Cuba vista por turistas

Yusimí Rodríguez

Foto: Don Morrison

HAVANA TIMES, 10 sep. — Una de las soluciones que encontró el gobierno de Cuba para enfrentar el llamado Período Especial, a principios de los años noventa, fue la apertura al turismo.  Aquello ocurrió durante la etapa de mi adolescencia.  Hasta ese momento, no había conocido ni a un ruso, y no fue hasta 1994 que conocí a alguien de otro país: una estudiante irlandesa de mi edad, 17 años, que visitó mi escuela por un par de horas con su profesor y otros compañeros de clases.

Unos meses más tarde, un compatriota suyo,  Declan, me visitó para traerme un regalo de su parte.  El era un asiduo visitante de mi país; cuando venía le gustaba permanecer largas temporadas aquí, andar en bicicleta, hacer amistades, conversar, conocer todo sobre la Isla.   “Me encanta.   Quisiera vivir aquí como cubano.” decía.

Christian Fuster. Photo: Yusimí Rodríguez

Con el tiempo he conocido a muchos turistas y siempre me pregunto cómo verá el mundo alguien para quien sacar un ticket de ida y vuelta a cualquier parte del planeta es algo normal.  Sus vidas en esos países que me parecen de ficción despiertan mi curiosidad.  Pero sobre todo pienso en cómo nos ven, qué distancia separa el país que visitan del país en que vivo.   Para algunos parece convertirse en un destino habitual, al que tienen reservada una parte del año.  Otros deciden no venir más.

Después de casi quince años sin verlo, volví a encontrar a Declan en la 5ta Avenida de Miramar.

Declan (irlandés de más de cincuenta años): Pasé tiempo sin venir, porque cambié de profesión y tuve que estudiar mucho.  Era ingeniero y ahora soy psicoanalista.  También he viajado a otros países, pero tenía muchos deseos de regresar aquí.

Salon del Restaurant Particular "La Guarida", locación del filme Fresa y Chocolate. Uno de los lugares favoritos de Hans Meier durante su estancia en Cuba. Foto: Yusimí Rodríguez

Christian Fuster (suizo de 36 años): Viajé a Cuba por primera vez a finales del 2007.  Tenía un novio allí en aquel momento.  Luego regresé dos veces a lo largo del 2008.  Cuando volví, en el 2011, nuestra relación había terminado, pero fui de vacaciones.  En total pasé en Cuba cuatro meses.   Antes de venir, había  escuchado que Cuba era un país muy pobre y cerrado, algo que no resultaba sencillo para los turistas.   Había esperado encontrar una mala infraestructura, pero ese no fue el caso.  La gente era muy abierta y agradable, al menos durante mis tres primeras visitas.   

Daniel Brasi (también suizo, de 34 años): Trabajo en una aerolínea y debía viajar a Cuba con regularidad.  La primera vez fue en el 2003 y permanecí durante una semana, a veces viajaba solo por dos días.  De Cuba sabía que era un maravilloso país con bellos paisajes, carros y edificios antiguos, con una historia y cultura interesantes.  Además, que contaba con buen nivel educacional y atención  médica de muy alta calidad.   Se convirtió en mi destino favorito, porque me gusta la actitud amistosa y bondadosa de su encantadora población.

Foto: Don Morrison

Hans Meier (otro suizo, de 65 años): Viajé a Cuba por primera vez en 1998.  El tiempo que permanecí en la Isla durante mis visitas suma cinco semanas.  Mi intención era conocer un país que había preservado su cultura y entusiasmo por la vida, a pesar de ser pobre y enfrentar serios problemas económicos, pero no leí mucho sobre la Isla antes de visitarla.  Quería experimentar todo por mí mismo.   Me gustó la vitalidad del pueblo, su inventiva y optimismo, y también la forma en que el gobierno intenta preservar los monumentos culturales.

Tanto él como Daniel estuvieron en hoteles de  Cuatro o Cinco Estrellas, durante sus estancias en el país.  Para Daniel: “El personal del hotel y de la recepción solía ser muy amigable.  La infraestructura estaba un poco pasada de moda, pero era agradable y encantadora.  Las actividades nocturnas, con música y baile, eran muy animadas.”

Hans Meier considera que el servicio en los hoteles fue correcto y los precios más o menos como los de otro país del Sur.  “Pero como los turistas pueden costearlos, están bien.”

Daniel encontró los precios en lugares como Varadero, extremadamente caros.

Christian, por su parte, pernoctó en hoteles durante su primera visita y no le parecieron buenos.  La eficiencia no era la adecuada para los precios.  En su última visita, en mayo del 2011, le sorprendió la mejoría.  Sin embargo, se ha quedado casi siempre en casas particulares.

Plaza de Armas, uno de los lugares favoritos de Christian. Foto: Yusimí Rodríguez

Christian: Las primeras veces el servicio en las casas particulares fue súper, a pesar de que en ocasiones había apagón  o faltaba el agua.   Este año fue peor.  Muchas cosas no funcionaban.  Una vez no hubo café para el desayuno, según la señora de la casa no había dónde comprar.   En otra casa particular querían que compartiera el baño con una huésped.   Estas cosas sucedieron durante toda mi estancia.   

La parte cubana no cumplía con lo convenido, pero el precio por la habitación con desayuno incluido seguía siendo el mismo.   Los hoteles siempre ofrecen más ventajas; las casas y restaurantes particulares resultan relativamente caras en comparación.  Por ejemplo: Una vez fuimos tres suizos y dos cubanos a comer en una “paladar” (restaurante privado); uno de los cubanos había reservado.  La comida era mediocre, pero el precio de la langosta era el doble que en cualquier otro lugar.  La calidad, además, no era buena y había que pagar demasiado por cualquier producto.  Era una explotación.

Aunque los tres coinciden en que cubanas y cubanos son personas amistosas, serviciales, inteligentes y alegres, no les pasa por alto el hecho de que son muchos los que piden dinero o regalos.  Daniel puede entender que lo hagan debido a la pobreza, pero no deja de resultar molesto.

Foto: Don Morrison

Hans Meier: La mayoría eran amistosos y amables.  Me dieron consejos muy útiles sobre buenos lugares a donde ir a comer.  Pero a veces se me acercaban muchachos a ofrecerme sexo por dinero.

Christian: En mis tres primeros viajes a Cuba, la mayoría de las personas eran muy agradables y solícitas.  Estaban muy interesados en saber cómo era la vida en otros países.  La última vez, todo era cuestión de dinero.  Si dabas dinero, eran amistosos contigo.  Había además muchos mendigos.  Una vez di una moneda a uno de ellos.  Me preguntó si no había más.  Los cubanos siempre esperan que sea el extranjero quien pague.  Creo que antes era el Estado quién suministraba a las personas lo que necesitaban y ahora deben hacerlo los turistas.

Con ellos coincide Víctor, un español estudiante de cine, que visitó Cuba solo por primera vez este año.  Había venido con sus padres cuando era un adolescente.

Víctor: Mucha gente te ayuda desinteresadamente, pero otros lo hacen porque esperan dinero  o algún regalo.

Sin embargo, le encantó el país, el paisaje y la gente, a pesar de todo.

Víctor: Aquí hay un calor humano que no encuentras en Europa.  Las personas son más alegres.  Pienso venir otra vez.

Malecón Habanero. Uno de los lugares favoritos de Christian, Hans Meier y muchos cubanos. Foto: Yusimí Rodríguez

Daniel también espera regresar, pero no sabe cuándo.

Cuando les pregunté por alguna experiencia especialmente agradable o desagradable, fue Hans Meier, este suizo de 65 años, quien me contó la más impactante.

Hans: Conocí a un estudiante cubano durante mi primer viaje.  Se enamoró de mí y pidió que los mantuviera a él y a su madre.  Cada mes le enviaba cerca de 200 dólares.  Después me visitó dos veces en Suiza.   En la segunda ocasión, dijo que se quedaría definitivamente. 

Traté de encontrar una solución, pero luego de tres meses tuve que aceptar que no era posible.  Lo llevé al aeropuerto para que regresara a La Habana.  Cinco horas más tarde recibí una llamada de Iberia Madrid, informándome que tenían un estudiante cubano sin boleto para viajar; nunca supe cómo obtuvieron mi número telefónico, tal vez por el hecho de que yo había gestionado el pasaje el joven a La Habana.

Pedí que lo pusieran en un avión para Cuba y me enviaran la cuenta por los gastos.  Más tarde mi hermano recibió una carta suya explicando que todo había sido un gran malentendido.  Un año después unos amigos lo encontraron en España.

Espectáculo callejero en la Plaza de Armas. Street performance in the Plaza de Armas. Foto: Yusimi Rodriguez

Por el momento, Hans Meier no piensa regresar a Cuba.

En una de las ocasiones que me reuní con Christian en el Café Francia, junto al Hotel Inglaterra, lo vi encender un tabaco y fumar con deleite.  Es uno de sus mayores placeres y me sentí orgullosa, con mi inevitable ración de tonto chovinismo, porque supuse que aquel tabaco era cubano, el mejor del mundo hasta donde sabía.  Acerté en la primera parte, se trataba de un tabaco cubano.

Christian: Pero no creo que sea el mejor del mundo.  He notado que hay diferencias de calidad en los tabacos cubanos.  Cuando compro un paquete de veinticinco piezas, siempre hay dos o tres que no tienen la calidad apropiada.  Puede ser que el tabaco no esté lo suficientemente tupido, o sea que tenga agujeros en la capa externa; o que las hojas de relleno no tengan la necesaria consistencia; o que el sabor sea desagradable.  Estas tres razones imposibilitan fumar el tabaco.

Foto: Don Morrison

En cuanto al precio, un tabaco ecuatoriano de 19 centímetros de largo, cuesta un dólar.  Un tabaco cubano, similar en tamaño, cuesta veinte dólares.  Cómo ves, no hay ninguna proporción en el precio, y encima existe el riesgo de comprar un tabaco cubano de mala calidad.  Eso hace que la desproporción en el costo sea mayor.  Para terminar, debo decir que prefiero los tabacos ecuatorianos; su sabor es excelente.  Para mí, fumar estos tabacos es un placer.   

Casi desde el principio de su viaje a Cuba en mayo de este año, Fuster estaba seguro de que sería el último, a pesar de encontrar el país hermoso, con sus paisajes y sus casas bellas y antiguas.  La Habana y Trinidad le parecen ciudades llenas de encanto.  Tuve la esperanza de que cambiara de idea con el paso de los días, pero las cosas no hicieron sino empeorar con las irregularidades en el servicio de las casas particulares, las personas que trataban constantemente de estafarlo.   Entiende la situación del país y le entristece.

Christian: Cuba vive, verdaderamente, los años más difíciles de su difícil historia.  Las reformas constituyen un desafío para las personas.  La privatización de las casas podría traer buenas soluciones para el futuro.  Pero a la vez tengo miedo del período posterior a la Revolución.  ¿Qué sucederá el día que no esté el gobierno? ¿Qué harán los cubanos que viven  en el extranjero?  Pienso que podría estallar una guerra civil.

Christian Fuster un la exposición Miss Pop, junto al artista Nonardo Perea, uno de sus amigos en Cuba. Foto: Yusimí Rodriguez

Al salir de Cuba, el 15 de junio, Christian me dijo que no regresaría.  Ha estado viviendo en Ecuador durante varios meses, para aprender español.  Días después de su partida me decía que extrañaba la Isla, que además de las personas desagradables, también había conocido gente muy agradable y hecho amigos.   De todas formas, no tenía motivos para regresar y aún le quedan varios países del continente por conocer.

Decidí conformarme con que nos mantuviésemos en contacto a través de los mensajes por correo electrónico.  Aunque a veces se demora en escribirme, siempre recibo algún mensaje suyo cuando menos lo espero.  Hace unos días escribió comunicándome que sus planes habían cambiado.  “Voy a regresar a Cuba.  Estaré allí del 8 y el 18 de septiembre.”

Es evidente que no viene por el ron ni el tabaco, ni las mujeres, casi siempre negras o mulatas, que aparecen en las revistas destinadas al turismo, como otro de los atractivos del país.  ¿Qué puede haberle hecho cambiar de idea, y regresar a Cuba, a pesar de las dificultades con el servicio en las casas particulares, los mendigos, los cubanos que esperan obtener algo de él a cambio de su amistad y los que intentan estafarlo?

 

5 thoughts on “Cuba vista por turistas

  • Yo fui a Cuba en Agosto para festejar 20 años de matrimonio, me ha gustado tanto que regreso para el mes de abril (2013) pero esta vez llevaré a mis hijos, para que vean que hay personas que pueden ser felices pese a no tener un móvil que cuesta 500 dólares.

    Un amigo mio ha perdido un hijo, un jóven de 19 años que se suicidó porque su padre no le compró una motocicleta que tenía un costo de 15 mil dólares.

    Ahora mi amigo lamenta el hecho y se culpa, pues tiene dinero para comprar muchas motos como esa.

    Mi ciudad (Guadalajara, Jalisco México) tiene el primer lugar nacional en suicidios.

    Voy a Cuba para que mis hijos aprendan a ser felices, como poco o nada, y que sepan que lo que verdaderamente vale está dentro de las personas. Por cierto me quedaré en una casa particular, ya que he sido muy feliz conviviendo con la familia.

  • Me encantó este artículo. Duele admitir que todo lo que dicen esos extranjeros es muy cierto

  • Gracias por tu artículo. Recuerdo en el verano de 1980 que mis padres me llevaron a Varadero y en el hotel que paramos había unos canadienses. En aquella época era raro encontrase con extranjeros que no fueran de los países socialistas, por lo que aquella gente me daban tremendo miedo. :-)

    Uno siente verguenza cuando escucha comentarios como los de tus entrevistados aunque en todos los confines del mundo hay pobreza y situaciones similares.

    Creo que la clave radica en que más gente se logre beneficiar del potencial turístico de Cuba. Mientras el estado siga siendo un monopolio en la actividad turística seguirá habiendo maltrato en los hoteles y restaurantes.

  • SALUDOS, YUSIMÍ, VOY CON RELACIÓN A TU PREGUNTA:
    ¿Qué puede haberle hecho cambiar de idea, y regresar a Cuba, a pesar de las dificultades con el servicio en las casas particulares, los mendigos, los cubanos que esperan obtener algo de él a cambio de su amistad y los que intentan estafarlo?

    -Supongo que la intención de encontrarse con más gente a la que apreció y lo apreciaron desinteresadamente lo hace regresar. Por eso y por el clima de nostalgia del que cualquiera se siente provisto luego del segundo día en la Isla. Por esa simple y sencilla razón uno vuelve a Cuba y a cualquier parte del mundo. Las jineteras, los jineteros, (esos mataperros que se visten de chulos y actúan peor que zorras porque jamás han metido mano en trabajo distinto al de proxenetas y abusan una vez sí y otra también de cuanta mujer pueden), esos pseudo empleados de hotel, esos vividores que alquilan las casas particulares, la runfla de meseros que bajo el argumento del bajo salario mal tratan al cliente y un etcétera larguísimo de basura que puede deambular por la Isla entera no logra menguar las ganas de volver para reencontrarse con la gente que vale, y que además sabe valorar, aun cuando cada vez sea menos y cada vez sea más difícil de hallar.

  • Todo el mundo que visita Cuba se lamenta de lo cara que se ha convertido y es verdad, a parte que desde que pones un pie fuera del avion ya en el mismo aereopurto no ven la hora de empezar a cobrarte y no hablemos de los taxistas del aereopuerto que no ven la hora de robarte, pero Cuba es Cuba lindisima y magica con esa atmosfera retro de los anos 50, otro lugar asi no lo ves en ningun otro pais por eso los turistas regresan siempre

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