Vicente Morín Aguado

Esquina de Belascoaín y Estrella.
Esquina de Belascoaín y Estrella.

HAVANA TIMES — La esquina habanera de Belascoaín y Estrella guarda una permanente relación con el médico cubano Carlos Juan Finlay. Un parque cercano conserva la estatua del ilustre epidemiólogo, rodeada de varios centros docentes, desde el nivel secundario hasta la universidad. Lo curioso es que no faltó, caso típico en La Habana, un Bar de barriada, bautizado por sus desaparecidos dueños con el apellido del científico.

Cada año, el 3 de diciembre, en el parque se reúnen los trabajadores de la salud para conmemorar, con el nacimiento de Finlay, el Día de la Medicina. Cada día, durante años, los bebedores de reunían en la barra de la esquina a celebrar cualquier acontecimiento propio de ser mojado con alcohol.

Surgió la iniciativa de aprovechar la especial concurrencia de estudiantes en el área, creando el llamado Café Salud, desplazando a los bebedores de cerveza y ron, sustituidos por estudiantes, necesitados de meriendas baratas, adicionándoles actividades promocionales sobre la prevención sanitaria, especialmente contra el SIDA. Patrocinaba la sección francesa de la organización Médicos del Mundo.

El aplauso fue generalizado. Con divisas incluidas, la antigua barra cambió de apariencia: nuevos refrigeradores, planchas calientes para los panes, música ambiente y hasta un Karaoke con jóvenes especialistas interactuando con los clientes sobre temas sanitarios. Precios relativamente bajos para las comidas estudiantiles completaban la oferta.

Café Salud parecía rendir el merecido homenaje que siempre hubiera deseado el médico cuyos descubrimientos permitieron erradicar la Fiebre Amarilla, dejando como legado la eliminación de peligrosos vectores biológicos si se trata de anular epidemias. Finlay apostó siempre por la medicina preventiva, sin embargo, asunto recurrente en la vida económica cubana, faltó la previsión.

Monumento a Carlos J. Finlay
Monumento a Carlos J. Finlay

Tratándose de mi barrio, nunca fui ajeno a los sucesos. El antiguo bar, convertido en “Café Salud”, ocupaba la esquina del primer piso de un edificio de apartamentos. El  techo de la instalación mostraba serias filtraciones mucho antes de la solidaria decisión de Médicins du Monde.

El asunto fue advertido por los vecinos, entre ellos el Delegado del Poder Popular de la circunscripción correspondiente. Las empresas estatales implicadas en el proyecto hicieron poco caso, con los ojos bien abiertos ante la generosa oferta de moneda dura. Inauguraron el flamante Café con el logotipo de la prestigiosa organización no gubernamental de origen francés.

Pasados los meses las aguas albañales del piso superior, persistentes, hicieron su trabajo destructor, determinando el fin de un loable proyecto, uno de esos muchos planes intentados a lo largo de este último medio siglo en Cuba.

De la antigua instalación queda un remedo, ni barra flamante para bebedores, ni cafetería saludable destinada a los cientos de estudiantes que habitan diariamente la esquina de Belascoaín y Estrella. Finalmente las filtraciones parecen estar controladas, pero los planes deshechos quedaron olvidados.

A medio camino entre la historia antigua y los designios modernos, al mediodía ofrecen comida barata a personas cuyos bajos ingresos la necesitan. El resto del día volvió a ser campo de los bebedores de ron y cerveza, sin las facilidades en los servicios o las ofertas propias de los años iniciales del Bar Finlay.

Los problemas constructivos y otras amenazas ocultas no determinaron cerrar el Café Salud, aunque se retiraron definitivamente los equipos donados por los Médicos del Mundo.

Tanto en Cuba como en otras partes de América, cito especialmente el Canal de Panamá, se honra la extraordinaria contribución del Dr. Carlos Juan Finlay a la medicina.

Vicente Morín Aguado: morfamily@correodecuba.cu

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