Discriminación política en las universidades: rasgos de continuidad

Por José Raúl Gallego Ramos  (El Toque)

La Universidad de La Habana. Foto: Carlos Alberto Pérez

HAVANA TIMES – En un texto de poco más de 500 palabras publicado en la página oficial del Ministerio de Educación Superior de Cuba, la viceministra primera de esa institución, Martha Mesa Valenciano, ha retratado, sin ambages ni pudor, la discriminación por motivos políticos que caracteriza el sistema universitario cubano.

A partir de una referencia indirecta al caso de la profesora Omara Ruiz Urquiola, quien denunció maniobras para dejarla sin empleo en el Instituto Superior de Diseño (ISDi), se pregunta la viceministra:

“¿Se podría ser un profesor en Cuba lejano a las políticas del país?

“¿Se podría ser un profesor que no defienda a ultranza cada paso que se da en la Revolución?

“¿Será que la crítica ácida que se realiza a cada instante es considerada autonomía universitaria?

“¿Será que la manera de abordar la crítica haciendo llamado a los derechos humanos es el camino desde nuestra academia?”

Encabalgándose en un discurso de Fidel Castro de 1981 —es importante no olvidar de dónde proviene esta ideología—, Mesa concluye en su alegato: “El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario”.

La viceministra sabe de lo que habla. No solo tiene “la teoría” fundada en torno al axioma de que “la universidad es para los revolucionarios”. También tiene la práctica.

Como rectora de la Universidad de Oriente, Mesa Valenciano estuvo involucrada en 2016 en la expulsión del profesor y Doctor en Ciencias Jurídicas, René Fidel González García, acusado de mercenario y agente del enemigo por publicar en medios digitales, abiertamente de izquierda, como La Joven Cuba, Rebelión y Sin Permiso.

Por esta razón, la actual viceministra primera tiene formulada una denuncia por “presuntos delitos contra la libre emisión del pensamiento, abuso de autoridad y falsificación de documentos públicos” aunque la Fiscalía no ha ejecutado ninguna acción procesal sobre este caso aún.

El texto de Mesa, aunque indignante, no aporta nada nuevo al discurso institucional que por décadas han sostenido rectores, decanos, cuadros del Partido, agentes de la Seguridad del Estado y profesores “revolucionarios” para purgar de los centros universitarios a estudiantes y docentes por motivos ideológicos. Una política coercitiva que, a base de aplicación y víctimas, se ha ido cincelando de tal manera en la conciencia colectiva, que esta declaración de la viceministra no ha generado ninguna reacción (pública) entre los profesores que aún ejercen en las instituciones universitarias cubanas.

Los planteamientos de la funcionaria —dichos desde una posición de poder y respaldados por la institución— violan la libertad de pensamiento, conciencia y expresión reconocida en el artículo 54 de la Constitución cubana. Violan también el artículo 42, que consagra a todas las personas “iguales ante la ley” y las protege de discriminaciones por cualquier “condición o circunstancia personal que implique distinción lesiva a la dignidad humana”. Al exigir que los profesores escojan entre ser activistas gubernamentales, o renunciar, Mesa Valenciano está discriminando por razones políticas.

Convertida su palabra en política institucional, el Estado cubano pasa por encima de la definición de libertad académica reconocida en 1997 por los países miembros de la UNESCO, organismo del cual Cuba forma parte, y de los artículos 18 y 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que el país firmó, aunque no ha ratificado.

Sin olvidar, por supuesto, que tales declaraciones laceran siglos de tradición universitaria cubana, en los que generaciones de pedagogos y estudiantes apostaron y defendieron la pluralidad de pensamiento, la autonomía y la conciencia crítica.

Pero nada de esto es nuevo. Esa es la universidad cubana y así ha sido desde que en julio de 1960 el Comandante Rolando Cubela, al mando de las milicias universitarias, tomó la Colina, estableció una Junta Superior de Gobierno que depuró el 80% del profesorado de esa alta casa de estudios y liquidó de facto la autonomía universitaria. Esta es la misma universidad que ha alcanzado logros indiscutibles en materia de formación académica y universalización, pero que arrastra esa sombra de segregación ideológica que tanto la demerita.

Muchas personas han visto en las palabras de Mesa el inicio de “una nueva parametración”, el regreso de tiempos oscuros, pero en realidad, el texto es una muestra más de lo que ha venido anunciando el presidente Díaz-Canel desde que asumió el puesto que le concedieron: son continuidad. Continuidad de una política que no ha tenido intermitencias en la enseñanza superior cubana y que, aplicada con más o menos ahínco, más generalizada o focalizada, siempre ha estado ahí. Continuidad del tipo de personas que ascienden en Cuba.

Esta compañera, que al inicio de su escrito cuestiona la crítica desde el enfoque de “los derechos humanos” y de quien no aparecen en internet publicaciones científicas, no solo podría ser la futura Ministra de Educación Superior; sino que también es miembro del Consejo de Estado. El ascenso de este tipo de personas dentro del actual gobierno y su empoderamiento público, creo que son elementos a tomar en cuenta por quienes esperan que, llegado el momento, el presidente Díaz-Canel dé un giro democrático en sus políticas.

El texto de Mesa, así como los ataques del periódico Granma a humoristas y cuentapropistas y el aumento de las detenciones y presiones a periodistas, activistas y ciudadanos en general son una muestra de la escalada reaccionaria que hoy se vive en el país y que pareciera estar apenas empezando.

No obstante, la publicación de este texto no es del todo negativa. Tiene el valor de la evidencia, pues deja constancia de estas posturas como política de Estado, lo cual es sumamente importante. No solo para los cubanos, sino también para esa parte de la comunidad internacional universitaria que aún desconoce (o no quiere conocer) la existencia en Cuba de estas discriminaciones ideológicas que para muchos de ellos serían inadmisibles.

Esa comunidad internacional que cuando se reúne con los dirigentes cubanos escucha discursos conciliadores y “políticamente correctos” (fuera de casa, por supuesto) como el que pronunció la propia Mesa Valenciano, hace solo unos meses, en el XIV Encuentro de Universidades Españolas y Cubanas. Ese día, junto a sus colegas europeos, la viceministra no habló de renuncias, ni de Partido, ni adscripciones ideológicas, sino de diversidad, equidad, cultivo del saber, compromiso social, amor al rigor y a la superación.

 



Un comentario sobre “Discriminación política en las universidades: rasgos de continuidad

  • Si a lo mejor eres profesor de química…para nada tienes que abordar temas políticos…si tienes un plan de enseñanza…de igual manera, llegar a extremos es malo, pensar diferente es una fuerza motora y no sólo en el plano político, lo que no se deben mesclar las cosas.

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