Cuba necesita comida, pero ¿quién la va a producir?

La juventud, que no quiere estar en el campo

Mónica Cisneros  (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES — Cuando lleguen las vacaciones, Yaxelis sabrá de antemano lo que le espera: la misma poceta del río que conoce desde niña, alguna que otra “escapada” hasta Camagüey, quizás el viaje a La Habana que dos veranos atrás le prometiera su hermana…

Fuera de esos planes no tiene mucho más que contar. Al día siguiente de que termine el onceavo grado en la escuela pedagógica donde estudia, sus días comenzarán a desgranarse entre las labores hogareñas y los innumerables shows de talentos con que —DVD mediante— llena sus ratos de ocio. Solo de tarde en tarde Yaguanabo, la pequeña comunidad donde vive, se anima con alguna fiesta en el círculo social. Lo mismo puede decirse de los convites familiares: los jóvenes son cada vez más escasos en la zona, y a los viejos “nadie se ocupa de celebrarles cumpleaños”.

El “temor” de Yaxelis es que así sea hasta el final de su vida. “Después que me gradúe como maestra, ¿qué voy a hacer? Cogí esta carrera por no irme a trabajar al campo, pero no me imagino ‘fajada’ con un aula hasta que me jubile”, dice. Tampoco quisiera verse casada con menos de veinte años, como su madre, atendiendo a varios hijos bajo la zozobra de las calamidades económicas y los malos vicios del marido de turno. “Aquí no hay más nada que hacer, solo tomar, fajarse y parir”.

Un camino de tierra, franqueado por densos marabuzales, es la única vía de comunicación que une a Yaguanabo con el resto del mundo. Son cerca de diez kilómetros que llevan hasta la carretera, desde donde es posible viajar a la ciudad de Camagüey (a 30 kilómetros de distancia). Allí deben realizarse prácticamente todas las gestiones, pues a Jimaguayú, la cabecera del municipio, resulta casi imposible llegar.

“En mala hora nos pusieron allá”, se queja Odalys, una lugareña que cuando llegué de visita esperaba por algún transporte para llegar hasta la capital de la provincia, y desde ahí, trasladarse a Jimaguayú para varios trámites legales.

Odalys desde hace casi dos años intenta sin éxito conseguir un subsidio para reparar su vivienda. “Nada más en pasajes debo haberme gastado como mil pesos. Y lo mismo le pasa a todo el mundo aquí, ¡hasta para darle un aerosol a un niño hay que ir a Camagüey!”.

A Miguel Ángel un “susto” con su madre enferma de cáncer le demostró “que en el campo no hay nada que buscar”. Lo cuenta con un dejo de frustración, pues en la finca que había heredado de su abuelo tenían un pozo “tremendo, que no se achicaba ni en la seca más grande, y un buen pie de cría cebú”. Todo eso lo vendió a precio de saldo, al primer comunitario que se le puso por delante. “Entre los robos, la falta de créditos y los problemas del transporte, no tenía sentido que me machucara yo y mi familia”.

En su natal Ciego de Najasa, “cuando caía la noche uno se quedaba incomunicado, sin teléfonos ni cobertura de celular siquiera. Nada de eso me importó mucho hasta el día en que mi madre se puso mala después de unos sueros (citostáticos). Lo que viví aquella vez no lo quería para mis hijos”.

Los caminos que no conducen al campo

Desde 1982, la población rural en Cuba ha experimentado un sostenido decrecimiento. Hace 35 años los habitantes asentados fuera de las zonas urbanas representaban el 30,03 % de los nacionales; para 2015 esa proporción había bajado tanto desde el punto de vista porcentual (23,11 %) como en términos absolutos, registrando una “pérdida” de casi 385 mil personas (de 2 981 450 a 2 597 244). Aunque los últimos resúmenes anuales de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) plantean una estabilización relativa de los registros, lo cierto es que el proceso ha ido acompañado con un envejecimiento absoluto de la población, y por consiguiente, de la fuerza de trabajo disponible.

Un hecho incontrastable lo corrobora: de los 370 mil miembros de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, solo 52 mil (el 14,05 %) tienen menos de 35 años de edad. A nivel absoluto, los datos de la ONEI apuntan a que la franja etaria ubicada entre los 15 y 39 años de edad ha sido la que ha asumido la mayor parte del decrecimiento, con casi 340 mil censados menos (del 42,08 % de los pobladores rurales en 1982 al 35,16 % en 2012). Hacia 2012 unos 911 mil cubanos comprendidos entre esas edades vivían fuera de las zonas urbanas (cerca del 8 % de la población total de la Isla).

Nuevas formas de incorporación a la actividad agrícola, como la Resolución 449 del Ministerio de la Agricultura (que favorece la entrega de tierras a desmovilizados del Servicio Militar), hasta ahora solo han conseguido resultados discretos (unos quinientos muchachos se sumaron por esa vía a la producción agropecuaria).

“No es que el campo se esté quedando sin población, sino que esta se está envejeciendo y se tiende a concentrar en los poblados más grandes o al lado de las carreteras”, considera Yaquelín Urquiza, integrante del programa de Trabajadores Sociales en el municipio de Jimaguayú. Incluso en ese territorio, el menos urbanizado de Cuba si se excluyen algunos de la provincia de Guantánamo, el fenómeno es tangible y con una tendencia ascendente. “En muchas comunidades hemos pasado de gestionar el mantenimiento de escuelas o el transporte de embarazadas a los turnos médicos, a atender el traslado de ancianos para los asilos o la habilitación de comedores del SAF (Sistema de Atención a la Familia). En los últimos cuatro años aquí tuvimos que cerrar tres escuelitas rurales por falta de matrícula y algunas comunidades se han quedado con cuatro o cinco familias, o hasta menos”.

Ya en 2006, en su tesis doctoral, el profesor Arnoldo Oliveros Blet, del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, alertaba que el país estaba ante un proceso de “movimientos en la dirección de la población rural dispersa a rural concentrada”. A esa realidad se sumaba la “disminución considerable (a casi la mitad) de los nacimientos en zonas rurales (…) de casi 9 hijos por cada 100 mujeres en 1990 a un valor de apenas 4,3 por 100 (en el año del estudio)”. La consecuencia más directa de ambos fenómenos era la caída de la población económicamente activa orientada a las labores agropecuarias y el desarrollo de un flujo migratorio que las ciudades y poblados en la mayoría de los casos no se encontraban preparados para asimilar.

Sentado en el portal de su casa en el reparto La Yaba, al sur de la ciudad de Camagüey, Yaquelín pone el asunto en términos de ganar o perder. “Por esta casa yo pagué cinco mil dólares y después me gasté otros dos mil en ponerla a mi gusto; ese dinero lo saqué de la venta de mi finca, pero incluso si lo hubiera tenido, no me hubiera alcanzado para hacer allá todo lo que necesitaba. Ahora estoy más tranquilo. No es lo perfecto, pero en el pueblo las cosas siempre son más fáciles, digan lo que digan”.


12 thoughts on “Cuba necesita comida, pero ¿quién la va a producir?

  • el 26 junio, 2017 a las 10:28 am
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    “Meresbala” siempre das en la diana de los asuntos.

  • el 25 junio, 2017 a las 9:34 pm
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    meresbala, te solicito me autorizes a copiar tu comentario, para pegarlo en uno de los analisis que en OnCuba hace el Doctor en Ciencias Agricolas, Economicas, Financieras, Master, Licenciado y no se cuantas cosas mas, Juan Triana Cordovi, aunque me gustaria que fueras tu el que se lo escribieras en tiempo real.

  • el 25 junio, 2017 a las 3:39 pm
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    Buen artículo, gracias a la autora. Conozco varios pueblos intrincados del municipio de Matahambre en Pinar del Río. En 20 años he sido testigo de cómo las lomas se han ido llenando de Marabú, generado por una combinación de factores que van desde cambios climáticos (más calor y sequía) y el abandono de los campos por los campesinos. Los jóvenes, sobre todo, prefieren marcharse.
    Estos tienden a asentarse en los pueblos de cabecera y van a atender el ranchito de vez en cuando. Como resultado el precio de los productos agrícolas es similar al que tienen en cualquier puesto de viandas en la ciudad La Habana. Y en las cafeterías estatales en vez de jugos naturales te encuentras refresco en polvo, yogur de soya, cigarro, tabaco y aguardiente.
    Sin embago, últimamente se habían estado tomando algunas medidas para favorecer el retorno de las familias al campo, como llevar electricidad a las comunidades más apartadas.

  • el 25 junio, 2017 a las 1:43 pm
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    Yo recuerdo que el éxodo rural hacia las poblaciones comenzó en los meros principios de la cagástrofe. Traían a los guajiros para las concentraciones multitudinarias en las ciudades y muchos de ellos, jóvenes y solteros, ya no se regresaban al campo más, porque también hay que comprender que el trabajo agrícola como proyecto de vida es extremadamente duro sobre todo cuando no existen medio de mecanización que lo hagan menos fatigoso y más rentable (hoy la mayoría de los campesinos que aún trabajan la tierra sigue arando con bueyes igual que hace 60 años: otro logro de la revolución).
    Otra explicación de la situación (método de dominio que se ve en la Venezuela actual también) es el hambre cuidadosamente controlada de la población que les ha dado muy buen resultado por décadas y esto se ha conseguido poniendo constantes trabas a la producción y distribución agrícola (cosa difícil siendo Cuba un país tan fértil, pero lo han logrado) porque, como dice Hayek: En un país donde el único patrono es el Estado, la oposición significa la muerte por consunción lenta y el viejo principio “el que no trabaja no come” es reemplazado por uno nuevo “el que no obedece no come”.

  • el 25 junio, 2017 a las 4:18 am
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    Por DIOS!!!!, nunca nadie habia resumido de forma tan magistral lo que ocurre en mi islita!!!!, llegue a Ud. mis respetos…

  • el 25 junio, 2017 a las 12:00 am
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    Solución: Pagar bien, el gobierno compra en divisas y a precios internacionales casi 3 mil millones en comida cada año, pollo, café, granos, etc. Que le pague esos precios a los campesinos cubanos, eso es todo, el campo se repoblará por si solo.

  • el 24 junio, 2017 a las 10:17 am
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    Excelente fotografia de la Cuba profunda, donde el estado totalitario esta ausente. Ese mismo escenario se repite en todo el pais de oriente a occidente. Un abandono total del sector rural. Y lo mas jodido es que ni comen ni dejan comer. Si algun guajiro recibe financiamiento de algun familiar no tiene donde comprar un tractor, una camioneta, un sistema de riego, fertilizante. No le dan permiso para construir un rancho decente y si logra construirlo, no le garantizan servicios basicos como agua potable, electricidad, un camino para sacar las cosechas. Por eso indigna que Bruno Rodriguez con su cara dura y cada vez mas gorda, mienta descaradamente en la ONU diciendo que el pueblo cubano voluntariamente quiere y defiende el sistema castrista que han impuesto a punta de bayonetas.

  • el 24 junio, 2017 a las 4:43 am
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    Las escuelas en el campo destruyó el trabajo jornalero en el campo. No existe nada mas destructivo que el trabajar gratuitamente para cualquier labor; por ejemplo: los trabajos voluntarios de limpieza de cuadra, nunca dejará que se desarrolle la profesión de jardinero en Cuba.

  • el 23 junio, 2017 a las 3:10 pm
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    Ni la Conceptualización ni los Lineamientos, ni el Plan de desarrollo hasta el 2030, hablan nada de estos problemas que plantea la autora. Sin el presente no hay futuro.

  • el 23 junio, 2017 a las 3:07 pm
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    Muy buen post. Felicidades a la autora.Es el análisis de un política pública ausente o francamente precaria.
    No hay fuerza de trabajo por que no hay estímulos para producir, no hay estímulos para producir, porque son más los obstáculos que las ganancias, no hay transporte ni comunicaciones adecuadas y las personas huyen.El estado se desentiende del asunto y los pueblos de campo desaparecen con el tiempo.
    Efectivamente no sé cómo se pretende llegar a la seguridad alimentaria con semejantes políticas.

  • el 23 junio, 2017 a las 11:34 am
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    La ignorancia los corroe, y los va a llevar al aniquilamiento. Los países que entiendan la dinámica de desarrollo a partir del campo tomarán la manija de esta vaina y dejarán ver aún más rezagados a los ya de por sí tercermundistas. Una paupérrima realidad.

  • el 23 junio, 2017 a las 8:38 am
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    si tan solo al campesino lo dejaran hacer lo que mejor sabe hacer y disfruta, pero NO. Siempre hay un “fulano confiable” que como requisitio indispensable no sabe absolutamente nada de la labor que ejerce que es quien toma las decisiones, define, controla y entorpece para beneplacito de otros que tampoco entienden por que no hay comida. Por cada campesino que dobla el lomo en el surco hay 60 burocratas que van desde vigilar al campesino hasta un gordo dirigente que pone cifras en los papeles para que salgan en el noticiero. Cuando no es la semilla es el petroleo o los planes, lineamientos, compromisos, vigilancia, ilegalidades, el camion de acopio que no fue a recoger la cosecha porque fue reasignado a llevar personal a una marcha pero la culpa es mejor achacarla al intermediario o el placero o el carretillero, en fin, que en Cuba para sembrar calabaza y que llegue a la mesa del pueblo hacen falta institusiones como las CTC, FMC, MTT, PCC, UJC, ANAP, PNR, MININT, reuniones, lineamientos, compromisos, planes, forums, noticieros, mesas redondas, marchas, CRD, contraloria etc etc… y al final, donde esta la calabaza..???? bueno, es que Cuba es un pais BLOQUEADO..!!!!

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