El laberinto de la comercialización agropecuaria (I)

Por Lázaro González

Agro Estatal - foto: Caridad

HAVANA TIMES, 16 mayo — “Este mercado siempre está desierto, da pena pararse en la calle y mirar para acá. Antes había de todo y con calidad, ahora hay poco y a veces en mal estado.” Ante el micrófono del reportero, Alicia Castellano, cliente del mercado agropecuario estatal (MAE) La Lisa, lanza la denuncia airada, impaciente. No es para menos: durante los últimos meses vestir decentemente la caprichosa desnudez de los platos, suele convertirse en la tarea del indio para los capitalinos.

Yolanda Aguilar, una jubilada asidua del MAE 26 y 41, en Nuevo Vedado, se queja de que escasean mucho las frutas. “Son invisibles,” dice. “En ocasiones tengo que ir a ‘los caros’ a comprarlas porque aquí se pierden.”

Desde su resurgimiento en 1994, los mercados de oferta y demanda (MAOD) son conocidos popularmente como “los caros.” Sus astronómicas tarifas les han merecido no pocos detractores.

“Esos sí están bien abastecidos siempre. En ocasiones voy allá a buscar lo que no encuentro aquí, como la malanga y las frutas; pero otras veces la cuenta no me da,” señala Eddy Díaz, vecino de 26 y 41, quien evalúa de regular la calidad de los productos estatales y critica que los venden casi siempre de primera clase, “aunque estén malos.”

Una jubilada que frecuenta los dos tipos de mercados en Marianao, Leonarda Ricardo, asegura que “en los estatales son criminales los precios porque es muy mala la calidad; mientras en los privados hay de todo y la calidad es divina, aunque los precios están por las nubes. ¿Por qué los particulares tienen maravilla y los estatales nada? Esa es la pregunta que se hace todo el pueblo,” inquiere.

Al otro lado de la pesa

“El desabastecimiento se debe a la escasez de producciones –considera Lorenzo Rober, trímero del MAE de 26 y 41, desde hace una década-. Cantidad hay bastante, pero variedad muy poca, sobre todo de granos y frutas. Cuando les comprábamos directamente a los campesinos estábamos mejor surtidos.”

Mercado agropecuario.

Mykel Vega, joven administrador del mismo agromercado, declara que han avanzado un gran tramo al traer las cooperativas de la agricultura urbana a los mercados. Ahora reciben las hortalizas frescas bien temprano, directas desde el campo.

“Tenemos deficiencias con las viandas, pero en general se nota un cambio en la distribución. Cosechar es lo que hace falta. Si avanzáramos en la producción, la comercialización engranaría perfectamente, porque este sistema está muy bien diseñado.”

Desde agosto de 2009, en las dos provincias habaneras se experimenta un nuevo sistema de comercialización centralizado y burocrático, que ha generado muchas insatisfacciones entre productores, consumidores y funcionarios encargados de la distribución.

En fase de prueba y con perspectiva de generalizarse a todo el país, el esquema actual, en esencia, prohíbe a los campesinos venderle los productos directamente a los tarimeros de los mercados  estatales, multiplica varias veces los eslabones intermedios, y concentra en el Ministerio de Comercio Interior ((MINCIN)) la responsabilidad de repartir las mercancías, en teoría más equitativamente, y de ahorrar combustible.

En la práctica, el transito entre el surco y el plato se ha tornado lento y engorroso, engendrando considerables volúmenes de pérdidas por mermas, robos y desvíos en varios puntos de la cadena, desequilibrios productivos e irregularidades con la explotación del transporte, incluido el deficiente aprovechamiento del combustible.

Alexander Bejerano, administrador del MAE La Lisa del oeste capitalino, piensa que es necesario revisar la relación entre los campesinos, el Ministerio de la Agricultura y las empresas del MINCIN. “Es muy triste, bochornoso, inconcebible, tener los productos almacenados y que la población no pueda adquirirlos.”

Leosdán Capote, tarimero del mismo ‘agro’, encuentra que “el cambio de Acopio para Comercio no ha dado resultado. Producción sí hay, porque los MAOD tienen de todo. Nosotros, que vendemos al pueblo trabajador, tenemos poco.”

¿El pollo del arroz?

Según Jorge Luis Tillet, segundo administrador del MAOD Plaza de Marianao, con 10 años de experiencia en ese mercado, “los camiones deben arribar a estos mercados supuestamente con el excedente, después de que las diferentes formas productivas han cumplido un plan de entrega al Estado. Eso se viola por completo, y lo conoce a viva voz todo el mundo. Si se cumpliera, en los mercados estatales hubiera la cantidad y variedad necesarias.”

Algunos directivos y trabajadores de los mercados de libre formación de precio, difieren, creen que el pollo del arroz no está en el desvío de la producción hacia esas plazas, porque esos mercados venden solo una pequeña parte de lo producido.

Y ciertamente, de acuerdo con datos del MINCIN, los 33 MAOD de Ciudad de La Habana comercializan apenas un nueve por ciento de los productos agrícolas que se venden en la capital, alrededor de 50 toneladas diarias de productos, contra unas 500 expedidas en los 310 mercados estatales de precios topados.

Los MAOD tienen mejor abastecimiento que los estatales solamente por el mecanismo que rige, afirma José Gascón, tarimero del MAOD Plaza de Marianao, que acumula 15 años de experiencia en el sector. “El productor viene aquí con sus papeles en regla, oferta sus productos y el pago se le hace directamente, en efectivo.”

No podemos permanecer ajenos a los efectos de la sequía, y a los problemas productivos, reconoce. Pero, si a eso le añadimos factores subjetivos que entorpecen la distribución, “se agrava el asunto,” advierte.

“Los mecanismos de comercialización estatales tienen su margen de maniobrabilidad, pero cuando uno ve los errores se percata de que son producto de ese cuadro intermedio que no está sensibilizado con el problema de las personas. En este negocio exige creatividad, porque la mercancía se deteriora rápidamente y la gente la necesita.”

“La comida decide la Revolución. Yo soy revolucionario y me duelen las cosas que están pasando –se lamenta Gascón con visible sinceridad-. Aquí todos los que vienen son hombres de pueblo, y es vergonzoso que los mercados privados tengan una mejor opción de compra que el Estado, que tiene los recursos. Raúl Castro lo dijo: ‘Todo está en nuestras manos’, entonces: ¿por qué no funciona?”

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