El ex–campeón Ariel Hernández: “Nada de niño lindo”

Por Ronal Quiñones

Ariel Hernandez
Ariel Hernandez

HAVANA TIMES — Pocas cosas molestan más al ex-astro del boxeo cubano Ariel Hernández que la alusión velada a haber sido uno de los protegidos del legendario entrenador Alcides Sagarra.

Sagarra, tan famoso por sus grandes resultados al frente de la selección nacional de Cuba como por algunos de sus “caprichos” mientras estuvo al frente de esta por más de 30 años, lo llevó a un gran número de competencias mientras estuvo entre los mejores pugilistas del mundo, y lo mantuvo en los planes aún cuando el deportista, oriundo del municipio pinareño de Guane, ya no estaba aparentemente en sus mejores momentos.

Por eso una parte de la afición pensaba que hacia él había cierto favoritismo, pero el propio ex-atleta se encargó de desmentirlo, en exclusiva para Havana Times.

“Nada de niño lindo, si a mi me exprimía al máximo. Ya no sabía como decirle que no podía con los 75 kilos y me seguía llevando contra la tabla. Hasta mi entrenador (Julio Mena) se lo decía.”

En alguna ocasión llegó a decir, y lo ratificó ahora, que pudo haber ganado por tercera ocasión un título del mundo si asiste a la cita del orbe de Houston (Estados Unidos), en 1999, en los 81 kilogramos y no en 75, la división que le dio todos sus grandes triunfos.

Ya se le habían observado bastantes dificultades en el Mundial anterior, celebrado en Budapest (Hungría) dos años antes, cuando no pudo llevarse la medalla de oro, y en el plano doméstico también cedía con frecuencia ante los empujes de Jorge Gutiérrez.

Para el torneo del orbe de 1999 Gutiérrez fue llevado en 71 kilos, y obtuvo la medalla de oro, como mismo hizo al año siguiente en los Juegos Olímpicos de Sydney, pero ya en 75.

Quizás el pedido de Ariel de ascender a los 81 era interpretado por el gurú del boxeo cubano como “miedo” a su rival, pero eso no me lo dijo.

Bien traumática fue la experiencia en Houston, donde la delegación cubana decidió retirarse en pleno en el intermedio de la primera jornada final por sentirse perjudicada por el arbitraje. Personalmente, Ariel se sintió muy mal, e incluso pidió regresar a La Habana antes de esos hechos, poco después de ser eliminado en las primeras fechas.

Ariel-Hernández-(r)
Ariel-Hernández-(r)

“Era la primera vez que regresaba sin una medalla, no tenía ganas de seguir boxeando y en unos pocos meses subí más de 20 kilogramos”, dice mientras baja la mirada y se hace evidente que hemos tocado un tema que le duele.

Los entrenadores le pidieron que regresara y volvió a presentarse en el Playa Girón del año 2000, pero lo hizo en 91 kilogramos, y cedió en su primer combate.

“Yo tenía mi puesto seguro a Sydney si hacía los 75, pero no quise seguir poniendo al límite mi cuerpo para bajar, llegó el momento en que hasta temía por mi salud”, confesó.

“Yo sabía que esa ya no era mi división y no resistiría un nuevo fracaso, así que decidí dejar el boxeo con apenas 28 años de edad; pero siempre se me quedó la espinita de qué hubiera logrado de haber competido en 81. Me dolió dejar el deporte tan joven, y hasta con la posibilidad de una tercera corona olímpica, pero me dije que ya no podía más si me prohibían subir”.

Por cierto, quien ocupó esa plaza tanto en Houston como en Sydney, Humberto Savigne, alumno personal de Sagarra, regresó con las manos vacías de ambas competencias.

Luego de retirarse del deporte activo, el titular olímpico de Barcelona y Atlanta estuvo de colaboración en Venezuela, en el Estado de Cojedes, y posteriormente se ha mantenido como entrenador en La Lisa, al oeste de la capital cubana.

Su vida mejoró notablemente cuando a mediados de la pasada década comenzó a aplicarse la remuneración de los medallistas mundiales y olímpicos (de 50 a 300 CUC en dependencia del color de la presea), y dice que gracias a eso no ha tenido necesidad de irse a otro país.

“¿Para qué ir a pasar trabajo en otro país, si con ese dinerito resuelvo?”, es su respuesta cuando se le pregunta por qué se mantiene en un lugar tan apartado de los reflectores.

La manera en que se trasmitió la noticia a los deportistas cubanos la cuenta de una manera bastante jocosa:

“Estábamos en un salón de reuniones en el Cerro Pelado (Centro de Alto rendimiento del deporte cubano) y nos estaban dando tremenda muela. Todo el mundo pensaba que iba a ser igual que siempre, muela y más nada, hasta que mencionaron los CUC. Enseguida todo el mundo abrió los ojos, y al que estaba dormido lo despertaron”, cuenta entre risas.

Ariel Hernández
Ariel Hernández

Ariel fue considerado un as de la esquiva por su estilo de contraataque, que lo dejó como uno de los pocos boxeadores a los cuales nunca noquearon sobre el ring.

La mejor muestra de su excelente defensa es su propio rostro, en el cual no quedan cicatrices de golpes recibidos, porque no fueron tantos en su carrera.

“Mis resultados descansaban en el constante entrenamiento, era un peleador muy rápido en mi división, y con muy buenos reflejos. Algunos de los combates que perdí en Cuba fueron por meterme en la corta distancia sin necesidad. Me pasaba que como era el campeón no me gustara que se me plantaran a desafiarme.”

¿Y no eras de fajarte, ni siquiera cuando niño?

“Qué va, lo mío era jugar a la pelota, y según la gente con la que jugaba, tiraba bastante duro, yo nunca me he fajado en mi vida.”

¿Cómo llegas entonces al boxeo?

“Un día el comisionado de boxeo en Pinar del Río, el ” Morito” (Juan Fernández), llegó a la casa buscando a mi hermano Luis, porque necesitaba un supercompleto para un torneo por equipos. En esos momentos yo no pasaba de 48 kilogramos, si acaso. Se lo llevó y empezó a practicar y yo poco a poco me fui embullando. Mi ídolo siempre fue Teófilo Stevenson, y aunque no compartí su época de boxeador tuve el honor de conocerlo y hacer una buena amistad.”

En la actualidad, Ariel no figura en los titulares de la prensa cubana, ni lo busca, pero el amor por el deporte de los puños no lo abandona.

“A cada rato voy a La Finca (Centro de Alto rendimiento del boxeo cubano, ubicado en el Wajay, en la afueras de La Habana) y me aparezco en los Cardín. Hace unos días fui a la Ciudad Deportiva para ver a Cuba en el tope de la Serie Mundial contra Rusia.”

¿Qué te parece la inclusión de Cuba en este torneo?

“Es algo que hacía falta, y al final es muy positivo. El atleta tiene fogueo, porque hay algunos combates muy buenos, otros no tanto, porque hay algunos “paquetes” (boxeadores de poca calidad), pero en general es bueno, y como aquí casi no pueden salir a topar, les sirve de preparación. Además, están ganando su dinerito, tengo entendido que son como 400 CUC por cada pelea, así que todo el mundo sale ganando.”

¿Qué me dices de este nuevo estilo de boxear?

“A lo mejor a mí me hubiera ido fatal, porque esto se parece más al profesionalismo, donde hay que fajarse más, pero es el verdadero boxeo.”


3 thoughts on “El ex–campeón Ariel Hernández: “Nada de niño lindo”

  • el 25 febrero, 2014 a las 3:15 pm
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    “A lo mejor a mí me hubiera ido fatal, porque esto se parece más al profesionalismo, donde hay que fajarse más, pero es el verdadero boxeo.”

    El Tipo se la sabe totalmente, y entiende que una cosa es el deporte y otra cosa muy diferente eso que se denomina “boxeo profesional”, esto último tiene más la forma de carnicería, los entrenamientos son para subir al ring y salir bien librado, salvar la integridad; en el deporte, en el amateurismo la dinámica es otra y primeramente se busca la competencia, alcanzar el éxito, y aparejado va el esfuerzo durante el entrenamiento producto de la disciplina… pero lo dice bien, “esto se parece más al profesionalismo…” aunque no lo es, esa mentada liga mundial es un absurdo, un verdadero bodrio que no pinta ni para esto ni para eso.

  • el 25 febrero, 2014 a las 9:35 am
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    Este por lo menos puede vivir dignamente con lo que hizo sobre el ring. Uno de los mejores de Cuba en toda su historia, sin dudas.

  • el 25 febrero, 2014 a las 7:29 am
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    Muy buena la entrevista. Gracias Ronald por entrevistar a deportistas en inactivo. Es bueno hacer un seguimiento de las figuras retiradas para ver como les va la vida. Buen termómetro para ver cómo les va a un sector de los jubilados.

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