Cuba: Las ventajas del Alzheimer

Por Verónica Vega  (Fotos: Luis Eligio D Omni del documental en Post-Producción HABLAME)

HAVANA TIMES — Pasa la mano encallecida y venosa por el bulto de jabitas de nailon. Con dedos trémulos separa una, la pone en la mano del cliente. Cierra los dedos sobre la moneda de a peso. La guarda, pierde otra vez la mirada en el suelo, o en el vacío.

Unos metros más allá, otro anciano ha alineado cinco mangos en la acera, a la entrada de una tienda. Tiene el rostro y las manos surcadas de líneas oscuras y ásperas. En su rostro endurecido, en sus ojos, atisbo el estigma silencioso del alcohol.

A sólo unos metros, una anciana colocó en su regazo un paquete de café. ¿Será el suyo, el de la cuota?- pienso. Pero sus ojos se pierden tras la opacidad de la ausencia.

No puedo dejar de preguntarme qué historias esconden esas líneas, o ese velo que se cierra en sí mismo, cómo eran, cuando ávidas y brillosas, las pupilas contemplaban un mundo que parecía latir con una promesa salvaje de dicha y de éxito.

Me acuerdo del tío de una pareja que tuve, que murió en un cuartucho hediondo, atrapado en un cáncer de próstata. Su hermana me contaba que había sido rico, (antes del 59), y había dilapidado su futuro apostando a las mujeres y al juego. Y yo pensaba en que al verse frente a aquel derrumbe externo e interno, debía sentirse estafado por la vida.

Pero, ¿y los que acumularon décadas de trabajo paciente, en oficios grises y anónimos,  sumando amaneceres estresantes, guaguas llenas, estómagos que resistían el largo ayuno con el sempiterno sorbo de café? ¿Los que sólo apostaron a su esfuerzo, y a su fe en el hombre?

Al botar la basura, he visto a un anciano pasar cerca del latón, mirar con ojos codiciosos el montículo sórdido (y promisorio). Por pudor esperó a que yo me fuera. Desde entonces, (y porque echo a la basura el excremento de mis gatos), hago nudos a la bolsa temiendo que alguna mano venosa se embarre en la falsa ilusión de encontrar algo valioso entre mis desperdicios.

Cuando me alarmo por lo escandaloso de los precios, me acuerdo de una frase de mi madre: “Estamos comiendo dinero”, y aunque es menos que una metáfora porque la comida ha valido siempre, capto el sentido exacto de su expresión y el tono grave en que lo dice, también con la mirada perdida.

Sí, estamos comiendo dinero porque casi todo lo que se obtiene no tiene más destino que el alimento. ¿Cómo justificar entonces la acumulación de sabores prohibidos, la eterna sensación de insuficiencia?

Y cómo será para aquellos ancianos que no tienen un hijo en el norte (que los evoque con la puntualidad de una remesa), o uno aquí mismo, con el pellejo lo suficientemente curtido como para imponerse a estos durísimos tiempos, pero con un resquicio de blandura para no olvidarse de su pobre madre o padre.

Me han hecho historias terribles de los hogares de ancianos, los cuerpos famélicos, eternamente pendientes de la comida escasa, de los vasos de infusión de hierbas silvestres que reemplazan a la leche. El trato despiadado, más con los que ya ni siquiera pueden controlar sus pestilencias.

Sólo aquellos que, siendo únicos propietarios han podido legar su casa al estado, tienen el privilegio de ir a parar a un lugar agradable donde esperar la muerte.

También muchos que aún viven con sus familias, son el vertedero de su propia frustración y la ajena: la cólera de los hijos, el menosprecio de los nietos. El arrinconamiento, la trasgresión de su espacio y hasta de sus recuerdos. En los confinados por invalidez o demencia, la usurpación incluso de ínfimos tesoros, objetos de valor, pensiones “simbólicas”…

Cuando veo esos cuerpos con todas las trazas del tiempo y su demolición, me pregunto si hubo algo en el pasado (un hueco en la voluntad, falta de visión objetiva, ¿ingenuidad por la que también nos tocará pagar? ¿Cobardía? ¿No buscar más adentro, el ser que está por encima del tiempo, del cuerpo y de esta fermentación múltiple que llamamos ciudades y pretendemos legar al futuro?), algo que se pudo cambiar y no se hizo, por elección.

Me pregunto cuándo empezó esa diagonal que se corre más y más peligrosamente hacia la vertical, a la caída libre.

Y cuando escucho frases repetidas, respuestas que no encajan con mis preguntas, cuando veo que la opacidad de la mirada los está llevando lejos, al país del Alzheimer, me doy cuenta de que es el lugar que prefieren, donde se puede ignorar casi hasta el descanso, casi hasta el placer.

Donde se puede dejar de esperar. Donde es posible olvidar hasta el punto que ya ni siquiera importan las repulsas ajenas por la inevitable impudicia, la fealdad, o las pestilencias.

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6 thoughts on “Cuba: Las ventajas del Alzheimer

  • el 20 mayo, 2013 a las 8:25 am
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    Vero:
    Genial! Lamentable que esa sea la realidad de muchos ancianos en Cuba, con una pensión ridícula en medio de tanta carestía.

  • el 20 mayo, 2013 a las 6:36 am
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    Es un post verdadero y triste. Tras cada una de esas caras se esconde la historia de Cuba. Nuestros ancianos son el reflejo del pasado y los ninnos el reflejo de su presente. Creo que sus decepciones solo encontraran descanso con la muerte, por resignacion o ley inevitable de vida.

  • el 19 mayo, 2013 a las 4:05 pm
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    Muy bueno tu artículo, Verónica. Lo terrible es que no se reconoce oficialmente el estado de abandono en que están los ancianos. El canciller, en su informe a la Comisión de los derechos humanos dijo que los ancianos tienen una atención esmerada, nadie esté desamparado. Tus fotos y tu artículo reflejan la verdad de una parte de la población “olvidada”.
    Un abrazo.

  • el 19 mayo, 2013 a las 8:04 am
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    Estimada Verónica Vega:

    Usted ha escrito cosas muy importantes y muy verdaderas, sobre un tema del que casi no se habla, sobre personas de las que casi no se habla. Un artículo que esperemos contribuya a hacer pensar al pueblo, y quizá al gobierno, sobre el drama cotidiano de personas que sufren un desamparo total provocado por la falta de valores a todos los niveles de la sociedad.

    Me permito solo pedirle de no mezclar las palabras “alzhéimer” y “ventajas”, porque en esa tristísima enfermedad no hay absolutamente nada positivo ni para el enfermo ni para los familiares que con tanto amor y sacrificio se ocupan de ellos. Le pido de no mezclar tales palabras ni como ejercicio de ironía ni como licencia periodística. Cuando uno de sus seres queridos padezca la enfermedad del Alzhéimer quizá entienda mejor por qué se lo pido.

    Gracias.
    Nathaniel.

  • el 18 mayo, 2013 a las 8:58 pm
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    Este es un tema gravisimo en Cuba, con el agravado envejecimiento poblacional y las pocas condiciones y experiencia que tienen en Geriatria. Y no hay culeros, ni pannales, ni medicinas ni nadie que se responsibilize y ofrezca ayuda. Y ya se han dado casos horribles, que rondan lo incroeible de lo crueles, en cuanto a maltratos a adultos mayores. Es verdad que asi es mejor tener Alzheimer. Excelente articulo. Pobre del pais que no cuida a sus mayores.

  • el 18 mayo, 2013 a las 8:50 am
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    precioso articulo, Veronica. Y es un tema que seguira creciendo en la misma medida en que nuestra sociedad envejece sin remplazos, puyes nacen pocos niños, y estos, cuando crecen, se van

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