El Festival de cine: una ventana para mirarnos

By Irina Echarry   (Fotos: Juan Suarez)

IMG_0458HAVANA TIMES — El Festival de Nuevo Cine Latinoamericano despierta interés en muchos cineastas de la zona. La mayoría considera un orgullo que su obra sea exhibida en la Habana durante los diez días que dura el evento. Participar de alguna manera, ya sea ofreciendo conferencias, acudiendo a los talleres o, simplemente, como invitados especiales, se vuelve el propósito de muchos.

En cuanto al público, aunque ya no se respira aquel aire bohemio, dinámico y fresco de décadas atrás, todavía el embullo se hace notar. Sobre todo cuando se trata de películas cubanas.

Hace unos años, la gente no priorizaba la producción nacional; el argumento más socorrido era que después, cuando se distribuyera en el circuito cinematográfico, podía verse con calma. Ahora las colas se desbordan cada vez que se programan. Algunos plantean que la mayoría de las películas cubanas tiene “críticas fuertes”, ya sean sociales o políticas, y siempre está el temor de que una vez terminado el Festival, las desaparezcan.

IMG_0456Hay quienes corren de un cine a otro para ver ficción; otros prefieren los documentales, que generalmente profundizan en la gente común –a veces anónima- que hace la vida del continente rica y diversa.

Ese es el caso de Sunú, de la mexicana Teresa Camou Guerrero, quien no dudó en cambiar de profesión cuando lo sintió necesario. Los años de titiritera y actriz de teatro le aportaron la experiencia para la comunicación con el público y con las personas que aparecen en su documental.

Sunú es un material que habla sobre la defensa del maíz y la soberanía alimentaria en México. Fueron 16 meses filmando los ciclos agrícolas de varios estados mexicanos. Según la directora, cada pueblo tiene su forma de trabajar la tierra, su cultura, sus mitos, pero la situación en cuanto al maíz y los alimentos en general, es parecida.

Hay mucha falta de apoyo al campo por parte del gobierno y la llegada del maíz híbrido ha sido desastrosa. Sin tienda comunitaria donde vender su maíz nativo y con la invasión del transgénico, los hombres y mujeres que viven de la producción agrícola la pasan muy mal, por lo que muchos abandonan sus tierras. Es toda una cultura que se perderá cuando desaparezcan los pocos campesinos que todavía, desde su rancho, hacen frente a esta situación. Es una pena que la sala 1 del cine Infanta estuviera casi vacía.

IMG_0467En cambio, un documental cubano que repletó esa misma sala fue El tren de la línea norte.

Corre el año 2013, el “carro de Puertas” hace su recorrido desde Morón hasta Punta Alegre, pero tiene una parada determinante en Falla, un pueblo varado en el tiempo. Sus más de 8000 habitantes siguen viviendo como en la época de cruda crisis de los años 90. Marcelo Martín, quien antes nos cautivara con Elena -documental que indaga en las vidas y circunstancias de los vecinos de un edificio en peligro de derrumbe-, vuelve a ofrecer su arte como instrumento de denuncia. Nos descubre un universo conocido y a la vez asombroso, que causa dolor y abatimiento.

La cámara se interna en la zona más oscura de sus pobladores, aquella donde no hay ilusión, donde los valores morales y éticos se retuercen con el único objetivo de sobrevivir. El ser humano despojado de esperanza como consecuencia de una vida insegura, plena de carencias materiales. Falla deviene en símbolo del estancamiento del país. La gente está molesta, indignada porque el gobierno los ha abandonado. El director asume una postura valiente al dar voz a estas personas desesperadas. Sin embargo, algo se queda flojo. A pesar de sentir un nudo en la garganta por las condiciones de miseria en que vive todo un pueblo, las lágrimas no corren. Tal vez en los años 90´ El tren de la línea norte hubiera sido un documental excelente, pero la manera de ver el mundo se ha transformado y estamos hartos de esperar que un gobierno resuelva nuestros problemas.

No basta con denunciar la desidia, quejarse del abandono o incomodarse, si esto no nos lleva a cambiar. Lo que falta en el audiovisual es una mirada esperanzadora, algo que nos diga cómo han resistido las familias el embate de las crisis, un equilibrio que contrarreste la abulia y marginalidad de esos que solo beben y delinquen. Las crisis también generan cosas buenas, Falla no debe ser la excepción.

 

 


One thought on “El Festival de cine: una ventana para mirarnos

  • el 16 diciembre, 2015 a las 9:34 am
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    Despues que le lei a mis hijos “Fica y el camello arcoiris” no me quedo duda alguna que mi prima es una gran escritora. Ahora que estoy leyendo estos artículos publicados en HT lo corroboro una vez más. Muchos besos y dime como podemos comunicarnos. Te he estado buscando por doquier. Besos.

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