestión de Obama- o las propuestas anuales de la sección Cuba de LASA (donde hay muchos cubanos de la isla, reformistas y duros) para reclamar al gobierno norteamericano mayores libertades para los académicos de ese país, son solo ejemplos de esta complicidad cínica.

Atardecer desde el aeropuerto de La Habana. Foto: Caridad

La realidad cubana es, en cuanto a la libertad para viajar, muy lamentable. Y la describo aquí no tanto para los lectores cubanos que ya conocen el asunto, sino para quienes no están familiarizados con el tema y se ven obligados a consumir la información de quienes cierran los ojos ante esta flagrante violación de los derechos civiles de los cubanos, una verdadera cuña hundida en la nación cubana, emigrada o residente en la isla.

Ante todo, para los cubanos viajar no es un derecho, sino un privilegio legal, una condición que se otorga y se retira. Una concesión revocable por un poder inapelable y sin un marco jurídico definido.

En Cuba hay tres maneras de viajar al extranjero:

1) Con un estatus excepcional por el que la persona puede entrar y salir casi libremente, cuando lo considere necesario. Se otorga a algunas personas que se han casado con extranjeros (no todas) y a miembros prominentes de la élite política, intelectual o familiares. Es casi un status normal, si no fuera porque es una atribución otorgada, y revocable si la persona mostrara algún tipo de comportamiento político no aceptable por el gobierno. Muy pocas personas están en este estrato.

2) Las personas que salen en misiones oficiales: funcionarios, académicos, artistas y técnicos. Necesitan una institución oficial que autorice y patrocine el viaje, y en cada caso en que la persona vaya a viajar el pasaporte debe ser habilitado. Si alguna persona que sale en uno de estos viajes decide no regresar a Cuba –como se dice en la isla “deserta” o “se queda”- pierde todos sus derechos de ciudadanía y no puede regresar al país en varios años (hasta cinco) ni permiten a su familia salir de la isla. Es decir, es condenado a una separación familiar por varios años. Huelga anotar que si algún académico se mostrara particularmente crítico durante algún viaje es posible que no vuelva a visitar la sala internacional del aeropuerto por un largo tiempo.

3) Los viajes privados, que pueden ser dos tipos. El primero es ininteligible para la mayoría de los terrícolas: la salida “definitiva”, es decir la persona que emigra y que no puede regresar más a vivir a Cuba y pierde todos sus derechos y propiedades en la isla.

El segundo es de las personas que solo aspiran a viajar temporalmente, y pueden estar fuera de la isla por 11 meses, tras los cuales deben regresar o se convierten en “migrantes definitivos”. En todos los casos las salidas de estas personas son expresamente autorizadas por el Ministerio del Interior y por la institución donde esa persona trabajó por última vez.

Existen categorías de técnicos –los médicos por ejemplo- que no pueden salir por esta vía, así como las personas consideradas políticamente adversas, por lo que son muy numerosos los casos de impedimentos de salidas que existen en el país.

El caso más dramático fue el de Hilda Molina, una científica ya anciana que rompió con el aparato oficial –al que había pertenecido con pasión- y cuya reunión con toda su familia radicada en Argentina le fue negada por años hasta que finalmente el gobierno cubano accedió atendiendo una petición del gobierno de ese país.

Algo particularmente negativo es que las personas que desean viajar por los 11 meses mencionados, nunca pueden llevar a sus hijos menores con ellos, lo que solo es posible hacer cuando la persona decide emigrar “definitivamente”.

Para los cubanos es más caro viajar

En todos los casos las salidas de estas personas implican pagos considerables que pueden llegar a ser superiores a los 500 dólares, una suma inmensa para una población de salarios muy deprimidos. En resumen, cada persona debe pagar para poder salir por una carta de invitación, por un pasaporte y por un permiso de salida.

Y luego ya en el país de destino, de manera insólita, debe pagar a la embajada cubana en cada país una suma variable por cada mes que permanezca en ese país. Esta suma oscila entre 150 dólares y 40 dólares mensuales.

En el recuento anterior no he sido exhaustivo pues prefiero pasar brevemente a explicar lo que sucede cuando una persona decide radicarse en un país extranjero a excepción de la muy exigua minoría que ha sido autorizada a ello.

Como antes anotaba esa persona pierde todos sus bienes y derechos en Cuba, por lo que técnicamente se convierte en desterrado. Si en algún momento quiere regresar solo puedo hacerlo de visita, para lo cual debe ser autorizado específicamente por el gobierno mediante un sello que colocan en el pasaporte y que autoriza a permanecer por 21 días.

Limbo legal

Muchos cubanos no son autorizados, ni siquiera en casos de emergencias familiares. Existen cohortes de emigrados –el caso de la mayoría de los “balseros” de 1994- que afrontan dificultades especiales para obtener los permisos de entrada. Otros son autorizados, pero rechazados cuando llegan a tierra cubana.

Pero solamente pueden viajar a la isla con un pasaporte cubano, no importa su ciudadanía corriente, que debe ser rehabilitado cada dos años a un precio de un centenar de dólares.

El colofón lógico es que los cubanos emigrados viven en un limbo legal, dado que el gobierno cubano no acepta “devoluciones” y por ello son indeseables en muchos lugares. Un ejemplo tragicómico fue el del cubano que tuvo que permanecer 50 días en el aeropuerto de San José pues ni podía entrar a Costa Rica ni podía retornar a Cuba. Como le sucedió a Tom Hanks en su formidable película La Terminal, aunque sin el premio de Catherine Zeta Jones. Aquí, como decía Wilde, la vida imitó al arte.

No hay una ley, ni normas escritas claras sobre estos procesos, sino que se trata de una práctica discrecional y arbitraria, que mezcla resortes de control político francamente fascistas con motivaciones mercuriales de la peor ralea. De manera que el gobierno cubano niega un derecho que luego vende a quienes puedan comprarlo.

Los cubanos que viajan al exterior deben portarse muy bien políticamente si quieren seguir viajando, o si quieren volver a ver a sus seres queridos o si desean regresar a Cuba un día, al lugar donde nacieron, a sentirse plenamente cubanos. Ese derecho le ha sido expropiado por una élite política autoritaria y represiva que ha negado uno por uno los valores y las metas humanas de la revolución y del socialismo.

Pero también debe pagarle, y pagarle bien, para que pueda seguir reproduciendo su proyecto de poder con el mismo estilo parasitario como lo han hecho en los últimos cincuenta años.

Estoy seguro que en el caso de los migrantes cubanos estamos frente a una situación de violación mayúscula de los derechos de las personas y del origen de muchos sufrimientos humanos.

Y solo por ello vale la pena que miremos a este asunto y comencemos a movernos en esa dirección. Incluso para ayudar a personas como Miguel Barnet y al amigo de otros tiempos, para que no estén obligados a agacharse de manera tan poco ejemplar ante esta brutal horca caudina que el gobierno cubano les impone.

Simplemente para que Cuba sea mejor.

5 thoughts on “El (no) derecho a viajar en Cuba

  • Esta mas claro que siempre estos han vivido de la mentira, pues hoy por hoy se han dado cuenta que los hoteles de porquería que no saben ni mantenerlos, los esta manteniendo el pueblo cubano, mas el robo que tienen con nosotros los cubanos desde que entramos al país, por eso y para eso están la mentira, acoso e intimidación con quien no tiene ni puede responderles porque si no van presos, asesinados o desaparecidos , viven ese asqueroso gobierno de las migajas que ld quitan al pueblo, el mas humilde cada vez , pobre y avasallado por ellos

  • Donde están ahora los dichos patriotas o revolucionarios?, yo ya no se con tanta palabrería y política cochina no que ya soy, pues a la altura de mis 40 años me he dado cuenta que vamos en peor, ya no esta fidel y el otro que ni estudio lo esta militarizando todo sin enfrentar los problemas de el pueblo, son saber hablar y haber pasado alguna escuela, cada vez mas restricciones y mas pobreza para el pueblo que se consume, entonces donde esta la revolución en que creí?, donde están Iaquí las palabras de todos aquellos que defienden la política cubana en estos momentos? Todo es mentira

  • me parece que el que los balseros no puedan viajar a su pais es una gran violacion a los derechos humanos,familiares y de todo tipo,habemos muchos cubanos en el exterior que no se nos permite visitar a Cuba,pais donde nacimos y crecimos,esto es increible,yo he mandado mi pasaporte a visar y me lo han denegado en tres ocasiones,he inclusive mi madre se vio grave de muerte y aplique por la via umanitaria,de eso hace ya 1 ano,y todavia no he recibido respuesta,mi hijala tuvieron que tratar con un psicologo porque la encontraro en vatrias ocasiones llorando y no decia porque,y cuando comenzaron el tratamiento con el medico le dijo que ell no estava enferma,que lo que ella tenia era mucho miedo de no volver a ver jamas a su papa,me parece que esto no es justo para una nina que solo tiene 11 anos,a muchos de nosotros se nos han muerto familiares y no se nos ha permitido viajar ni al funeral,esto se dice y no se creo si no lo vives,pero bueno tengo gran esperansa que algun dia cambien estas leyes que solo hacen sufrir a familias cubanas,muchas grasias

  • asi mismo es , a mi por ejemplo me dieron visa y despues que estaba en el areopuerto me viraron para atras en el mismo avion y ni puede ver a mi familia, me dijeron que los balseros no tenemos derecho de ir a cuba ( yo siendo cubano )

  • Brillante exposicion! Mas claro ni el agua. Pero todavia despues de que los ‘ciegos’ y los ‘sordos’ lean esta informacion. Seguiran comiendo de lo que pica el pollo, defendiendo lo indefendible. Vamos que cuando el mal es de c…, no valen guayabas verdes!
    Alex

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