El diario covid-19 de médicos residentes y estudiantes en Nicaragua

Entrada a Emergencia del Hospital Alemán Nicaragüense. // Foto: Reproducción | Esta Semana

“A pesar que no somos oficialmente médicos, nos exponen a estar en los hospitales donde atienden casos de covid-19”, denuncia un preinterno

Por Yader Luna  (Confidencial)

HAVANA TIMES – Resumido en una palabra: inesperado. Transcurría mi rutina laboral diaria, cuando de forma sorpresiva me notificaron que debía presentarme en el Hospital Alemán Nicaragüense, para integrarme por los próximos meses al personal encargado de atender en área covid-19. Me fui, sin siquiera almorzar. Mi apetito se cerró. Por mis medios llegué al lugar, me reporté con las autoridades pertinentes y me condujeron al área.

Así recuerda “Elena”, una doctora residente, su primer día trabajando en uno de los hospitales con más casos de coronavirus en Nicaragua. Miles de miedos y preguntas “rondaban mi mente”, relata.

“Llegué, casi nadie sabía para qué, todo era más preguntas que respuestas. Rápidamente me explicaron mi horario laboral y el protocolo a seguir”, dice. De vuelta a casa le tocó darle la noticia a su familia y anunciarles “muchos cambios” que debía hacer para no ponerlos en peligro. “Contacto nulo”, les advirtió.

El primer día de turno

El día de su primer turno, “Elena” sintió que el miedo recorría todo su cuerpo. “Empecé por conocer el que será mi campo de batalla diario por los próximos meses. De repente llega una intensivista y empezó a dar mil orientaciones”. En ese momento estaban únicamente cinco pacientes en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). “Esto en tres días va a cambiar un montón”, le anunció.

Comenzaron los procedimientos. Aspirar secreciones, revisar constantes vitales, examinar los ventiladores, ponerse al tanto del historial de cada paciente. “Era un mar de información por asimilar”, explica.

Con los días se fue dando cuenta que los pacientes eran muy cambiantes. “La razón es que casi todos mueren”, afirma.

Entre los pacientes que atendió ese primer día, estaba una joven de 28 años, “factor de riesgo por obesidad grado tres”. Al lado otra joven de 30 años, recién parida “preeclámptica”. “Ambas con prioridad y las más recuperables de la sala”, explica.

Ese día transcurrió con decenas de llamadas, solicitudes de información, comunicación con la familia vía internet. Las frases que se repetían una y otra vez eran: “Su paciente está delicado”, “está conectado a ventilador”, “la evolución no ha sido buena”, “estamos haciendo todo lo posible”.

Las preguntas se repetían también: “¿Pero la prueba como salió?”, ¿salió positiva?”. Para todo eso la respuesta que podía dar era: “No tenemos acceso a esa información, pregunte en Dirección”.

Personas esperan información de sus familiares afuera del área habilitada para recibir pacientes con síntomas de covid-19, en el Hospital Alemán Nicaragüense, en Managua. // Foto: EFE | Jorge Torres

Una avalancha de pacientes

En cada día siente hambre, siente sed, siente calor. Sus lentes están empañados. “Con todo el traje no podemos comer, ni beber nada”, explica “Elena”. A eso de las cuatro de la tarde le tocaba almorzar. Antes debía desinfectarse, lo que dura una o dos horas, según la fila del baño.

“Siento un alivio poder salir de ese traje, comer alimentos helados, sin mucho sabor, pero que aplacan el hambre, tomar agua en grandes cantidades”, insiste. Sin embargo, esa primera noche en el hospital viene a su mente.

“A las diez de la noche recibimos alrededor de 30 traslados, en masa. Del Hospital Roberto Calderón, del Solidaridad, del Lenin Fonseca, del Vélez Páiz, de todos los hospitales de Managua”, recuerda. En un abrir y cerrar de ojos las diez camas de UCI estaban llenas.

“Nos vimos obligados a evacuar las salas de cirugías y poder dar abasto con los pacientes que se van sumando. De pronto las camas en uso aumentan, pero el personal no”, dice.

Recuerda lo terrible de ver los primeros pacientes fallecer. Las autoridades son notificadas y se encargan de llenar las actas de defunción “de personas que nunca conocieron, ni asistieron”.

Un pastor evangélico realiza una prédica a familiares de pecientes ingresados por covid-19, afuera del Hospital Alemán Nicaragüense en Managua. // Foto: EFE/ Carlos Herrera

“El dolor de perder la batalla”

Los días transcurren y esta residente se acostumbra a su nueva rutina. A los cinco baños en 24 horas de cada turno. A llevar tres cambios de ropa, a almorzar a las cuatro de la tarde, a cenar a la una de la mañana.

“Los pacientes se multiplican y fallecen por docenas. No damos abasto, otras especialidades deben apoyar, y de un día a otro todo el hospital es 100% pacientes covid-19”, insiste.

“Los de anestesia ya no son los encargados de intubar, debido a la cantidad de las emergencias y lo crítico de los casos. Dejamos a un lado el miedo y ahora somos nosotros quienes intubamos, cada vez con un poco más de destreza”, valora.

Los pacientes que llevan más días “da la esperanza de salvarlos, pero en muchos casos mueren”. “Te da rabia, te frustra no poder ganar la batalla ante la muerte”, dice. En su mente reza por sus almas.

Hasta que un día, “Elena” empezó a sentir síntomas y se dio cuenta que “estaba contagiada” de covid-19. “Me fui al aislamiento reglamentario, y aunque físicamente me siento en condiciones de seguir trabajando, debo ser responsable y pensar en el resto de mis colegas, muchos de ellos rondando la quinta década de vida, con múltiples comorbilidades (enfermedades preexistentes)”, cuenta.

Denuncian que los obligan

Un grupo de residentes de Ginecología y Obstetricia, Cirugía, Pediatría, Ortopedia y Medicina Interna del Hospital Sermesa de Bolonia enviaron una carta a las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) para informar con “mucha preocupación” que los están obligando a vivir “una situación de incertidumbre”.

En la carta denuncian que desde el seis de mayo, “de manera repentina y sin explicaciones claras” un grupo de siete residentes fueron trasladados al Hospital Sermesa Masaya, “explicándonos que culminaríamos en este hospital nuestra residencia”, obligándolos a firmar una hoja de traslado.

“Sin embargo, en realidad el único objetivo del traslado era cubrir la Sala de Respiratorio de este centro, ya que se nos asignó esta sala para darnos cuenta que aquí se atendería a pacientes con patologías respiratorias”, denunciaron.

En ese sentido, lamentan que ningún residente tiene claro qué pasará con ellos y su plan docente establecido. “Estamos siendo movilizados como un empleado más solo para cubrir demandas, sin una explicación clara. Tenemos entendido que no ha sido declarada una emergencia sanitaria, así que no entendemos estos cambios”, lamentan.

“Todos los residentes hemos estado trabajando únicamente en el área de respiratorio, independientemente del perfil de nuestra especialidad, y lo más preocupante que no constamos con los medios 100% necesarios para protección de nuestra salud, no tenemos conocimiento claro del diagnóstico de estos pacientes”, lamentan.

Asimismo, denunciaron que cinco residentes empezaron a presentar “sintomatología no determinada”.

“Todos estamos con temor, y angustia ante esta incertidumbre, y creemos firmemente que bajo estas condiciones se está atentando contra la salud y la vida de cada uno de nuestros compañeros”, explican en la carta.

Aunque señalan que algunos solicitaron “la posibilidad de retiro de matrícula ya que nosotros estamos en calidad de estudiantes”. Sin embargo, denuncian que les respondieron que “todo aquel residente que decida retirar matrícula pierde absolutamente toda posibilidad de nuevo ingreso al programa de especialidades médicas quirúrgicas, e incluso la perdida de nuestro título de médico general”.

Los residentes mencionan que de acuerdo al reglamento académico del Programa de Especialización Médico Quirúrgico: “El residente es un profesional en proceso de especialización en áreas médico-quirúrgicas y de Dirección de Servicios de Salud y Epidemiología, por tanto, en ese periodo tiene carácter de estudiante”.

Expuestos y sin protección

“Gabriel” es estudiante de cuarto año de medicina y era preinterno en otro de los hospitales públicos que atienden casos de coronavirus. Sin embargo, desde hace un mes dejó de asistir.

“Mi mamá me prohibió seguir, aunque pierda mis clases, porque primero está mi salud antes que estar expuesto al covid-19”, indica. A él le gustaba trabajar en el hospital porque aprendía cada día, pero ahora prefiere resguardarse.

Este joven de 24 años afirma que aunque a él no lo destinaron a área covid-19, lo dejaron en “recepción de pacientes”, lo que significa “una ruleta” porque “llegan pacientes con todo tipo de síntomas incluyendo algunos con coronavirus”.

Cuenta que, por ejemplo, en un solo día él ingresó a siete pacientes con síntomas similares a la “neumonía” que les diagnosticaron después.

“Me sentía inseguro. Me daba miedo contagiarme y no saber qué iba a pasar conmigo, pero también —justifica— exponer a mi familia, a mi abuelo”.

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